Javier Malosetti Quinteto PDF Imprimir E-mail
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Sábado 25 de mayo – Teatro Lasserre

Formación:
Javier Malosetti: Bajo y voz
Pepi Taveira: Batería
Andrés Beewsaert: Teclados
Gustavo Cámara: Saxos
Américo Belloto: Trompeta

Grupo Invitado:
“Color Chino”

Formación:
Daniel Pellegrinet: Guitarra y voz
Hernán Castagno: Batería
Fernando Abratte: Bajo

Clínica:
Javier Malosetti: "Técnica y trucos para el bajo"

Comenatrios en torno al evento
Diario Castellanos - Lunes 27 de mayo - 2ª SECCIÓN

SONIDO DE BUEN JAZZ

Javier Malosetti Quinteto deleitó al público durante el concierto brindado en la Sala Lasserre.  Toda la maestría de los músicos brilló en los temas de su nuevo trabajo discográfico.  Junto a ellos, Color Chino manifestó el talento local, abriendo el encuentro musical que culminó con la platea aplaudiendo de pie.-

Javier Malosetti Quinteto
EL JAZZ HECHO BANQUETE

Por Eduardo Norris - Especial para Diario Castellanos

No alcanzan los términos para definir lo que sucedió el sábado por la noche en el Lasserre.  Rafaela, no acostumbrada a este tipo de combos musicales recibió un banquete sonoro más que formidable: Javier Malosetti y sus músicos fueron los responsables de esa receta que dejaron impregnada por medio de sus utensillos, vale decir, sus instrumentos.
Una imagen: “In a silent way” (De Joe Zawinul, una de las semillas que Miles Davis utilizó hace treinta años atrás y que puso patas para arriba al jazz de aquellos días), con sus más de veinte minutos de estructura y con una variación flexible entre lo mesurado y lo apoteótico, confirmó lo que en los discos solistas de Malosetti se escucha: solidez creativa e interpretativa, desarrollada luego de años de haber transitado en diversas formaciones entre el jazz y el rock.  Sus compañeros de equipo no se quedan lejos, siendo redundantes los elogios para cada uno de ellos.
Pero no sólo se degustó a Zawinul y a Davis, sino que también hubo otros ingredientes como los negros spirituals y hasta los Bee Gees, además de las composiciones del propio Malosetti, una especie de director saltimbanqui, mezcla de L. A: Spinetta y Pastorius en cuanto a su aspecto y estilo.  Su integración rítmica con Pepi Taveira (Uno de los mejores bateristas de jazz que pasaron por nuestra ciudad) y/o con Andrés Beeuwsaert (Tecladista de sólo veintitrés años, una mezcla de Herbie Hancock y John Medeski) logra una alquimia ideal para el desarrollo de los solos de la sección de vientos, esto es, Américo Bellotto con su trompeta y Gustavo Cámara en saxos, ambos con momentos brillantes.
Memorables fueron casi todos los temas, como “Villager Cumbia” (Afortunadamente, la música no tuvo nada que ver con el título), donde el ritmo fue el motivo principal de dicha composición, interpretada con una fuerza deslumbrante.
En contraste, la balada “Prosperity” permitió que el tándem Beeuwsaert-Malosetti hablara por sí mismo en un diálogo exquisito, con Taveira apoyando suavemente con sus escobillas.  Casi al final del tema, Javier deja al tecladista solo permitiendo que ambos terminen su plática de una forma casi intimista, dejando algunos segundos de silencio para que el público reaccione de que dicha maravilla había finalizado.
Malosetti y sus solos son, en realidad, otra cosa.  La discreción exigente de la platea hizo que se percibieran diversos contrapuntos en su bajo de cinco cuerdas.  Javier se sonríe al escuchar la risa de un niño en el palco superior del teatro e improvisa un motivo parecido al que se escucha en “Juli”, último tema del c.d. “Spaghetti Boogie”, el cual compuso en base a la voz de su hijo Julián.  También no dejan de asombrar sus atrevimientos vocales en algunas canciones, mientras que su dominio del bajo deja fuera de toda duda su ductilidad lírica y armónica.
El final, con el ya mencionado “In a silent way”, con Malñosetti al lado de Taveira golpeando los parches, y con “Don`t back you baby”, permiten ver a las claras de que, aún con  los tiempos inciertos que corren, el jazz argentino tiene exponentes que le son fieles en cuanto a creatividad y variedad.
Si el Malosetti Quinteto fue el banquete, Color Chino fue la entrada que puso el sabor adecuado con solo cuatro temas, demostrando que el tiempo ajusta las piezas de manera admirable y contundente.  Buen sonido, sala repleta de público, además de ser adecuada para este tipo de combos y, por supuesto, algo que no se nota en forma directa, aunque sí en sus resultados: la correcta organización.

Diario Castellanos - Sábado 1 de junio - Contratapa

REFLEJOS DEL JAZZ

La idea de tener una entrevista con Javier Malosetti, luego del concierto que él y su quinteto brindaran junto a Color Chino el pasado 25 de mayo en el Lasserre, sirvió para ver una mirada espontánea de lo que éste músico vive dentro del panorama musical nacional, el cual no escapa a las vicisitudes socioeconómicas actuales. Ojalá sirva para que se valore más a nuestros músicos, quienes encuentran más eco en el exterior que aquí, como se podrá apreciar en las siguientes palabras de Malosetti y del genial baterista Pepi Taveira.

Por Eduardo Norris - Especial para Diario Castellanos

Javier Malosetti
La pretensión es que la música se abra camino. Lo que estoy haciendo es un show con bastantes cosas del disco nuevo, un poco del anterior y algo de música nueva. No aspiro hacer una presentación tal cual figura en “Villa”. El anhelo es que sigan las cosas tan bonitas como hasta ahora, o sea, la onda entre la música y la gente. Cuando salimos a tocar la pasamos increíble; ya viste que la gente lo disfruta mucho. Por otra parte, tanto acá como en Rosario y toda Santa Fe es una provincia donde la gente está muy acostumbrada al arte, hay muchos músicos, muchos actores. Eso es un placer, pero a la vez es un desafío tocar ante un público tan bien entrenado.

-Me da la impresión de que ser músico, y más aún músico de jazz, es un desafío en nuestro país. ¿Qué pensás de eso?

-En éste país es un desafío vivir de cualquier cosa. Creo que un músico de jazz no está en menos condiciones que otro músico de lo que sea. Pero por otro lado, este es un momento que un músico o un artista tiene que aprovechar, porque se acabó la milonga de los espectáculos internacionales o el aluvión de artistas que venían de afuera, y los tipos que se dedicaban a traer espectáculos internacionales no tienen muchas cosas que hacer ahora. Recuerdo que en años anteriores cualquier fecha que yo tomaba tenía que compartirla con personas como Herbie Hancock o Robben Ford, los cuales tocaban en lugar cercano de donde yo me encontraba. No es para ponerme a la altura de esos tipos, pero en Argentina compartimos el mismo público. Ese mismo público no iba a verme a mí sino a Ford, y si yo no hubiese tenido que tocar ese día también hubiese ido a verlo. Por otra parte se puso de moda, o no sé qué pasó con el jazz desde hace un tiempo, de que hay empresas o bares que se coparon con auspiciarte y en donde tocan muchos músicos de jazz, incluyendo gente del exterior, y terminan siendo conciertos multitudinarios, lo cual me parece muy bueno. También creo que le hizo bien una música que se puso de moda como el acid jazz, toda esa cosa bailable que parece música chota, música con sampleos y con guiños del jazz viejo, como por ejemplo: una batería electrónica haciendo una base supertrash pero con una trompetita con sordina a lo Miles. Entonces, la pendejada empezó a comprar discos de Miles, los escucharon y se les quemó la cabeza y ya se envenenaron. Eso es bienvenido.

-En el concierto hiciste un tema que fue parte del semillero de una onda llamada jazz-rock como “In a silent way”. ¿Por qué?

-¿Por qué ese tema? Por el mismo motivo que puedo tocar una música de Franz Liszt, como “Sueño de amor”, o un tema de los Beatles, o de Madonna, o de los Bee Gees. ¿Por qué éste tema? A mí me gustan muchas músicas y todas ellas conviven en el mueble donde guardo todos mis discos. Nosotros no somos una banda de covers, ¿está? Hacemos una selección de temas que finalmente pasan por un filtro o por una misma mirada, ya sea jazzera o blusera o negra o no sé qué, y terminan teniendo una misma identidad sonora.

-Después de todo éste tour que va a finalizar en Tolouse (Francia), ¿tenés proyectado hacer alguna otra cosa o de seguir trabajando con otros músicos?

-Bueno, con Luis (Alberto Spinetta) sigo tocando, y él es muy inclemente con los ensayos, por ejemplo, ya que nunca me deja en paz, porque ya me sé todos los temas, pero él insiste en que los toquemos porque en realidad Spinetta se los olvida… (Se ríe). Cuando toque en Tolouse con el quinteto (27 Junio), al mismo tiempo voy a tocar con el grupo de Spinetta en un festival que se llama “Río de la Plata”, donde va a ir un montón de gente: León Gieco, Rubén Rada, los Hnos. Fattorusso, Liliana Herrero, algo de folklore y de tango, también. Después, los músicos del quinteto son libres de hacer lo que quieran, mientras que con Spinetta vamos a estar en Barcelona, Saragoza, Madrid y de vuelta por Barcelona. Después tengo pensado volver al país para grabar un disco en vivo con mi grupo.

-La última. Una imagen que vos quieras recordar de tus padres.

-Mi madre fue muy fuerte, muy sensible y muy talentosa para la música. No quiso recibirse, pero podría haber llegado a ser la revelación de la familia, mucho más que mi viejo o yo, seguramente. Tenía un oído privilegiado, una memoria increíble y era afinada como ninguna. Ella era la presidenta del club de fans mío y de mi padre. En cuanto a mi viejo, dejando aparte el tema de su profesión musical, es la persona más buena y más santa que he conocido. Él es digno de una estampita en mi pobre billetera.

Pepi: entre parches y cacerolas
-¿Cómo es tu historia con la música y la batería?

-Más o menos desde los once años comencé a estudiar con el maestro Alberto Arcalá, quien enseñó a varias generaciones de bateristas argentinos y con él aprendí por mucho tiempo. ¿Por qué la batería? En realidad no lo sé; tal vez se me dio desde chiquito, con las cacerolas de mi vieja y escuchando los Beatles mientras yo tocaba por encima de sus discos. Mi vieja también tenía grabaciones de Ellington y de Armstrong, los cuales me gustaban mucho, pero no sé por qué la batería; simplemente la toco.
En cuanto a las influencias, hay muchas, desde los recién mencionados Beatles a Jimi Hendrix y también muchas cosas del rock. Desde muy chico y por medio de mi padre y de amigos me metí en el jazz. Pero el que más me ha influenciado por su forma de tocar es Elvin Jones, como así también Art Blakey y Roy Haynes. Me gusta mucho el jazz negro, lo que despierta mucho mi entusiasmo. Las cosas de Coltrane, de Davis, también. Insisto que el hombre que me gusta es Elvin Jones.

-Con razón que te gusta Jimi Hendrix. ¿Cómo te identificás, como un investigador o como un sesionista?

-Lo que más trato es de aprender tocando con diversos músicos como Javier, o con Enrique Norris, con quien tengo el gusto de tocar bastante seguido. A veces, la investigación pasa por compartir y de aprender de experiencias de otros músicos y de tratar de expresar lo que siento. No me considero un sesionista, ya que toco lo que a mí me gusta.  No me llaman y me dicen ‘tocá esto o aquello'. Si me llaman es porque les gusta mi manera de tocar, mientras que un sesionista se acomoda mejor económicamente.

-Cómo maestro, ¿qué consejo le das a alguien que estudia música?

-El consejo que yo siempre doy es que lo haga con mucho amor, que toque lo que realmente siente y la música que más le conmueve, no importa qué estilo sea. Investigar, escuchar todo lo que más pueda y tocar. Se puede aprender mucha teoría, pero el verdadero aprendizaje está en el escenario, sobre todo con la música popular y en compartir con los músicos que están con uno.

 

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