|
Sábado 6 de marzo - Centro Cultural Municipal Formación: Juan Falú: Guitarra y voz Marcelo Moguilevsky: Flautas, clarinete, saxo y voz Músico Invitado: Rubén Carlini
Comentarios en torno al evento Diario La Opinión – Martes 9 de Marzo de 2004 Juan Falú - Marcelo Moguilevsky ¡AL DIABLO CON LAS ETNIAS! ¡SÓLO MÚSICA Y DE LA BUENA! Sí, al diablo con la separatividad, la desunión, la discordia entre razas. Unión, acercamiento, alianza; eso pide el mundo, cansado de tantas luchas estériles, donde cada porción de humanidad, fanatiza con su sangre y su descendencia, al extremo de querer imponer su efímero reinado terrenal con guerras fraticidas, que no significan otra cosa que dolores y odios abominables, terroríficas consecuencias ambas, que ocupan el lugar donde debería reinar la fraternidad, la unión y la mutua comprensión. ¿Qué significa este encabezamiento?; que Juan Falú es descendiente árabe, y Marcelo Moguilevsky lo es de judíos. Y ambos, consustanciados con su tarea de músicos, nos dejaron un mensaje no sólo de paz, sino de cuanto se puede lograr, cuando una comunión espiritual, una dualidad absoluta es enfocada hacia el logro de tareas comunes, en este caso un dueto musical. Pero comencemos desde un principio. Centro Cultural Municipal, sábado 6, hora 21.30, espectáculo musical, primero subió al escenario Rubén Carlini y su guitarra, conformando así la programada trilogía de brillantes astros luminosos con luz propia. Parafraseando la palabra trilogía, en el teatro griego significaba "conjunto de tres tragedias". Bueno, tragedia fue para quien no asistió al espectáculo, pues Rubén nos brindó un introito, digno predecesor de lo que se nos vino después. Sutil toque que invita al silencio instantáneo del público; compositor de fuste, talento magistral de instrumentista que debería ocupar ya no escenarios de nuestra zona. El país y América toda deben abrir sus oídos y escuchar a este muy querido y apreciado talento rafaelino. A continuación, Juan Falú, -guitarra y voz-, y Marcelo Moguilevsky- flauta, saxo, clarinete, armónica, silbo y voz-, comenzaron su exposición con La Tristecita, y ya fue ovación. De allí en más, el público - que fluctuaba entre el asombro, la apoteosis y el entusiasmo delirante- no paró de ensalzar con aplausos y vítores la tarea, - totalmente en base a la improvisación- de zambas, gatos, chacareras, tangos -si parecía que obras como El choclo o Luna tucumana eran traducidas en primera audición-. Interpretaciones perfectas, donde siempre prevaleció el instrumento solista sobre el acompañamiento, en una simbiosis perfecta de fortes y pianos que permitieron una clara audición desde las notas más graves, hasta los agudos más comprometidos del espectro musical. Una perfecta columna de aire en Moguilevsky demostró que su diafragma recibe diariamente una dosis importante de ejercicio, ¡atenti para los cantantes!, pues todo el aire que pasa por sus cuerdas vocales es transformado en sonido limpio, puro, neto, use el instrumento que quiera. En todos demuestra un gran dominio aéreo. Jamás evaden el sentido folklórico del tema a interpretar. Podrán viajar por armonías exóticas en ciertas ocasiones, pero siempre, siempre se palpa, se intuye la línea armónica y el espíritu del ritmo básico, argumento primigenio del compositor. ¿Cómo se llega a esas alturas? Después de muchísimo trabajo; después de mucha dedicación, investigación, búsqueda. Y no sólo de búsqueda musical, pues esa música, esa amalgama sonora, trasciende lo meramente material, va más allá de un instrumento musical; es ese algo que traspasa la hoja pentagramada para alcanzar una dimensión sublime; es la comunión de las almas con un espectro sonoro invisible a los ojos humanos e inaudible a los decibeles que alcanzan a los mortales oídos. Es la comunión con el Cosmos Musical, sólo alcanzada por aquellos que la buscaron sin pausa pero sin prisa, sin afanes desmedidos de famas, aplausos facilistas o suculentos contratos. Aquellos que supieron encontrar el camino de la redención interior, a través de la más sublime de las artes, la música. Aquellos que, callosas las manos de tanto tocar y tocar, bebieron en la fuente auténtica del conocimiento musical. Y estos dos maestros, hasta tuvieron tiempo para opinar sobre el anteproyecto de nuestra posible orquesta de la ciudad. Informados al respecto, discurrieron ambos que es un paso sumamente necesario e imprescindible la formación de una agrupación de ese tipo. Incentiva al estudiante, ayuda a la radicación de músicos en la ciudad, permitiéndoles al mismo tiempo, continuar sus estudios musicales en otros ámbitos, sin tener que abandonar su ciudad o pueblo natal, sembrando de esa manera, las semillas del aprendizaje que logra desde una enseñanza superior -textuales opiniones de ambos profesionales.- Otra noche inolvidable, otro cúmulo de enseñanzas que no podemos dejar pasar por alto. Pasaron tres grandes, y uno de ellos, es nuestro. Ojalá que estas siembras fructifiquen cada vez con mayor abundancia. Antonio Fassi Diario Castellanos - Jueves 11 de marzo de 2004 - Cultura y Sociedad Juan Falú - Marcelo Moguilevsky IDEAS ESPONTÁNEAS El ventarrón del pasado sábado por la noche amagó con arruinar el inicio de la nueva temporada del Ciclo de Música Popular V, en esta ocasión con la presentación de dos magníficos músicos, compositores y arregladores como Juan Falú y Marcelo Moguilevsky, ‘especialistas' por mérito propio en rescatar los sonidos folklóricos de estas pampas. Afortunadamente, una buena cantidad de público no se dejó intimidar por la intemperie climática y accedió a un buen convite sonoro, el cual estuvo precedido por la exquisitez de la guitarra de Rubén Carlini. El rafaelino, con la humildad propia de los aptos para la música, esbozó una serie de composiciones propias, nuevas y otras conocidas, con una calidez tal que sorprendió a este cronista, conocedor de su talento aunque con mayor rigidez. En este caso, Carlini desarrolló sus obras con mayor relajación en comparación con otras presentaciones, lo cual indica que el tiempo, el estudio y la perseverancia fueron herramientas bien aprovechadas. El auditorio también lo sintió de esa forma, expresados en bien sinceros aplausos. El plato principal, Falú y Moguilevsky, se presentó inmediatamente después; el primero de ellos, con el único recurso de su guitarra acústica y su voz, mientras que el segundo tenía ante sus pies un buen número de diversos aerófonos: clarinete, flautas dulces, armónica, saxo barítono y voz, recursos que, en sus manos, y principalmente con sus pulmones, lograban timbres originales y no muy conocidos para el folklore actual. Esta presentación no constituyó únicamente una exposición sonora de nuestras raíces, sino más bien una recreación natural, intuitiva y abierta de temas populares -y otros no tanto- que, como bien explicó Juan Falú, se desarrollaban a través de “las ideas espontáneas que surgen de nosotros dos”, lo cual para un músico no siempre es fácil. Improvisar es un arte que sólo los maestros entienden, principalmente cuando se trata de motivos conocidos. Tres ejemplos de ello fueron “El choclo”, con un chispeante Moguilevsky en flauta dulce; la emotiva, dulce y melancólica “Alfonsina y el mar”, el cual requirió un bis por parte de los presentes; y “La cueca de los coyas”, con mano firme y potente de Falú en las cuerdas, apoyando a un inspiradísimo Moguilevsky en flauta. El resultado: una originalidad digna de escucharse, sin prejuicios de ninguna clase. Otro ejemplo de buen gusto en los arreglos fue “Silbando”, en donde nuevamente el aerofonista hace honor al nombre de la composición con silbidos de una calidad quizás nunca escuchados por estos lugares. En todo esto, Juan Falú se luce con un sonido puro y bien trabajado, lo cual redondea lo maravilloso que puede ser la música con individuos como los que se comenta aquí. Excelente comienzo de este ciclo que, según parece, pinta promisorio.
Para agendar A su vez, el Ciclo de Música Popular V tiene un programa denominado “Compositores”, en el cual el pianista y cantante paranaense Carlos Aguirre actuará como anfitrión de cuatro compositores de nuestro país, el que se desarrollará en la Sala Sociedad Italiana del Centro Cultural Municipal, a saber: Domingo 14 de marzo: Carlos Aguirre junto al excelente guitarrista Quique Sinesi. Domingo 11 de abril: Carlos Aguirre junto al guitarrista y cantante Diego Penelas. Domingo 9 de mayo: Carlos Aguirre junto al percusionista Marcos Cabezaz (Miembro de la Banda Sinfónica de Buenos Aires). Domingo 13 de junio: Carlos Aguirre junto al pianista Sebastián Macchi. Cabe destacar que la entrada será Libre y Gratuita. Por Eduardo Norris Especial para Diario Castellanos |