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Sábado 16 de julio - Teatro Lasserre Formación: Juanjo Domínguez: Guitarra Rubén Díaz: Guitarra Raúl Domínguez: Guitarra
Comentarios en torno al evento Diario La Opinión – Domingo 17 de julio de 2005 CONCIERTO DE JUANJO DOMÍNGUEZ TRÍO Con buena respuesta anoche se llevó a cabo otro encuentro enmarcado en el Ciclo de Música Popular. Realización que contó con la organización del Centro Ciudad de Rafaela y la Asociación Cultural Otras Voces, convocando en esta oportunidad la presencia de Juanjo Domínguez Trío. El grupo está integrado por: Juanjo Domínguez y Rubén Díaz en guitarras y Raúl Domínguez en guitarrón. En calidad de músicos invitados actuaron Daniel y Walter Colasso. El público que se acercó a la sala del bulevar Lehmann se deleitó con las ejecuciones del destacado músico que es un profundo conocedor del instrumento. Poseedor, además, de un toque que trasciende las técnicas académicas tradicionales, a lo que agrega sentido de la improvisación y un especial cuidado de la rítmica. Las ejecuciones merecieron un cálido reconocimiento de la platea que aplaudió a rabiar y vivó a los músicos. Diario La Opinión – Martes 19 de junio – Página 16 Recital de Juanjo Domínguez Trío VOLVIERON LAS GUITARRAS
Sí, volvieron las guitarras!, y volvimos a escuchar sones que cimentaron nuestra música popular a través del tiempo y la distancia. Volvieron renovadas, trayendo un mensaje distinto, pero con el “sonido de antes”, aquel inconfundible sonido de guitarras gardelianas y cuyanas, pampeanas y orientales, que popularizaron el instrumento más querido de nuestra tierra Argentina. ¿Y quiénes fueron los artífices que supieron adentrarse profundamente en el alma de géneros tan disímiles entre sí y acercarnos interpretaciones estilísticamente acabadas? Nada más y nada menos que Juanjo Domínguez Trío, quienes a través de hora y media en la noche del sábado último derramaron sobre el escenario del Lasserre una catarata de luminosas armonías, propias de “grandes” en todo el sentido de la palabra. Interpretación tras interpretación demostraron por qué le mundo los reconoce y admira como a grandes intérpretes del instrumento criollo. Cabal desarrollo temático, limpieza de toque, tanto en pasajes lentos como en los vertiginosos compases, donde la mayor velocidad metronómica no alcanzaría a marcar los tiempos de ejecución. Clara y matizada emisión sonora donde es común encontrar pianos apenas audibles y “Fortes fortísimos”. Sin embargo, es posible seguir tanto la línea melódica como armónica con total facilidad, lo que no es cosa simple, pues Juanjo Domínguez maneja de tal manera la técnica instrumental que utiliza todas las figuras y sonidos que pueden brotar desde un instrumento guitarrístico. Escalas, trémolos, staccatos, apoyaturas, ligados, se suceden con pasmosa velocidad y acertada dicción, donde ninguna nota sobra, pero tampoco falta. Ferviente continuador de las “guitarras de Gardel” (declarado antes de subir al escenario y manifestado luego durante el desarrollo del repertorio) recibió su título de profesor a los doce años, siendo laureado concertista cuando transcurrían sus dieciocho. Trabaja diariamente muchas horas, según expresó en afables términos el propio maestro ¿Es lógico!, para alcanzar las digitaciones utilizadas en sus interpretaciones se necesita poseer un dominio del instrumento, donde no alcanza el emitir solamente notas. El músico debe consubstanciarse, compenetrarse con su utensillo ejecutor, sumergiendo su alma en las profundidades cósmicas del mismo, asociándolo infinitamente a sus ejecuciones. Caso contrario, corre el riesgo que el mismo lo traicione y no logre arrancar en sus interpretaciones más que notas frías, desprovistas de acepción. Indudablemente estos músicos poseen una total consusbtanciación con su tarea ejecutora. Decoroso papel el desempeñado por Daniel y Walter Colasso. Padre e hijo supieron ponerse a la altura de las circunstancias y oficiar correctamente como músicos anfitriones. No es fácil para nada tocar guitarras frente a un público ansioso por la actuación de Juanjo Domínguez, público que supo apreciar y reconocer a nuestros dos correctos guitarristas. Dejamos para el final el único punto lamentable del hecho en sí. Es cierto que el público presente aplaudió a rabiar, ovacionando cada tema expuesto; es cierto que estuvieron muchos guitarristas rafaelinos, pero cuán lamentable que solamente la mitad de las butacas estuvieran ocupadas. Nuestra ciudad que se precia en poseer una elevada cultura musical, no puede dejar escapar oportunidad como la aludida, cuando los artistas que suben al escenario poseen semejante caudal de conocimiento ejecutivo-educativo y una estrellada cartelera internacional. ¡Demasiados pocos oídos para captar tanta grandeza interpretativa! Loable esfuerzo de la Asociación Cultural Otras Voces, acercando cultura y erudición musical para beneficio de la sociedad que nos identifica. Y aunque no siempre recogemos aquello que pretendemos cosechar, ninguna meritoria iniciativa cae en el vacío relativo. Y así lo demostró el público asistente, aclamando sin reticencias a quienes brindaron tan generosamente sus magistrales ejecuciones sobre el escenario. Por Antonio Fassi - Especial para Diario La Opinión. |
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