|
Sábado 16 de noviembre - Cine Teatro Belgrano Formación: Pedro Aznar: Bajos y voz Alejandro Devries: Teclados y coros Diego Clemente: Guitarra y aerófonos Facundo Guevara: Percusión
Comentarios en torno al evento Diario Castellanos - Lunes 18 de noviembre - 2ª Sección - Cultura y Sociedad Pedro Aznar
UN VUELO QUE CRECE Por Eduardo Norris - Especial para Castellanos Aznar tiene en su haber lo que muchos músicos de su edad (43) desearían lograr: formó parte de excelentes grupos de virtuosos -Madre Atómica, Alas, Serú Girán y el Pat Metheny Group-; es un destacado multinstrumentista -aunque su fuerte, sin dudarlo, es su técnica en el bajo eléctrico con y sin trastes- y actualmente es un respetado y muy requerido productor de los más diversos artistas de distintos géneros de música. Por ende, presenciar un concierto de él significa encontrarse, entre otras cosas, con alguien que posee un delicado y riguroso sentido del gusto cuando se trata de poner una puesta en escena de su música. Esto se tradujo, ni más ni menos, en los setenta y algo de minutos que demoró en comenzar su propuesta: los problemas de sonido fueron el escozor de Aznar y sus músicos, y los constantes testeos obligaron a retrasar su concierto. Al comenzar por fin con su música, y aún cuando el audio de los parlantes no permitía apreciar correctamente algunos sonidos -mucho exceso de graves-, Pedro pidió las correspondientes disculpas del retraso, resaltando la importancia de la calidad antes que la puntualidad, y brindó lo mejor que pudo, cuyo resultado trajo su debida recompensa: no solo que los problemas de audio se iban minimizando (Aunque no desaparecieron del todo), sino que su propuesta comenzó a entusiasmar a un público que en un principio se mostraba más bien parco, pero que al aproximarse a la primera hora del concierto ya se notaba más animado, incluso con ganas de acompañar en el canto de algunas de las composiciones de Aznar. Musicalmente, este hombre junto a su grupo dio un resultado irreprochable: la contundencia de Alejandro Devries en los teclados y voces; de Diego Clemente en guitarras (Brillante), flauta y también algunas voces; y sobre todo, de Facundo Guevara y sus múltiples recursos en percusión -después de Aznar, el más aplaudido de la noche- fueron, junto a Pedro, los que presentaron varios de los temas registrados en su último registro llamado «Parte de volar», además de repetir canciones ya presentadas en su anterior concierto en Rafaela, brindado el año anterior junto a nuevas composiciones. Como ocurrió con Ernesto Snajer & Argentina Ensamble, con Alejandro Devries y su trío y también con Carlos «Negro» Aguirre en el fin de semana anterior, Aznar utilizó muchas referencias folklóricas como el Cuchi Lequizamón -«Zamba del carnaval», con un Guevara machacando la percusión de una manera increíble-, Víctor Jara -«Deja la vida»- y del uruguayo Eduardo Mateo -maravilloso «El tunguele», con todo el público cantando a dos voces, guiado por supuesto por Aznar-, pero decir que fue solamente folklore sería insuficiente. Pedro -aunque él mismo argumente que por ahora no está interesado en volver a esa corriente- tiene una vena netamente jazzera, como se pudo comprobar en muchos de sus solos de sus bajos de cuatro y cinco cuerdas, para deleite de los músicos presentes. Por ello, el resultado de sus interpretaciones contienen una riqueza propia de la improvisación hecha por manos maestras. Es imposible decir que el ex-Serú Girán no hizo una propuesta interesante. Por otra parte, sus letras -de marcado contenido social y de denuncia- reflejan a las claras lo que muchos músicos como él sienten actualmente: una preocupación real de toda la situación que nos rodea, sin caer en afectaciones groseras o comerciales. Lo cual, obvio decir, es muy bueno en estos tiempos en que -como el mismo Aznar se encargó de enfatizar- muchos sellos discográficos lanzan productos estereotipados y vacíos de propuestas importantes e interesantes, especialmente para la juventud de esta época. Este concierto superó con creces a la anterior presentación de abril de 2001. Valió la pena para todos los presentes volver a escuchar al que alguna vez fuera calificado -muy seriamente- como el niño prodigio del rock y del jazz. Y no sin fundamentos. Muy bueno. |