| Javier Malosetti Quinteto |
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Sábado 25 de mayo – Teatro Lasserre Formación: Grupo Invitado: Formación: Clínica: Comenatrios en torno al evento SONIDO DE BUEN JAZZ Javier Malosetti Quinteto deleitó al público durante el concierto brindado en la Sala Lasserre. Toda la maestría de los músicos brilló en los temas de su nuevo trabajo discográfico. Junto a ellos, Color Chino manifestó el talento local, abriendo el encuentro musical que culminó con la platea aplaudiendo de pie.- Javier Malosetti Quinteto Por Eduardo Norris - Especial para Diario Castellanos No alcanzan los términos para definir lo que sucedió el sábado por la noche en el Lasserre. Rafaela, no acostumbrada a este tipo de combos musicales recibió un banquete sonoro más que formidable: Javier Malosetti y sus músicos fueron los responsables de esa receta que dejaron impregnada por medio de sus utensillos, vale decir, sus instrumentos. Diario Castellanos - Sábado 1 de junio - Contratapa REFLEJOS DEL JAZZ La idea de tener una entrevista con Javier Malosetti, luego del concierto que él y su quinteto brindaran junto a Color Chino el pasado 25 de mayo en el Lasserre, sirvió para ver una mirada espontánea de lo que éste músico vive dentro del panorama musical nacional, el cual no escapa a las vicisitudes socioeconómicas actuales. Ojalá sirva para que se valore más a nuestros músicos, quienes encuentran más eco en el exterior que aquí, como se podrá apreciar en las siguientes palabras de Malosetti y del genial baterista Pepi Taveira. Por Eduardo Norris - Especial para Diario Castellanos Javier Malosetti -Me da la impresión de que ser músico, y más aún músico de jazz, es un desafío en nuestro país. ¿Qué pensás de eso? -En éste país es un desafío vivir de cualquier cosa. Creo que un músico de jazz no está en menos condiciones que otro músico de lo que sea. Pero por otro lado, este es un momento que un músico o un artista tiene que aprovechar, porque se acabó la milonga de los espectáculos internacionales o el aluvión de artistas que venían de afuera, y los tipos que se dedicaban a traer espectáculos internacionales no tienen muchas cosas que hacer ahora. Recuerdo que en años anteriores cualquier fecha que yo tomaba tenía que compartirla con personas como Herbie Hancock o Robben Ford, los cuales tocaban en lugar cercano de donde yo me encontraba. No es para ponerme a la altura de esos tipos, pero en Argentina compartimos el mismo público. Ese mismo público no iba a verme a mí sino a Ford, y si yo no hubiese tenido que tocar ese día también hubiese ido a verlo. Por otra parte se puso de moda, o no sé qué pasó con el jazz desde hace un tiempo, de que hay empresas o bares que se coparon con auspiciarte y en donde tocan muchos músicos de jazz, incluyendo gente del exterior, y terminan siendo conciertos multitudinarios, lo cual me parece muy bueno. También creo que le hizo bien una música que se puso de moda como el acid jazz, toda esa cosa bailable que parece música chota, música con sampleos y con guiños del jazz viejo, como por ejemplo: una batería electrónica haciendo una base supertrash pero con una trompetita con sordina a lo Miles. Entonces, la pendejada empezó a comprar discos de Miles, los escucharon y se les quemó la cabeza y ya se envenenaron. Eso es bienvenido. -En el concierto hiciste un tema que fue parte del semillero de una onda llamada jazz-rock como “In a silent way”. ¿Por qué? -¿Por qué ese tema? Por el mismo motivo que puedo tocar una música de Franz Liszt, como “Sueño de amor”, o un tema de los Beatles, o de Madonna, o de los Bee Gees. ¿Por qué éste tema? A mí me gustan muchas músicas y todas ellas conviven en el mueble donde guardo todos mis discos. Nosotros no somos una banda de covers, ¿está? Hacemos una selección de temas que finalmente pasan por un filtro o por una misma mirada, ya sea jazzera o blusera o negra o no sé qué, y terminan teniendo una misma identidad sonora. -Después de todo éste tour que va a finalizar en Tolouse (Francia), ¿tenés proyectado hacer alguna otra cosa o de seguir trabajando con otros músicos? -Bueno, con Luis (Alberto Spinetta) sigo tocando, y él es muy inclemente con los ensayos, por ejemplo, ya que nunca me deja en paz, porque ya me sé todos los temas, pero él insiste en que los toquemos porque en realidad Spinetta se los olvida… (Se ríe). Cuando toque en Tolouse con el quinteto (27 Junio), al mismo tiempo voy a tocar con el grupo de Spinetta en un festival que se llama “Río de la Plata”, donde va a ir un montón de gente: León Gieco, Rubén Rada, los Hnos. Fattorusso, Liliana Herrero, algo de folklore y de tango, también. Después, los músicos del quinteto son libres de hacer lo que quieran, mientras que con Spinetta vamos a estar en Barcelona, Saragoza, Madrid y de vuelta por Barcelona. Después tengo pensado volver al país para grabar un disco en vivo con mi grupo. -La última. Una imagen que vos quieras recordar de tus padres. -Mi madre fue muy fuerte, muy sensible y muy talentosa para la música. No quiso recibirse, pero podría haber llegado a ser la revelación de la familia, mucho más que mi viejo o yo, seguramente. Tenía un oído privilegiado, una memoria increíble y era afinada como ninguna. Ella era la presidenta del club de fans mío y de mi padre. En cuanto a mi viejo, dejando aparte el tema de su profesión musical, es la persona más buena y más santa que he conocido. Él es digno de una estampita en mi pobre billetera. Pepi: entre parches y cacerolas -Más o menos desde los once años comencé a estudiar con el maestro Alberto Arcalá, quien enseñó a varias generaciones de bateristas argentinos y con él aprendí por mucho tiempo. ¿Por qué la batería? En realidad no lo sé; tal vez se me dio desde chiquito, con las cacerolas de mi vieja y escuchando los Beatles mientras yo tocaba por encima de sus discos. Mi vieja también tenía grabaciones de Ellington y de Armstrong, los cuales me gustaban mucho, pero no sé por qué la batería; simplemente la toco. -Con razón que te gusta Jimi Hendrix. ¿Cómo te identificás, como un investigador o como un sesionista? -Lo que más trato es de aprender tocando con diversos músicos como Javier, o con Enrique Norris, con quien tengo el gusto de tocar bastante seguido. A veces, la investigación pasa por compartir y de aprender de experiencias de otros músicos y de tratar de expresar lo que siento. No me considero un sesionista, ya que toco lo que a mí me gusta. No me llaman y me dicen ‘tocá esto o aquello'. Si me llaman es porque les gusta mi manera de tocar, mientras que un sesionista se acomoda mejor económicamente. -Cómo maestro, ¿qué consejo le das a alguien que estudia música? -El consejo que yo siempre doy es que lo haga con mucho amor, que toque lo que realmente siente y la música que más le conmueve, no importa qué estilo sea. Investigar, escuchar todo lo que más pueda y tocar. Se puede aprender mucha teoría, pero el verdadero aprendizaje está en el escenario, sobre todo con la música popular y en compartir con los músicos que están con uno. |






