Aguirre - Cabezaz PDF Imprimir E-mail
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Domingo 9 de mayo - Centro Cultural Municipal

Formación:
Carlos Aguirre: Piano
Marcos Cabezaz: Marimba 

Comentarios en torno al evento
Revista La Grieta - Centro Estudiantes del I.S.P. de Rafaela - Junio 2004

Aguirre - Cabezaz
DE ALQUIMIAS Y TITIRITEROS

El oficio de convertir plomo en oro ha encontrado un hito en la provincia de Entre Ríos, el “Negro” Aguirre, músico de profesión y alma, zizagueó los andares de su oficio y encontró en el piano el secreto de los Alquimistas.  La entrega total de su serenidad, la simple sonrisa con la que recibe sus aplausos y el piano llenando la sala son la demostración fehaciente de su rito: Convertir música en oro.
Con una canción de cuna y un malambo arreglado a su propio vuelo, Carlos Aguirre inició el domingo 9 de mayo en el Centro Cultural Municipal una fecha inolvidable de la tercera edición del Ciclo de Compositores organizado por el Ciclo de Música Popular de nuestra ciudad.
Invitado por el entrerriano, entró luego en escena Marcos Cabezaz al encuentro de su enorme marimba.  El percusionista integrante de la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires, de voz circense y ojos saltones dejó rápidamente perplejo a un público que seguía atónito el maniobrar de sus manos.  Entre las texturas de jazz, folklore, ritmos latinos y nombre de canciones olvidados, fuimos testigos de cómo los sonidos se transformaban en marionetas articuladas al percutir preciso y gesticuloso del titiritero.
La amalgama, aunque con temas ensayados minutos antes de la función, resultó impecable, y el aspecto principal, por sobre la voluptuosidad musical de ambos, quizás sea el hecho de que disfrutaban de lo que nos ofrecían, eso se escuchaba, se veía y se sentía.
La calidez, el virtuosismo y la sencillez parecen ser una constante en los escenarios del Ciclo.  Nuestra presencia, como herramienta de construcción basal de estos espacios de expresión, no sólo permiten conocer el fluír artístico (invisible en los medios masivos) de nuestro país, sino también fortalecer nuestro vapuleado asombro.
Por Jerónimo Rubino

Revista La Grieta - Centro Estudiantes del I.S.P. de Rafaela - Junio 2004

CHARLA CON EL NEGRO AGUIRRE
Carlos Aguirre nació en 1965 en el pueblo entrerriano de Seguí, y se estableció desde joven en la ciudad de Paraná.  Es compositor, pianista, arreglador, cantante, percusionista, acordeonista y guitarrista. Su música litoraleña se enriquece mediante las sonoridades del candombe, el bossa nova e incorporando el concepto de improvisación del jazz.  Ha tocado con músicos de la talla de Juan Falú, Luis Salinas y Jorge Fandermole, entre otros. 
El domingo 9 de Mayo tuvimos al agrado de escucharlo junto a Marcos Cabezaz (Percusionista egresado del Conservatorio Nacional) en el marco de la tercera jornada del Ciclo de Compositores organizado por el Ciclo de Música Popular.-

-¿Por qué optaste por el discurso musical?

-Es muy difícil de contestar, tal vez a veces uno tiene la suerte de atender a tiempo alguna intuición o alguna voz interior.  Te digo que no podría dedicarme a otro arte porque me siento super inútil, o sea que, por un lado, es porque no me queda otra opción; y por otro lado, siento que es lo que llamó de entrada por una cuestión familiar.  En el sentido de que  cuando tuve uso de razón mi hermano mayor ya tocaba la guitarra.  Entonces el primer contacto con la música fue directo, es decir alguien en mi casa tocando un instrumento y jugábamos a tantas cosas con él que por qué no jugar a esto también.  Sólo que para jugar a la música había que respetar algunas reglas y tener cierto entrenamiento en cosas que yo no tenía.  Yo tampoco sé por qué elegí el piano necesariamente, a veces pienso que por esa cosa competitiva que tienen  los niños, es decir que, si mi hermano tocaba una cosa yo tenía que tocar otra, para que él no me  pueda verduguear.  Puede ser también  que lo elegí por algo más complejo como era el hecho de enriquecer ese juego.  Así que en las primeras bandas las formé con mi hermano, directamente convocado por él.  Fue un paso enorme para mí.

-¿Cuáles son tus influencias?, o ¿En quién  o en qué te inspirás?

-Muchas cosas.  Me gusta ser curioso porque considero que el espíritu artístico es esencialmente búsqueda, indagación.  No es garantía que el que se dedique al arte sea un buscador, hay muchas personas que no lo hacen.  Pero, si vos lo encarás con cierta seriedad la misma música o el mismo arte al que te dediques te va llevando por ese camino.  Entonces, la búsqueda, la experimentación es lo que me permitió meterme en muchos géneros.  He tocado Jazz, folklore, fusión y música moderna.  Pero había un paisaje que me emocionaba en particular, y tenía que ver con el folklore porque toda mi infancia fue en un pueblito, en un paisaje rural, donde había música que me resonaba más y me hacían emocionar sin tener muy en claro por qué.  Resulta  que había palabras, había cosas que decían, que nombraban esas canciones, cosas que yo conocía y vivía a diario.  En un momento yo decido cuál es la música mía, de primera siento que el folklore es lo más cercano a mí.  Pero por otro lado, lo que busco es encontrar mi propio folklore, porque así como uno dice que es folklore es aquella música que es adoptada por un pueblo para sí por más que venga de afuera o sea propia de uno, haciendo como un zoom hacia una persona es un poco eso también.  En mi caso, mi folklore incluye un montón de cosas urbanas también.  Por ejemplo, el Flaco Spinetta para mí es mi folklore, conforma parte de mí.  Entonces, yo quiero hacer una lectura de la ciudad y del país en que vivo, de Latinoamérica, pero desde mi vivencia musical, política, de inserción social.-

-¿Qué diagnóstico podés hacer sobre la realidad de la música folklórica hoy a nivel nacional?

-Para mí es muy alentador mas allá de lo que se conoce, porque el tema es que uno conoce lo menos desarrollado del folklore, pero hay muchas expresiones, incluso como las que se vivieron esta noche (refiriéndose a lo que fue la presentación con Marcos Cabezaz).  Hay muchos compositores en el país que están haciendo música hermosas, por darles un panorama general; en Tucumán Juan Quinteros, en Chaco Coqui Ortíz, en Rosario Jorge Fandermole, Cuchillo de Palo y Myriam Cubelos, bueno en Buenos Aires sería enorme el listado, pero podemos hablar en primer lugar de Dino Saluzzi (Salteño radicado en Bs. AS.), Lilian Saba, Ilda Herrera...  Yo siento que en ese sentido tenemos una expresión nueva del folklore muy desarrollada, el problema sigue siendo el de siempre, o sea, el de la difusión.  Si lo pensamos desde el punto de vista de la difusión, lamentablemente, estas cuestiones están muy bastardeadas y el diagnóstico en este sentido podría ser muy complejo.  Esto tiene que ver con muchas cosas, con un problema muy complejo, que se podría remitir también a procesos políticos que se han vivido en el país donde se “lavan” un montón de cabezas y que apuesta a un pueblo no pensante.  Por ende, un pueblo no pensante es correspondido por un arte no pensante también, un arte de la concesión, del no crecimiento.  El arte de la búsqueda, de la indagación, del que hablábamos antes, necesita de oídos más abiertos, gente que se deje sorprender, que tenga una actitud crítica frente a la vida.  Eso obviamente no conviene  a un sistema y por eso tampoco está dentro de un circuito de difusión.  Pero no es un problema de un solo aspecto, es muy complejo y tendríamos para hablar varios días.  Yo pienso que uno tiene una visión muy chiquita y de eso hace una síntesis, tal vez un diagnóstico se debería conformar con todas las visiones de las personas que están paradas en distintos lugares de la cultura y en distintas provincias.

-¿Cómo definirías ese compromiso social que te guía a la hora de componer? ¿Qué entendés por compromiso social? ¿Observás en otros músicos ese tipo de compromiso?

-En toda la gente que les nombré antes, yo siento un compromiso, cada uno desde su visión y tal vez con más o menos color ideológico.  Aunque ya la búsqueda es en sí misma una ideología.  A mí me encantaría que todo cierre, pero a lo sumo, en lo que puedo tener claridad es en tener una “actitud” frente al arte, en primer lugar de compromiso con el arte y reflejar cada vez con más nitidez los paisajes y las personas que habitan esos paisajes.  De todas maneras no creo que el arte sea un oficio para ponerlo en un pedestal.  Es un oficio que puede, por ejemplo, acompañar un proceso de un país  desde un pensamiento traducido en la música, en este caso acompaña, produce determinados clics en algunas personas, pero no hay que creerse la película de que uno va a producir desde la música una revolución.  Yo creo que en el mejor de los casos uno puede aspirar a acompañar  y a representar un sector determinado, no creo yo en lo masivo, me parece como mentiroso, en el sentido de que ya en una ciudad hay un montón de culturas, la del centro, la de la periferia, la del barrio, etc.  Entonces tener como la soberbia de pretender representar a toda una ciudad entera me parece como totalmente descolgado.  Muchas veces, lo que siento de la música es que es como una especie de elemento aglutinante, eso podría ser una manera de acompañar, es decir, un determinado tipo de música nuclea a un tipo de gente que está queriendo otro mundo, otra vida, y entonces surge esto que vemos ahora, termina un recital y quedan algunas personas hablando, el músico se conecta con otras personas que hacen otras cosas y las mismas personas entre sí... Es como una interacción permanente donde el músico no es un tipo suelto, está muy metido en la red social.  Lo que pasa es que justamente esos procesos políticos de los que hablábamos, han destruido una red social, y todos estamos de alguna forma reconstruyéndola.  Creo que como elemento de reconstrucción de esa red es fundamental la creatividad, no solamente reflejada en el arte.  Cualquier oficio puede ser arte si se lo toma con amor y con creatividad.  Es más, uno puede vivir creativamente y hacer de cada actividad que hace en el día una ceremonia y disfrutarla.  Por otro lado, también nos ha costado a los que vivimos algún proceso más ligado a la militancia en algún espacio político, desprendernos de ese rictus amargo del militante, cuando en realidad, me parece, que todo hay que hacerlo desde el placer y desde el amor.  Y eso se irradia.
Por Marina Destéfanis y María Acosta - 2º Año del Profesorado de Lengua y Literatura.
Colaboración especial: Jerónimo Rubino.

 

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