Lito Epumer Quinteto PDF Imprimir E-mail
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Domingo 12 de septiembre - Centro Cultural Municipal

Formación:
Lito Epumer: Guitarra
Cristian Judurcha: Batería
Abel Rogantini: Teclados
Mario Gusso: Percusión
Gustavo Liangot: Acordeón y voz

Comentarios en torno al evento
Diario Castellanos - lunes 20 de septiembre - Cultura y Sociedad

Recital de Lito Epumer Quinteto
EXCELENTE FUSIÓN DE JAZZ Y RÍTMICA RIOPLATENSE
Por Eduardo Norris
Especial para Castellanos

Nehuén, en idioma ranquel, significa Fuerte. Dicha fortaleza, intensidad, firmeza y demás sinónimos es lo que se palpó con contundencia el pasado domingo 12 del actual, en el Centro Cultural Municipal, con Lito Epumer y su quinteto, conformado por Abel Rogantini en piano eléctrico y teclado bajo, Cristian Judurcha en batería, Gustavo Liangot en acordeón, canto y silbidos, y Mario Gusso en percusión; un verdadero grupo de maestros del jazz y del candombe.
Mario Actis, quien abrió la propuesta con la sencillez y seguridad de su guitarra eléctrica, afirmó que Lito Epumer está más allá de ser un genio del instrumento, y a continuación lo calificó respetuosamente como un enfermo. Parte del auditorio que no conocía al músico porteño no comprendería esta enunciación sino hasta un buen rato después.
Con increíble simpleza y profesionalidad, el piano de Rogantini desgranó los primeros compases de "El Flaco", suave y potente composición que Lito dedicó a una de sus mayores influencias, Luis Alberto Spinetta, y con el que climatizó al público en lo que sería el resto de su propuesta, integrada casi en su totalidad por el repertorio de su última grabación, precisamente llamada "Nehuén". Epumer, sin vedettismos, fue llevando a sus músicos a la temperatura propicia para deslizar sus ideas, las que fueron perfectamente asimiladas por su combo. Siguió "Heidi", con Liangot en escena, quien posee el approach justo para el guitarrista, logrando que esta fresca fusión tenga una mayor potencia, sin estridencias. A esta altura los oyentes estaban absortos en las habilidades individuales de cada uno de los integrantes, en especial con los silbidos y vocalizaciones del acordeonista, en sintonía con los deslices de su instrumento. Epumer, sonriendo en todo momento, anima a sus compañeros a realzar el clima rioplatense con gran eficacia a través de la sutileza de sus cuerdas, siendo ésta una constante en todo el concierto.
"Mula Alma", hermoso tema del Mono Fontana -amigo y ex compañero de Lito en Madre Atómica-, y "Zapatito", después, demostraron que en el jazz no hace falta otra cosa que corazón para interpretar un ritmo que no nos es ajeno como el candombe, a pesar de que en Rafaela no se degusta mucho este tipo de rítmica. "Chacarera del Sordo" (Dedicado a John McLaughlin, guitarrista inglés de técnica terriblemente exquisita, casi inimitable), con Judurcha y Gusso complementándose en una animada "charla" entre parches y platillos, levantó más aún el termómetro, con muchos de los oyentes aflojando sus mandíbulas.
Sí, sí, es muy posible que Epumer y sus músicos sean unos enfermos, pero... ¡qué enfermedad maravillosa que tienen! Lito relaja a la platea con "J.C." para luego continuar con "Candombe para Gardel", de su amigo Rubén Rada, haciendo creer al auditorio que en el escenario existía una auténtica 'negrada', logrando que el espíritu de los presentes termine por aceptar que la música también es "belleza y verdad", al decir del clarinetista Artie Shaw, lo que, en manos de este grupazo, se confirma aún más.
Hermoso concierto de este quinteto. Es de notar que, salvo los teclados y la guitarra, no se utilizó ningún complemento eléctrico extra, al mejor estilo del jazz. Aún con los discretos matices que Lito elegía por medio de su pedalera, la electricidad no fue un vehículo necesario para esta deliciosa presentación. De las cosas más simples se pueden lograr obras formidables. La propuesta vivida compensó con creces las expectativas de los melómanos presentes, los que aplaudieron de pie a los músicos visitantes. A pesar del retraso de media hora en esta presentación, hubo una muy buena organización del Ciclo de Música Popular V, agrupación local que va sumando maravillosos proyectos como el que aquí se comentó. Excelente.

Diario Castellanos - Viernes 24 de Septiembre de 2004 - Contratapa

Entrevista a Lito Epumer
CRÓNICA DE UN ZORRO
Por Eduardo Norris
Especial para Castellanos

Aquellos que conocen el currículum de este artista saben que no se trata de ningún nene recién descubierto, o de un extraño dentro del ambiente musical argentino, aun cuando Lito Epumer gusta de mantener esa imagen under que le es tan característica. Es, sin exagerar, un gigante dentro de los virtuosos locales de la guitarra eléctrica y un compositor y arreglador nato. Pero, aún más importante, es un gran ser humano que demostró mucha entereza y predisposición al venir a tocar a Rafaela junto a su grupo, dejando una impronta muy difícil de olvidar, como ha sucedido con otros virtuosos que han visitado estas pampas.
Epumer (que significa Dos Zorros en idioma ranquel), después del memorable concierto brindado el pasado 12 de septiembre en el Centro Cultural Municipal, se prestó amablemente para hacer un pequeño tour de force, a modo de expediente musical, puntualizando con mucha humildad los principales hitos de su carrera. He aquí, palabras del maestro:

-Empecemos con tu historia musical según tu versión.

-¡Uh, bueno! (Se ríe) Tenemos que hablar como de mil años para atrás, pero si querés una descripción rápida, te la digo: mi primer grupo fue Madre Atómica junto con Pedro Aznar y el Mono Fontana. Eramos rechicos, yo tenía 17 ó 18 años y ellos dos tenían 13 ó 14. Eramos bien verdes en el tema. Lo que pasa es que estuvimos un año ensayando y después salimos a tocar y no paramos más. Ahí fue que se produjo como una especie de explosión, porque nos iba a ver todo el mundo. Y visto cómo son estas cosas, dado que vino alguien a tentar a uno, otro tentó a otro y ahí se produjo el desbande, fuimos para distintos lugares... Como éramos muy chicos no entendíamos que esa unidad podía llevarnos a cosas más altas. Cada uno hizo su carrera, porque eso hacía falta; la curiosidad de hacer otras músicas es enriquecedora, también. Yo me fui a tocar con (Raúl) Porchetto, pero te puedo decir que el primer mojón en mi vida fue Madre Atómica. El segundo es Dino Saluzzi, con quien empecé tocando a los 21. Imaginate lo que es tocar con ese tipo... El te venía con otra cosa...

-Era ir más alto.

-Significó escalar montañas. Dino me brindó algo que realmente lo ves o valorás años después. Paralelamente, tuve un montón de experiencias con gente del jazz. Estaba el bar Jazz & Pop, y vos íbas ahí a practicar y tenías el lujo de tocar con Horacio Larrumbe, Jorge Navarro, el Negro González, todos tipos muy generosos que ayudaron a que salieran otros músicos muy importantes con los que hacías contacto y que te llevaban a conocer más gente. Después, toqué con Celeste Carballo y Luis Alberto Spinetta, quien fue otro hito para mí. También fue muy importante en mi carrera Rubén Rada, que evidentemente me marcó a fuego.

-Se notó, y bien clarito.

-Sí, sí; fueron cuatro años de haber tocado con él y con los hermanos Fattorusso, a quienes yo admiraba desde que estaban en el grupo Opa... De golpe, estar junto a ellos fue muy bueno. También, conocer a todos los Tambores de Montevideo, que son terribles, fue algo increíble porque son tipos muy capos que te aceptaban y te daban lugar para tocar con ellos. Cada cosa te va dejando algo, ya sea en el sentido profesional o artístico, como compartir escenario con Lito Vitale, o con el gordo (Alfredo) Casero, que es un actor muy creativo que de repente se larga a hacer otra cuestión, en otro rubro, como la música. Y bueno, llegó un momento en que me dediqué más a mi música, siempre tocando con músicos muy buenos como Guillermo Vadalá o Javier (Malosetti)... En sí, siempre se vuelve al cruce con casi los mismos artistas con los que nos conocemos desde siempre. Ahora estoy en dúo con Armando Alonso, que es un amigo de hace años y con el que vamos a grabar un disco.

-En el caso de Madre Atómica que, como dijiste recién, fue un grupo que gustó a mucha gente, y más aún después de ese sólo disco que editaron en 1986, ¿se puede plantear la hipótesis de volver a juntar la agrupación?

-En realidad, con la formación del disco "Madre Atómica" fue algo que quisimos hacer perdurar. Pero no estaba Pedro (Aznar), que es una de las piezas originales. Estaban Guillermo Vadalá, Jota Morelli, el Mono (Fontana) y yo. O sea, de los fundadores sólo éramos dos. A mí me interesaría saber qué pasaría si nos juntamos los tres otra vez, y más en este momento en que me llena de orgullo saber que mis mejores amigos siguen intactos de la cabeza y que cada uno avanzó en lo suyo, sea cual sea el rubro. Nadie se quedó, y eso es muy lindo, porque empezaste con tu primer grupo y ahora ves lo que llegó a ser Pedro, o lo que está haciendo actualmente el Mono... Sería increíble, no sé. No tendría límites.

-Entonces, ¿qué posibilidades hay?

-No, no lo veo. No lo veo porque estamos haciendo cosas en corrientes muy diferentes. Ahora estoy elaborando algunas cuestiones que me acercan más a Pedro. Dentro de un par de semanas entramos a grabar un disco en el estudio de él, donde lo va a mezclar y en el que va a participar de varios temas, algunos con Spinetta. Va a ser una cosa que nos va a unir más; tenemos una concepción muy parecida en cuanto a lo crudo, a lo rústico, de lo acústico, considerando que la guitarra eléctrica ya se toma como un algo clásico.

-Es un instrumento clásico.

-Claro, como el piano acústico. Que tenga enchufe o no es algo que ya no interesa. No es lo mismo que un sintetizador. Pero, volviendo a la pregunta de Madre Atómica, ojalá que se dé en algún momento algo así como una reunión. A mí me encantaría.

-Me anoto. Ahora, ¿el jazz es todo, o solamente se trata de un vehículo dentro de tu música?

-Es como lo dijiste vos. Es mi báculo, es de donde yo salí. Pero tengo gustos muy variados... (Piensa) Te diría que nunca fue mi interés tocar standars o de desarrollarme por ese lado, es algo obvio. Me gusta más por lo armónico y todo eso. Me parece que el jazz es la música más abierta y más rica, y de ahí podés hacer distintas cosas. Pero no es el motivo de mi vida.

-Un recuerdo lindo que tengas de María Gabriela.

-Lo que me sirvió de su ejemplo es que hay que disfrutar de las cosas y de que hay que vivir cada momento como es. María Gabriela era de tirar siempre para adelante, y yo tomé esa posta. Siempre me decía: "Dale, que vos sos un tipo talentoso", y "¿Qué hacés, que te quedás ahí quieto?". Era mucho más rápida, en el sentido de moverse con las relaciones públicas, de ir más de frente. Desde que ella no está empecé a abrirme más, porque antes yo era un tipo más huraño. Hoy, mientras estaba tocando y se sentía ese crescendo durante el concierto, te aseguro que hubo un momento en que me estaba acordando de ella. No hay día ni momento en que deje de pensar en ella todo el tiempo. Eso lo puede entender alguien que sufrió una pérdida como ésa.

 

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