Chango Spasiuk PDF Imprimir E-mail
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Sábado 4 de agosto - Cine Teatro Belgrano

Formación:
Chango Spasiuk: Acordeón
Sebastián Villaba: Guitarra y voz
Hernán Prado: Bajo
Chacho Ruiz Guiñazú: Percusión

Grupo Invitado:
Negro + Negro

Formación:
Cacho Villalba: Guitarra y Voz
Ricardo Gigena: Guitarra, acordeón y voz.

Conferencia:
“La música argentina hoy” - Posterior debate y respuesta a las pregunstas de los asistentes.

Comentarios en torno al evento
Diario Castellanos  – Lunes 6 de Agosto – 2ª Sección

“SPASIUK Y EL MEJOR CHAMAMÉ”

El músico misionero brindó un concierto de chamamé el sábado por la noche.  El cine teatro Belgrano proporcionó el escenario para un esapectáculo de excelente calidad, en el marco del Ciclo de Música Popular II.

“CHAMAMÉ CRUDO, BELLO Y APASIONADO“

Por Eduardo Norris - Especial para Rafaela.com

Cuando uno ve a unos metros de distancia a un artista cuya trayectoria viene siguiendo a través de sus grabaciones, se puede comprender el por qué de su prestigio, de su talento y, sobre todo, de que es un ser humano tan normal como cualquiera. Ese es el caso del Chango Spasiuk, un misionero de 32 años que vino a dejar su pequeña gran huella en el corazón de todos.
Spasiuk, con toda la sencillez de un hombre de provincia ("No venimos a interpretar a gente fashion", dijo en el concierto, "sino que vamos a interpretar a los agricultores de nuestro país que no vemos por televisión, o que no almuerzan con Mirtha"), interpretó un concierto soberbio, apoyado por músicos tan nobles y sensitivos como él: Sebastián Villalba en guitarra acústica y voces, Hernán Prado en bajo eléctrico de 4 y 5 cuerdas, y Chacho Ruíz Guiñazú en todo tipo de percusión -desde caja y berimbau hasta una batería bien completa-. Faltó Pablo López, violinista casi imprescindible para el Chango. Pero esta ausencia fue superada con creces por un grupo de músicos que, ante la aclaración de Spasiuk, no vino a tocar chamamé, sino a brindar "un concierto de música", algo que al principio puede sonar una broma, pero que después se va entendiendo y apreciando a medida que se van interpretando los temas.
El concierto arrancó con "Improvisación a la Virgen de Hoshiuv", luego "El Monte", con el crescendo que cada uno de estos temas inspira. De allí, y por más de una hora y media, Spasiuk y sus músicos fueron interpretando los temas de sus tres últimos discos (La Ponzoña, Polcas de mi tierra y Chamamé Crudo): "Posadas", "Ranchera" (Dedicado a Astor Piazzolla y la soledad de la provocación), "Formosa", el bellísimo "Los descalzos", "Chamamé Crudo" (Dedicado al anterior guitarrista de Spasiuk, Gabriel Villalba, muerto en un accidente en 1998; de lo mejor del folklore en nuestras tierras), "Adiós Beatriz" y un montón de polcas y chamamés que levantaron los aplausos de todos los presentes. Una de las últimas interpretaciones, que el mismo Chango interpretó solo y que tituló "Tren Expreso", fue más bien una improvisación increíble basada en el título, acompañado de escalas cromáticas que pocos podían creer. Por algo a Spasiuk se lo compara con Hermeto Pascoal, el genio del jazz brasileño. Y por eso no es de sorprender de que éste misionero sea tan ampliamente degustado por los que gustan del jazz y otras vertientes.
Excelente concierto. Mención especial a Ricardo Gigena y Cacho Villalba, integrantes de "Negro + Negro", quienes tuvieron la difícil tarea de hacer entrar en calor al público. Y -otra vez- meritorio lo del Ciclo de Música Popular II. Lástima grande la poca repercusión que tuvo en el público rafaelino (El cine-teatro Belgrano estaba cubierto sólo en un treinta por ciento – Aproximadamente trescientas personas), ya que no tenía excusas para no asistir a una música tan maravillosa, a menos que hayan preferido quedarse en casa para ver la nueva versión del "Gran Hermano", lo cual sería muy triste. Porque, si hacemos honor a la verdad, el Gran Hermano estuvo mucho más cerca de nosotros. Tan sólo a unos metros.

La crítica del público:
Carlini Rubén:
“Me conmovió mucho más en vivo, que por los medios y videos, un tipo excepcional como músico y persona. Hoy en la conferencia de prensa ví un tipo que apuesta a la música y lo demostró esta noche en el escenario, estoy totalmente satisfecho”.

Luis Michelini:
“Extraordinario, lo he visto muchas veces por los medios, pero en vivo es una cosa fuera de serie, nadie sabe de las condiciones del Chango y destacar al percusionista excelente”.

Dante Belfiore:
“Este músico nos ha representado muy bien por todo el mundo, especialmente en Europa, extraordinario, hace una sinfonía con su acordeón, me voy lleno, hacia tiempo que no escuchaba a un músico de estas características”.

Ana María:
"Muy bueno, excelente músico”.

Julio Gayol:
“Muy bueno, de primera, hacia mucho tiempo que no escuchaba temas de esta forma, con real entusiasmo, realmente espectacular”.

Marcela Gil:
"Excelente, estuve en la conferencia de prensa todo lo que dice condice con lo que refleja en el escenario”

Oscar Frautchy:
“Maravilloso, yo creo que la gente que no vino porque no sabe quien es es chango Spasiuk, imposible no haber estado presente de este espectáculo”.

Susana Montemurri:
“Una barbaridad, realmente maravilloso, un gusto tener un espectáculo de esta magnitud en Rafaela, creíble, excelente, gran músico”.

Mabel Sepliarsky:
“Lo amo, es un genio, lo sigo, en el CD me enloquece, pero personalmente parece que tiene pegado el instrumento en su corazón. Felicitaciones a los organizadores al traer estos espectáculos, sigan para adelante”.

Raúl Vigini:
“A mi lo que más importó es la charla de esta tarde, aparte de su actuación. Ha crecido muchísimo, yo me acuerdo cuando apareció por primera vez en el escenario de Cosquín, estaba la imagen de un consagrado, a partir de allí se preocupó de crecer por dentro y formarse profesionalmente, cosa que admiro en una persona joven, sigue estudiando y verdaderamente a dado muestra de lo que heredó de su Misiones.
Llego al conservatorio de Bs. As., para aprender composición musical, me da la pauta que asumió la profesionalidad con todas las letras, virtuoso, una persona seria en lo suyo”.

Reynaldo Gorosito:
“Realmente me pareció un espectáculo de altísima calidad, lo que más me impacto fue cuando más allá de lo técnico de lo que toca, la espiritualidad que tiene su música”.

Diario Castellanos  – Viernes 10 de Agosto de 2001 – 2ª Sección  - Cultura y Sociedad

Charla con Chango Spasiuk
“LA MÚSICA COMO LENGUAJE”

Por Eduardo Norris - Especial para Castellanos

Sería una picardía no considerar “la otra cosa” que vino a hacer Spasiuk, que fue la de brindar una clínica o charla en el salón del primer piso del Rafaela Apart Hotel.  Ese hombre flaco, con alpargatas negras, pantalón verde, camisa blanca arrugadísima y el pelo largo algo despeinado, entró al recinto diciendo: “¡Permiiiso!, disculpen la tardanza”; ese mismo que entró con un bolso marrón donde traía su acordeón y pidió sentarse lejos de los micrófonos, invitando a los presentes a sentarse más cerca; el mismo que seis horas más tarde incendiaría de belleza con su música y la humildad propia de un provinciano...  Sí ese es Horacio Spasiuk, más conocido como Chango, el que alguna vez actuó en el programa de televisión “La estación de Landriscina”.  La misma honradez que refleja su música y su acordeón está en sus palabras.  De esa charla, se presentarán algunos extractos que hablan, entre otras cosas, de la identidad regional, de sus obras, de los músicos que admira, de las actitudes del hombre, y por supuesto del chamamé.
- La música es como un lenguaje.  No sé cuantos de ustedes han estudiado un idioma como el inglés o el francés, o lo hayan dominado.  De cualquier forma, por más que uno hable perfectamente otro idioma que se aprendió, siempre va  a seguir pensando que no es el propio.  A mí me gusta la música, y a lo largo de estos años aprendí cosas del jazz, de la música clásica, del blues, de la música del Brasil y de otras partes del mundo, pero sigo pensando en la música del noreste argentino, que pueden llamarle chamamé ya que es eso lo que respiro.-
- Acá, seguramente en un casamiento o en una fiesta, hay músicos tocando en vivo. Entonces está la orquesta, el pianista, el baterista, el bajista, el violinista... Y yo miraba siempre al acordeonista.  Entonces  me imaginaba tocando un acordeón.  Antes de terminar séptimo grado mi papá me regala uno. Yo algo de relación con ese instrumento ya tenía, porque algún tío u otro pariente o algún músico me lo prestaba cuando se lo pedía, ya que siempre quería verlo, tocarlo, sentirlo.  Cuando me lo regalaron, una semana dormí con él en mi cama.  Aprendí a tocar en forma autodidacta.  Me acerqué a él, que es lo que quise hacer siempre, y así pasaron los años, y las transformaciones que te van dando los años hace que la persona cambie, y con eso se genera una música que también cambia.  Tengo 32 años, pero poseo el mismo entusiasmo de cuando tenía 12, solamente cambiaron los años que pasaron y las circunstancias.-
-La promoción de la música es algo complicado.  No basta con saber tocar bien un instrumento, o componer una bella música.  ¿qué es lo que salvó a Piazzolla?  Ahora que él no está, parece que Astor se hubiese vengado, ya que era un buen intérprete y compositor, y nadie podía tocar su obra sino él mismo.  Entonces aquel que quería interpretarlo no lo podía hacer igual.  No sólo componía bien, sino que mostraba perfectamente lo que componía.  Hay que tomar ese ejemplo. Uno debe componer buena música, pero también debe poner mucha energía en hacerla conocer...  Nosotros seríamos un país que generaría mucha más música si no fuera tan difícil para uno llevar a cabo el simple hecho de expresarse y vivir de eso.  Vos tenés que ser productor, compositor, manager, intérprete, plomo, sonidista, chofer... Yo lo he hecho, aunque no tienen ni idea por lo que he pasado, por lo que paso y por lo que seguiré pasando para poder hacer lo que yo hago. Por ejemplo: el año pasado me robaron mi auto. Entonces, desde donde yo vivo (General Rodríguez, Bs. As.) tengo que tomar un colectivo, el 57, para ir a la Capital. Un día lo tomé en un horario en que venía lleno, entonces me tocó ir parado, y es una hora y media de viaje. Cuando el colectivo pasa por el Camino del Buen Ayre subió el inspector y empezó, tac tac, a picar los boletos y me ve a mí y me dice: “Che, ¡qué parecido que sos al Chango Spasiuk!” (Risas). No le dije nada, estaba lleno de gente ahí y le doy mi ticket. Se va hasta el fondo y vuelve, me mira y me encara otra vez: “Sos idéntico, pero no. ¡Vos no sos! El Chango ya está salvado hace un montón. ¡Ese sí que ya la ganó!” (Más risas).
-... Y uno, sin embargo, no puede creer que alcanza con una trayectoria, o con un buen nombre, o con que te conozcan. Siempre, cuando más fuerzas pongas para arriba, va a haber más presión para abajo. Recomiendo que lean un libro de Vasily Kandisky que se llama “Sobre lo espiritual en el arte”. Kandisky fue un pintor ruso de principios de siglo XX, y fue contemporáneo y amigo del compositor Schönberg. El habla del arte como si fuera un triángulo en constante movimiento ascendente, a veces imperceptible. Por ahí da la sensación de que ese triángulo baja, pero siempre está en movimiento ascendente. Todo lo que está en el vértice, mañana está en el centro y pasado en la base. Todo lo que el mundo hoy critica y no acepta, mañana va a ser más digerible y pasado posiblemente sea popular. Cuando Beethoven estrenó la Quinta Sinfonía, todo el mundo se creyó con el derecho a criticarle, porque decían “¿Qué es esto?” Pensaban que esa composición era una broma, como si tuvieran autoridad para hablar. Por eso, cuanto más querés lograr, más presión va a haber de lo que llamamos sistema: desde los periodistas y desde los medios que te difunden, los que necesitás para que la gente se entere de que existís. Pero el mayor problema, me parece, no la tiene la gente, que es a la que se le hecha la culpa como si fuera la menos capacitada para responder al estímulo de lo que hacés. Son los medios los que provocan el problema en el arte, la comunicación y su gente: los productores; los programadores culturales; los programadores de los festivales; los directivos de los medios; los dueños de las radios; los viejos fósiles que siempre hablan de que la juventud está perdida, pero que apuestan al bussines, a la estupidez y a la idiotez porque subestiman al público, como si fueran un montón de tontos, los que dicen: “A éstos los conformamos con cerveza y cumbia, y aquel minúsculo grupito les ponemos Bach, Beethoven, las danzas y el buen arte”... Cuando salís a andar te chocás con eso. Te vas a encontrar, también, con gente interesante en los medios, con productores, pero ¿cuán fácil sería si uno pudiera lograr estar contenido? ¿Qué significa estar contenido? ¿Por qué te cuestionan cuando te dicen: “Por qué tocás chamamé”? ¿Cómo “Por qué”? ¡Nací en ese lugar donde se toca esa música! “¿Por qué tocás acordeón?” ¿Qué instrumento debería tocar? La contención, entonces, significa no sentirse un marciano o un idiota que cayó del cielo porque toca un instrumento que no tiene consenso, o que parece un instrumento de viejos. ¡Ah, los viejos, cuando tocaban tarantelas con el acordeón! ¡Qué aburrido! Decí que aparecieron los Beatles, y eso nos voló la gorra. Decí que aparecieron Cocomarola y Blas Martínez Riera porque sino tendría que escuchar “Yellow Submarine” todo el tiempo (Risas). ¿Por qué siempre nos tenemos que callar? Yo soy de una generación en que los Beatles no me significan absolutamente nada. No voy a poner en tela de juicio lo que ellos son para la historia de la música, pero no mueven nada en mi interior. Escuché todos sus discos, los admiro, pero para lo que mucha gente significan John Lennon, Paul McCartney o Jimmy Hendrix, para mí significarían Blas Martínez Riera, Luis Angel Monzón, Ernesto Montiel, Barbosa... Yo no me perdí nada, no me perdí el “agite”, el “power”. Nací en un lugar en que la energía está ahí; esa música que te libera y que explota en tu corazón está en todas las músicas del mundo. Hay belleza en todas ellas. Solamente está en uno separar los prejuicios y buscar esas bellezas. Es responsabilidad de cada uno.
-La música es el fin de muchos actos. ¿Ustedes creen que van a tocar buena música yendo solamente a un conservatorio? No. Se toca buena música comiendo y leyendo bien, además de relacionarse con buena gente. No creo que la música sale mágicamente, y eso se ve reflejado en tu música. ¿Cómo lo lográs? Resistiendo a todo: a tus deudas, a tus proyectos, a vivir, a transar o a negociar, y todo eso se ve en tu arte. Otra cosa: no es el único camino yendo a Bs. As., aunque se puede hacer, pero hay infinitos caminos además de ese. Capital Federal es una ciudad mediática, y yo podría haberme quedado enganchado a eso, pero no es así. Igualmente, no me considero un ejemplo. No hay que ser ejemplo, sino que hay que ser feliz. Puede haber un tipo que venda diez millones de discos y otro que tan sólo venda diez. ¿Qué es más importante? Ser feliz. Por supuesto que hay gente que se siente feliz vendiendo discos, pero no creo que la felicidad pase por ahí, sino por el sentirse bien con lo que uno hace.
-El chamamé no es correntino. En Corrientes quieren ser verticalistas, pero San Martín no es correntino, fue misionero. Yapeyú, antes, pertenecía a Misiones, pero el territorio (de la provincia) se achicó después. Si quieren (Los correntinos) ser verticalistas, pues seámoslo. ¿Quieren ser idiotas? Seamos idiotas. Pero San Martín fue misionero. Si te atenés a eso, ¿cuántos Kapeluz tenés que incendiar? Por eso, ¿qué es correntino o misionero? En la música, hablemos de una sola, con elementos diferentes que él hombre debe reelaborar en forma distinta.
-Cuando tenía veinte años escuché a Dino Saluzzi y a Egberto Gismonti. ¡Oh! ¿Y estos tipos? ¡Mirá la música que tocan! Saluzzi es alguien que busca. Antes, yo tocaba “Ver el alma” (Y agarra el acordeón e interpreta algo rápido). Eso lo tocaba siempre en los casamientos. ¿Qué es buscar? Bueno, ¡mirá lo que hizo Saluzzi! (Y vuelve a interpretar lo mismo pero de una forma más pausada, como analizándose, e improvisa) Entonces, cuando escuché eso, me dije: “También se puede tocar así”.
-Es importantísimo que un maestro de música no subestime a los chicos y que los estimule para que sean buscadores de la verdad, tanto o más que Astor Piazzolla, por ejemplo. Las dos cosas son importantes.
-La polca rural, que trajeron los inmigrantes, fue “chamameceado” por el chamamé. El chamamé no es un desprendimiento de la polca rural. Vos escuchás una música eslava, como la que trajeron los inmigrantes (Y toca un motivo eslavo). Este mismo elemento, después de 100 años, suena (Y toca lo mismo con más ánimo). No importa si es chamamé o no, sino que es una música de todos; lo más nuevo de nuestro folklore. Es ridículo pensar que cada provincia debe tener su música. Imagínense a mi mamá, antes de que yo naciera, diciéndole a mi papá: “Che, Lucas, llevame y crucemos el Chymiray, así el Chango nace en Corrientes y tiene autoridad para tocar el chamamé.” (Risas). Es ridículo pensar así, como si fueran dos continentes diferentes. ¡Ah! ¡Todo el mundo tiene autoridad para hablar sobre música!, siempre y cuando termine en el gaucho, y no en el negro de Angola. Ese es un problema del hombre y su racismo, de su necedad, de su hipocresía y de su ignorancia, aquel que dice: “Mis raíces llegan hasta acá”, pero no lo mencionan al mulato. Un mulato que pisó la plaza un 25 de Mayo para que haya un cabildo abierto. En esa época, en la provincia de Buenos Aires la mayoría de la población eran mulatos. Pero en el Kapeluz sólo aparecen para prender los faroles, y nunca como un pueblo argentino deseando un cabildo abierto.-

 

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