| Lucho González, Hubert Reyes y Dora Chávez |
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Viernes 23 de julio - Teatro Lasserre Formación: Diario La Opinión - Domingo 1 de Agosto de 2010 - Suplemento RASTROS usos del arte y las ideas - Año III - Nº 125 Tapa HABLADO POR LA GUITARRA
Páginas 2 Y 3 LA VIDA EN DOCE NOTAS MUSICALES El pasado viernes 23 de julio, en el marco del Ciclo de Música Popular organizado por la Asociación Cultural Otras Voces con el aporte de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura, el guitarrista Lucho González brindó un concierto en el Teatro Lasserre ante un buen marco de público. Acompañado por el percusionista Hubert Reyes y la cantante Dorita Chávez, el músico peruano demostró la solvencia de su capacidad interpretativa que le ha permitido, a lo largo de una trayectoria de cuarenta años, acompañar a diversas figuras como Chabuca Granda, Mercedes Sosa, Ana Belén y Juan Carlos Baglietto, entre otros. -A lo largo de tu carrera musical te diste el lujo de acompañar a muchas mujeres cantantes. ¿Con quién te sentiste más cómodo? -Yo te voy a decir con quienes toqué y vos mismo podrás responder esa pregunta. Empecé con Chabuca Granda, luego acompañé a Sandra Mihanovich, Julia Helena Dávalos, Ana Belén, Mercedes Sosa, Hilda Lizarazu... ¿Ya? Es imposible no sentirse cómodo con cada una de ellas. Me considero un hombre de mucha suerte, Dios ha querido que aparezca en el camino de estas enormes intérpretes a las que les gustaba mi forma de tocar la guitarra en sus canciones. Esta magia se la atribuyo a Dios y a mi herencia. Porque soy hijo de un gran cantor peruano que fue Javier González, que siempre estuvo rodeado de buenos músicos y eso ha sido uno de los mejores aprendizajes de mi carrera.
-Mis padres se conocieron y se casaron en Argentina, yo nací de casualidad en una gira de mi padre en su país de origen. Al llegar a los tres meses a Buenos Aires e irme al Perú recién a los dieciséis años, me considero un porteño más, aunque de origen peruano. Yo tengo una formación musical y estética que tiene que ver con la Argentina por el hecho de haberme criado acá. Sin embargo, mi casa era un hogar muy arraigado en la cultura del Perú, era una casa con cultura peruana. Y yo escuchaba a mi padre cantar canciones tradicionales de mi9 país de origen. Por otro lado, a los once años conocí la música brasilera y nunca más pude salir de esa maravillosa prisión; por eso también mi formación es bastante ecléctica. Tu pregunta es atinada porque la amplitud de mi criterio musical tiene que ver con Latinoamérica, aunque me gusta escuchar música clásica y jazz, que no son ritmos de origen latinoamericano pero es una música compleja y exquisita que también fue determinante en mi formación. -Mas allá de lo musical, ¿por dónde pasa la esencia de un músico latinoamericano? -La cuestión de ser o no latinoamericano tiene que ver con crianzas, fundamentos étnicos, políticos si se quiere, pero las doce notas son iguales para todos los occidentales. Toda música que esté bien construida me enseñó muchas cosas, siempre. Esta noción de construcción musical es siempre personal; a mi, por ejemplo, la música de Brahms me aburre, pero no la de Tchaikovsky. Pero esta elección responde a mi gusto, y en eso existen arbitrariedades que son misteriosas.
-Todo género de arte me interesa muchísimo. Soy un fanático de la literatura, tengo el título de bachiller en letras, siempre he tenido una formación humanística muy especial. Soy ex-alumno de la Universidad Católica de Lima, donde estudié Derecho, pero en cuarto año fui derecho a la música: Chabuca Granda me pidió que fuera su guitarrista, era una oferta que no podía rechazar. A partir de ahí se me abrieron las puertas al mundo de la música, que es un tremendo bosque al que se entra y del que difícilmente se pueda salir alguna vez. Salvo que seas un aprendiz, entonces te dan una visa de turista. Un caso ejemplar de esa visa son los críticos… A los músicos que vivimos en ese mundo no nos queda más remedio que adentrarnos en ese bosque, ahí donde uno va a encontrar fauna, flora, paisajes nuevos. La música es maravillosamente eterna, cada vez que uno estudia y se adentra, puede descubrir más cosas y hacer florecer el don que alguien le dio al músico. En un país como en la Argentina, no estudiar es un pecado; acá existen los mejores maestros de toda América Latina y de muchos lugares del mundo. A raíz de las guerras, este país le abrió los brazos a representantes de todo el mundo musical europeo, hay escuelas francesas, italianas, rusas, polacas. Y los discípulos de esos grandes maestros me enseñaron mucho. Yo soy ex alumno de Haydee Gerardo, la tecladista del Quinteto Telerman; de Juan Carlos Cuacci, Juan Carlos Cirigliano, Gabriel Senanes, de Manolo Juarez. Tuve la suerte de poder estudiar con ellos y desarrollar nuevas técnicas musicales. -Hablando de la música, y en un terreno que excede lo técnico, ¿creés que ya está todo inventado? ¿Ves una renovación en cuanto a propuestas o es una repetición de viejas fórmulas?
Por Alejandro Menardi
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Convocado por la Asociación Cultural Otras Voces, el guitarrista peruano Lucho González brindó un recital en el Teatro Lasserre. En una larga entrevista con Rastros repasó su historia musical y su experiencia junto a músicos de gran trayectoria internacional.
Ameno, coloquial, humilde, González dialogó con Rastros en un bar céntrico de nuestra ciudad horas antes del concierto. Lo primero que hizo fue advertir que “para mí es un gran placer estar nuevamente en una ciudad entrañable como esta, que está representada en una figura que admiro y que tuve la suerte de conocer y no tiene nada que envidiar a los más grandes compositores contemporáneos, no solamente de Argentina sino también de todo el mundo. Me estoy refiriendo a Don Remo Pignoni. Por eso, llegar a Rafaela es imbuirse en el espíritu maravilloso de la música de Pignoni, como ir a Tucumán es imbuirse del espíritu de Mercedes Sosa o llegar a Lima significa encontrarse con Chabuca Granda cantando en el corazón apenas uno baja del aeropuerto. Por eso aprovecho para agradecer a la gente que trabaja para llevar esto adelante. Esta no es una época en la que uno pueda contar fácilmente con un teatro lleno, con un público ávido y curioso, con expectativas de escuchar música que no ocupa lugares centrales en el mercado. Es un esfuerzo ir al teatro, es un esfuerzo mantener el interés por los músicos populares de acá, y el hecho de estar en una ciudad como Rafaela siento que es un placer en serio. No es un cassette lo que estoy diciendo, es muy real. He venido infinidad de veces y nunca he dejado de ser feliz”.
-El hecho de haber nacido en Perú, ¿es una influencia a la hora de componer tu música?
-Dentro del arte, ¿qué otras expresiones o disciplinas te interesan además de la música?
-No se ha detenido de ninguna manera. Lo que pasa es que uno se confunde porque la música que se está utilizando para ser distribuida y ser escuchada por la mayoría es más bien música bailable. Son composiciones muy simples y muy respetables como expresiones, porque cada uno tiene derecho a usar las neuronas que tenga hasta donde puede y nadie debe oponerse. A mí, personalmente, hay música que no me gusta, pero si de todo lo que uno escucha dice que toda música nueva parece ser desechable, hay que tener cuidado porque también aparece Juan Quintero, Aca Seca, el Negro Aguirre. Pedro Aznar y Lito Vitale siguen vivos y produciendo, la música siempre da para más, nunca se va s detener. Voy a usar una frase muy hecha; en un país como éste, que es un crisol de razas, la química que se produce en este laboratorio es tan especial que no es lo mismo en otros países. Lo que pasa acá es muy especial en ese sentido, hay una posibilidad de mezclar cosas que resulta interesante, no digo que sea mejor ni pero a otras regiones, pero sí es diferente. En toda rama del arte hay cosas para encontrar, la escuela cusqueña de pintura es maravillosa, sobre literatura… Por ejemplo, en el país donde yo nací no hay gran cantidad de músicos, pero sí se pueden encontrar una gran cantidad de escritores y poetas. Hay mucho por ver, mucho por apreciar, todo depende de hasta dónde uno no es chauvinista y tampoco amarillista, o sea no es fanático de este lugar o quisiera estar en otros. De los otros lugares uno tiene mucho que aprender. A mí me pasó que, con tantos viajes realizados acompañando a Mercedes Sosa, era imposible no ir dos veces por semana al Louvre cuando estaba viviendo en París por seis meses. Yo sentía la necesitaba imperiosamente conocer y comprobar con mis sentidos lo que me habían contado o lo que había leído en libros y visto en películas. Cuando se tiene la suerte de adquirir la propia experiencia, cuando se puede realmente “estar ahí”, hay que lanzarse y conocer. Mas allá de la forma en la que uno vea la vida ¿no?.
