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Sábado 6 de septiembre – Centro Cultural Municipal Formación: Juan Falú: Guitarra y voz Músicos Invitados: Rubén Carlini: Guitarra Atilio Villarroel: Guitarra Fernando Juan: Guitarra
Clínica: Juan Falú: "Formas y ritmos del folklore argentino (Región Nor-oeste)"
Comentarios en torno al evento La Opinión - Martes 9 de Setiembre de 2003 PASÓ JUAN FALÚ, SIMPLE Y DESLUMBRANTE Y pasó Juan Falú por Rafaela; con su benignidad, su simpleza, su sereno dominio emocional, su don de gentes mesurado y respetuoso, y su permanente disposición al servicio de la música y los músicos. A pesar de no encontrarse en plena forma física, (no repuesto aún de una extensa y agotadora gira europea), brilló con luz meridiana por sus conocimientos y sapiencia musical, tanto en las dos partes que dividió su clínica, como en el concierto con que cerró su actuación entre nosotros. Amparado por un largo, continuo y metódico estudio sobre ritmos, armonías y tradiciones costumbristas de nuestra música folklórica, tradujo admirablemente sus conocimientos con ejemplos claros y contundentes, materializados a través de los sonidos de su guitarra para mayor comprensión de los setenta músicos inscriptos con antelación, y que con atenta participación siguieron paso a paso los conceptos vertidos por este maestro tucumano, que ejemplificó formas musicales de interpretación, genuinas y fidedignas con respecto a los ritmos folklóricos de raigambre norteña. No apartó ni obvió ningún género del espectro musical de nuestro Noroeste; zambas, gatos, chacareras, cuecas, bailecitos, huaynos, a todos trató partiendo desde su esencia, su base, dejando bien claro cuál es el ritmo exacto, cabal, a efectos de una interpretación auténtica y sin mácula. Profundo conocedor del tema, defiende los auténticos valores de nuestra nacionalidad a través de una enseñanza íntegra y limpia, sin altisonancias ni rimbombantes pomposidades. Así lo expresó en su clínica, y así lo entendió la audiencia, atenta y entusiasta. Y todo quedó confirmado en el concierto, que tuvo como origen inicial el excelente trabajo a que nos tiene acostumbrado nuestro muy buen guitarrista, Rubén Carlini, quien secundado por Atilio Villarroel y Fernando Juan, presentaron temas de Homenaje a Remo Pignoni, para luego continuar con el "invitado de honor", Juan Falú, que no hizo otra cosa que aseverar sus aleccionadoras enseñanzas vertidas en las charlas. Y el público vibró y ovacionó cada obra desarrollada por el intérprete. Mesura y discreción en la zamba, ternura explícita en el bailecito, alegría y picardía en el gato; cada obra en su justo ritmo e interpretación. Y para el final (por si quedaba alguna duda), ambos maestros, Juan Falú y Rubén Carlini, improvisaron "Luna Tucumana" y "Balderrama". Digno postre para tan excelso menú. Buen aporte de público, no sólo de la ciudad, sino de poblaciones vecinas y no tanto, pues se pudo constatar gente de Sunchales, Ataliva, Humberto Primo, Santa Fe -ciudad- y otros. Excelente fin de semana, pues ganaron: la Cultura, la Música, nuestra Nacionalidad, nuestra zona, en definitiva ¡ganamos todos!. Por Antonio Fassi.
Suplemento La Palabra - Martes 16 de Setiembre de 2003 En busca de...Juan Falú, músico DESCUBRIDOR DE GUITARRAS Es un músico popular que desde pequeño aprendió intuitivamente el género y descubrió años más tarde que el aprendizaje desde la teoría y la academia le permitirían afianzar su labor como compositor. Difusor de la guitarra y artífice del Festival Guitarras del Mundo se propuso llevar a todos los ámbitos posibles del país y del mundo su experiencia para abrevar de cada lugar y dejar su impronta a varias generaciones que lo respetan como profesional. Con la gentileza que lo caracteriza recibió a La Palabra. LP - ¿Cómo ves el estado actual de la música popular argentina? J.F. - Es sabido que los '60 fueron una década de una explosión del folclore que dio un gran repertorio, intérpretes muy renovadores, la década de la producción de grandes poetas y sobre todo de renovación. Después vienen los '70 que mantienen ese ímpetu del folclore. A mí me parece que tiene que ver con un estado del país, en un país en el que había algún sentido de argentinidad basado en ideas, proyectos, aun conferencias muy grandes internas en la propia sociedad, pero siempre había un proyecto en pie. Después viene una década oscura, la de la dictadura militar, muy oscura que me parece que produce como un amordazamiento, de autocensura, además, de los efectos más terribles que conocemos. Eso repercute en el estado de la música argentina, porque cuando adviene la democracia hay que rehacer todo prácticamente. Y había quedado con voz solamente el rock nacional. Por supuesto, siempre hubo de todo, pero digamos que la voz cantante para la juventud que daba cuenta de alguna manera de la realidad era el rock nacional. Entonces es ahí en donde se nota un corte de la transmisión de los que hacíamos folclore en los '70. Yo me ubico en los '70 aunque empecé en el '65, lo que hacíamos en los '60 y '70, luego en ese período oscuro tal vez no transmitimos -y esto no incluye ninguna valoración crítica- un estado de las cosas, no le transmitimos a los jóvenes que en los '80 empiezan a crecer y a querer hacer música, entonces estos jóvenes comienzan a hacer una música folclórica bastante ambigua, sin una clara recepción de los códigos, de las canciones, de los intérpretes. Durante los primeros años de la democracia se produce sobre todo en las grandes ciudades una mixtura del rock, con el folclore y florecen los etiquetamientos de los grupos, como si anduviesen todos buscando ser algo. Unos se autotitulaban de proyección, otros de fusión, otros de folk-jazz, hasta encontré etiquetas como música popular de cámara cuando en realidad nosotros los argentinos empezamos a ver con cierta admiración a los brasileños que un una sola sigla resumen todo que es MPB (Música Popular Brasileña). Y en efecto es así porque yo viví ocho años en Brasil y vos agarrabas la cartelera de espectáculos y era MPB y ahí encontrabas de todo, desde los músicos más tradicionalistas hasta los más modernos, inclusive las expresiones de fusión. Y de tanto buscar quiénes somos fuimos encontrando, y ya en los '90 se produce una convergencia de dos cosas, estoy hablando casi como un sociólogo y no lo soy, así que puedo estar argumentando de una manera parcial la realidad. Por un lado, esa necesidad interna y colectiva y muy fuerte de identidad, y por el otro lado el propio mercado se va dando cuenta de que hay cierta saturación de algunos mensajes estéticos y creo que las propias multinacionales de la música, grabadoras, medios, etc. deben haber pensado más de una vez que era necesario volver a hacer resurgir el folclore. Entonces converge la necesidad por un lado de la sociedad y de esa percepción tan inteligente que tienen los que manejan el mercado: lucrar y ahí aparece ese boom folclórico, sobre todo festivalero que es bienvenido por la sociedad. Yo eso no lo puedo analizar por la estética, porque a mí aunque no me gusten los protagonistas artísticos de ese boom, tengo que entender que ocurrió por una necesidad de la sociedad, evidentemente hacía falta una dosis de argentinidad. Algunos sostienen que ese fervor folclórico y comercial, servía para empujar las expresiones más refinadas o talentosas o creativas del folclore. Yo, en lo personal no siento que los trabajos de artistas que a mí me gustan mucho se hallan visto favorecidos, como si hubiésemos sido arrastrados por la ola, me parece que no, que justamente la ola del folclore festivalero y comercial ha generado una necesidad de diferenciación o de acudir a otras manifestaciones de la cultura argentina más vinculada a una época en que florecieron verdaderas joyas. Entonces ante cierta frivolidad hay un sector que buscó lo opuesto y eso sí es lo que alimenta la presencia de muchos artistas que no quiero decir que son mejores que otros, pero sí son de mi agrado. Para citar un ejemplo, Liliana Herrero, y hay otros artistas que también han aportado mucho a un folclore que reúne la raíz con la proyección, pero con un sentido creativo muy fuerte. Es como que se reestableció ese nexo generacional que de alguna manera nos tocaba a nosotros hacerlo, digamos a los que tenemos unos 50 años. Así como nosotros nos mirábamos en los '60 en los que tenían 40 ó 50 años, nosotros hemos pasado a ser transmisores y de alguna manera estamos cumpliendo ese papel. Cuando doy los seminarios de folclore y veo que hay muchos jovencitos o cuando veo la heterogeneidad generacional, hay de varias generaciones. Aquí en Rafaela debe haber habido tres generaciones en los asistentes al Seminario, entonces me siento bien, me siento realizando un papel social, no sólo artístico y reconstituyendo ese tejido de la transmisión. Por un lado asisto a un folclore bastante frívolo que no me gusta, me produce rechazo y también asisto a estas presencias de los jóvenes buscando las piezas más valiosas de la cultura argentina. Cuando uno a un joven músico le hace escuchar Grela con Troilo, lo compra, se queda con eso. Cuando escucha a Salgán, lo adopta. Antes se conocía a Piazzola, y a Mercedes Sosa en el folclore, ahora siempre te preguntan a quién hay que escuchar y varios los escuchan. Te diría que en cierta manera hoy están escuchando más música que nosotros mismos. Yo me sorprendí en Rafaela en un asado con los amigos que me trajeron, por la información musical y el buen gusto que tienen los que son músicos y los que no son músicos. Bueno, en realidad no me sorprendí porque lo veo siempre a eso, pero tal vez porque están escuchando y disfrutando mucho más la música que uno que es músico, que vive de la música. LP - Vos sos un motivador de guitarristas, creaste un proyecto muy valioso que es "Guitarras del Mundo". ¿Cuál es el gran objetivo de ese proyecto y cómo lo fuiste llevando adelante? J.F. - El objetivo ahora es mantener lo que ya dejó de ser un festival para transformarse en un movimiento, mantenerlo vivo. Y empezó con el objetivo de hacer el festival de una guitarra que tenga historia, no sólo de una guitarra a través de la cual se muestre la excelencia técnica, como se venía haciendo sobre todo en los encuentros de guitarra clásica, sino un festival que muestre esas guitarras con historia que las hay en todo el mundo y sobre todo en América Latina. Hay una forma peruana de tocar la guitarra que trasunta varias culturas peruanas y eso ocurre en todos los países, hay una forma brasileña, una forma venezolana, hay una forma cubana. Y los que tienen menos desarrollo del instrumento o del repertorio para la guitarra, tienen un gran amor por la guitarra. Entonces la idea fue juntar la mayor pluralidad de géneros musicales posibles en un encuentro, juntar los viejos con los jóvenes, de hecho en el público se juntó eso, tenemos hasta cuatro generaciones en el público. Y la gente fue adoptando el proyecto como propio porque había una guitarra contadora de historias. Podían escuchar un tango, un son cubano y también la música clásica y el flamenco y todas las expresiones, hasta el rock, tuvimos un año guitarras del rock. La mezcla resultó ser explosiva, la mezcla de géneros, de guitarristas, de formaciones musicales y nos dimos cuenta de que sin publicidad, sin artistas de moda, sin grandes aparatos de sonorizaciones, sin escenario céntrico, sin televisión, sin nada de eso teníamos igualmente colas y colas de gente que vino a asistir a los teatros y la cosa empezó en tres ciudades y hoy está en sesenta y tres. Se bate récord de público en muchos teatros de muchas ciudades. Este año se hace la novena edición de "Guitarras del Mundo" entre el 7 y 19 de octubre. Vienen guitarristas de casi quince países y acá van tocando año a año cientos de guitarristas y nunca se termina la lista, por ejemplo Rubén Carlini de Rafaela tendría que haber tocado hace rato en Guitarras del Mundo. Lo que ocurre es que él me mandó un disco suyo hace un par de meses, entonces es difícil saber de la existencia de tantos guitarristas, porque hay miles y buenos. Habría que tener como una red armada para centralizar todas las informaciones, que de alguna manera se puede pensar en hacerla o se va haciendo naturalmente, con la información informal. Sin exagerar, es el encuentro más grande de todo el mundo, no hay otro encuentro de esa naturaleza y volumen. Y a las ciudades a las que voy se lo conoce al proyecto y no porque haya sido algo de moda o con mucha publicidad, se lo conoce porque se instaló como un proyecto, entonces voy encontrando ciudades que quieren sumarse. LP - Hablando de tus años de músicos, ¿cuáles fueron tus referentes como músicos o compositores? J.F. - Tuve un largo período de mirarlo mucho a Eduardo Falú, ahí se mezclaba mi admiración por el músico y lazos familiares que hacían que sea un modelo familiar, con todas las implicancias y exigencias que eso representaba, la presión. Tanto que yo mido mi maduración personal por la diferenciación que pude alcanzar con relación a ese modelo. Y una vez que la alcancé me abrí más a las influencias variadas que tuve en mi vida, que fueron muchas, desde músicos anónimos que he encontrado en una guitarreada ocasional hasta músicos muy importantes que todos conocen, podría nombrar tantos. Hay dos guitarristas que fueron muy importantes para mí, son dos argentinos y se los conoce mucho más en el mundo que acá. Uno se llama Jorge Cardozo, oriundo de Misiones y lleva treinta años en Europa y el otro es Ricardo Moyano que es de La Rioja y está viviendo en Estambul. El primero es un compañero de ruta de toda la vida, me enseñó a escribir la música, a leerla, me estimuló a organizarme porque siempre fui un músico de oído y medio reacio al estudio. Y el segundo me maravilló con su talento, con su musicalidad. Quiero hablar de gente que me influenció porque la conocí personalmente, porque si es por músicos que escuché en grabaciones la lista es interminable, pero esos músicos me gustan, no sé si me influenciaron tanto. En cambio a los que conocí sí lo hicieron porque yo me nutro de la reunión, no tengo otra forma de aprendizaje, así que aprendo viendo, tocando, haciendo dúos, improvisaciones, viendo los acordes que hacen los que saben mucha armonía. Y en ese sentido los menciono a ellos y a muchos músicos que encuentro en mi andar guitarrero, porque viajo muchísimo, he tocado en todo el país y en más de veinte países y siempre armé guitarreadas, toda mi vida. El concierto y después la guitarreada, porque ni siquiera tengo horas de estudio disciplinado, de técnica o de lectura de obra. No hago eso, lo que hago es tocar. Tampoco creo que sea el mejor camino, pero es el mío. LP - Vos hiciste un planteo muy interesante cuando contaste que fuiste un músico intuitivo durante mucho tiempo hasta que advertiste la necesidad de conocer música o estudiar un poco la teoría para poder escribirla. O sea como experiencia para aquellos músicos que son toda la vida intuitivos o los que son académicos y no tienen el sabor para los matices. J.F. - Las dos vivencias son importantes y poder sintetizarlas es tal vez lo ideal. Yo creo que se está abriendo mucho el panorama del aprendizaje musical y de la enseñanza musical, porque en la música popular hay sobre todo aprendizaje, uno aprende. En la música académica se enseña, son procesos diferentes de aprendizaje. Se están desmontando muchos prejuicios que separaban un mundo del otro y hoy es bastante habitual ver músicos de formación académica que empiezan a incursionar en las músicas regionales del mundo, así como es habitual ver músicos del tango y del folclore que tienen una muy buena información de la teoría musical y de la técnica. Antes no era sí en el folclore, ahora estamos poblados de músicos que hacen folclore y saben mucha música, el manejo de la armonía es diferente de otros momentos, el concepto del arreglo musical. Y en el tango ya era así desde siempre, porque en el tango los músicos supieron leer, escribir, arreglar y manejar la técnica instrumental. Creo que en el folclore nos falta un poco de eso, así como en las academias falta un poco de barro, digamos, al músico folclorista le falta un poco de musicalización en ese terreno, de trabajar más la técnica instrumental, pero no como una cosa de exigencia o excelencia nada más sino para extraer el mejor sonido posible de los instrumentos. Porque con esto de tocar por línea y con instrumentos electrónicos casi que no importa cómo se lo toque, porque ya suena solo. Cuando en realidad lo que más seduce o agrada de un instrumentista es su sonido. En el folclore argentino hay que trabajar más ese tipo de aspectos, meterse en la música de cámara para saber arreglar instrumentalmente. Si uno escucha los arreglos instrumentales de los cantantes brasileños, ahí se tiene una idea de lo que quiero decir. Aquí todavía hay como bandas que acompañan a los cantores, ése es un aspecto sobre el que debería trabajarse, pero no tengo duda de que se va a trabajar porque existe esa población de músicos muy talentosa y va a dar sus frutos dentro de poco tiempo. Ya están apareciendo, músicos como el Negro Aguirre. Y eso puede darle un salto cualitativo al folclore y acercarlo más a los otros lenguajes. Creo que estamos muy cerca de que eso se concrete. LP - Una reflexión sobre lo que te gustaría ver de la cultura popular de los argentinos a corto plazo. J.F. - Me parece que necesitamos, y esto lo pienso por primera vez en mi vida, porque siempre pensé que hay que dar pasos hacia adelante, un pasito hacia atrás para darlos luego hacia delante, no sólo en la cultura para reencontrarnos con productos genuinos de una Argentina que tuvo buenos frutos en el campo del pensamiento, del arte, de la cultura en general. Y a partir de ese reconocimiento que nos haga sentir más dignamente argentinos, más esperanzadamente y no pensar que no tenemos destino, que no encontramos destino. Dar ese pasito y desde allí empujar hacia delante. Debemos vincularnos más generacionalmente para tener una identidad fuerte, segura y más esperanzadora. |