Yusa PDF Imprimir E-mail
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Viernes 10 de septiembre - Salón Venice del Club Atlético de Rafaela

Formación:
Yusa: guitarra, bajo y voz
Mario Gusso: percusión

Diario La Opinión - Domingo 19 de setiembre de 2010

Suplemento Rastros - Usos del Arte y las ideas – Año III – Nº 132 – Página 4

LA VOZ NEGRA

En el mundo yoruba de los mitos afrocubanos el hombre, a diferencia de las demás religiones, no mira hacia arriba, hacia el cielo, sino que su confianza está arraigada a la tierra, de manera que su contemplación es hacia abajo, hacia el mundo y el sub-mundo.  Se sabe que la base de las creencias afrocubanas en su matrimonio con el catolicismo heredado de España ha pergeñado en la isla de Cuba una muy particular cosmogonía: la fuente de las creencias está aferrada a viejas fórmulas sagradas que le permiten al hombre fundir su espíritu con la naturaleza, hermanar a los muertos con los vivos para que se produzca un encuentro, aunque sea fugaz, con los dioses o los antepasados.
Quien haya permanecido alerta y perceptivo en el concierto que brindó Yusa en el salón Venice, en el marco del exquisito Ciclo de Música Popular que organiza la Asociación Cultural Otras Voces, habrá notado algo de ese hábito sobrevolando cada melodía, cada intervención vocal o rítmica de los dos músicos que cargaron con el impulso artístico esa inestable noche del viernes. Fue imposible permanecer indeferente al arrollador rasguido, percusivo y delicado al mismo tiempo, de la cubana, que nos sedujo con su voz nutrida de antiguos sones negros y de las brisas con que el viejo mar acaricia las desvencijadas casas de La Habana, su ciudad natal.

Los originarios ritmos africanos parecieron despuntar, aunque leves, en los desbordantes e incisivos destellos métricos que a cada momento encauzaban el canto (de la voz o de la guitarra).  El color instrumental desafectado y fresco que propuso Yusa encontró su envase cimbreante y resistente a la vez en los prolijos encadenamientos rítmicos del percusionista porteño Mario Gusso quien, lejos de enmarañar el discurso musical de la voz principal, lo acompañaba de manera pródiga y sencilla a la vez, oxímoron que la música permite de tanto en tanto.  Ya el segundo tema (en general el primero, a menos que dilapide virtuosismo o movimiento escénico deliberado o bien sea un clásico conocido por el público, nos pasa desapercibido porque el primer contacto con la agrupación otorga demasiados estímulos en poco tiempo) nos transportó a un escenario de relajado funky, con el timbre rasgado que Yusa heredó de prosapia tropical, combinado con un ineludible tono jazzero.  Y es que esta genial artista no deja de beber, como lo hicieron históricamente los músicos cubanos y, en particular, la nueva generación heredera de la Trova y de la música tradicional, en toda fuente que esté a su alcance, de manera que el resultado es el mismo que disfrutamos la noche del viernes, en un ambiente mas bien íntimo, algo duro por la proliferación del gris y el blanco y el metal y el vidrio.  Alguna vez Yusa citó sus más presentes influencias, y los nombres elegidos dan cuenta de la hibridación en la que reparamos: Santiago Feliú, Carlos Embale. Sting, Led Zepellin, Chick mCorea, Pastorius, Meshell Ndgeocello, incluyendo a sus contemporáneos Descemer Bueno, Pável Urquiza, Roberto Carcassés, Haydée Milanés, Telmary, entre otros.  Precisamente con Carcassés, un músico tan talentoso como genial, poco difundido por la estrecha capacidad de transmisión de la que dispone la isla y a merced del caprichoso mandato del mercado discográfico mundial, cabalgado por los Estados Unidos, participa la cantante de un extraño y original grupo de jóvenes talentos cubanos: “Interactivo”.  Esta agrupación abocada a la expansión creativa de sus integrantes, todos, como dijimos, diestros músicos que no se ven obligados a permanecer más de lo que crean necesario en él.

Como no podía ser de otra manera, tratándose de una cubana del centro, con ritmo de bolero despuntó el tercer tema de la noche titulado simplemente “La número dos”, dedicada a sus padres, quienes la iniciaron en la escucha musical desde muy pequeña.  Este gran género cubano por excelencia, que, por otra parte, ha sido desmalezado por varios músicos de pésimo criterio musical, tuvo en el dúo unos lectores vertiginosos y atrevidos.  Durante el desarrollo de la interpretación podían definirse claramente algunas cadencias del danzón y la habanera, ritmos afines que le otorgaron identidad a la isla, pero tamizados a través de una estructura jazzística más a tono con la improvisación que con el formalismo al que nos tienen acostumbrados muchos intérpretes.  El rasgueo tan característico del género rememoraba, en la virtuosa mano izquierda de la cubana, aquellos tríos de guitarras que allá por la década del 30` terminaron de definir el género y de otorgarle su forma definitiva., extendiéndoles un producto ya acabado a las grandes orquestas tropicales de los 50` y 60` (encargadas, dicho sea de paso, de animar los bailes y las fiestas que justificaron el mote de “burdel de América” a La Habana capital).  Otros temas como “Tomando el centro”, de su primer disco solista, o “Quédate” o alguna música incidental para obra de teatro del absurdo cubano, demostraron la original lectura de Yusa, quien no reniega ni de la textura española de su música natal, ni de potencia rítmica africana tan característica de los países caribeños, pero tampoco desecha la más pura tradición jazzística estadounidense.  Y este lenguaje abierto y desprejuiciado es el que acarrea tanto éxito, incluso en Argentina, donde acaba de grabar un disco en vivo junto a artistas invitados (Liliana Herrero, Raly Barrionuevo, Hugo Fattoruso, entre otros) en el floreciente “Café Vinilo” del barrio de Almagro.  Esta permeable capacidad musical ya estaba en sus genes, porque siendo una niña escuchaba con deliberada atención a los grupos de folclore argentino que tuvieron su momento popular en la Cuba de los 80` y como prueba de esto interpretó una chacarera escrita en los inicios de su trayectoria musical como compositora.

Hubo un momento para el lucimiento con el bajo eléctrico de cinco cuerdas en el que Yusa fantaseó su particular universo sobre el diapasón sin trastes del instrumento, por el camino agitado del funky, y allí pudimos comprobar el virtuosismo de esta mujer de cuerpo menudo pero de una potencia sonora que trascendía el breve salón que nos contenía.  El diestro vuelo de los dedos de su mano izquierda brindó un relámpago de acordes y melodías unidos con tanta claridad que difícilmente lo olvidaremos.  Esta destreza admirable, entre otros atributos que ya mencionamos, es la que le permitió recorrer el mundo y tocar junto a consagrados grupos americanos y europeos.  Quizás el encuentro más felíz de los últimos tiempos en el cono sur del continente tuvo su concreción cuando se juntó con el músico brasilero Lenine y el percusionista argentiuno Ramiro Mussoto para formar el “Trío Planetario”, con quien llegó a grabar en París un DVD en vivo que logró un Grammy en la categoría  “Best Brazilian Contemporany Pop Album and Best Song”.  Su itinerario la llevó por casi todos los países de América del Sur y Europa. Donde se presentó compartiendo escenario junto a Lila Downs y Susana Baca en la gira “Latin American Voices”, incluso hasta Japón, país al que arribó contratada por el sello Blue Note y en el que realizó una serie de recitales en la capital, Tokyo.

Sin embargo, el peso y la resonancia de estos logros parecieron esfumarse en esas dos horas que duró el recital.  La voz de Yusa, una verdadera artista universal, lleva consigo no sólo el soplo caribeño sono también la textura tradicional de la música europea y africana.  La noche, agradecida, al final se desplomó con un profuso aguacero que parecía más bien otra música enredada a la que todavía perduraba en la reciente memoria.

Por Jonatan Santillán.

 

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