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Sábado 25 de septiembre - Teatro Lasserre Formación: Javier González: guitarra y voz José Olmos: percusión y voz Rodrigo De Brix: voz Agustín Casenove: guitarra y voz Mario Ruiz: guitarra y voz Esteban Mannarino: bajo Marcelo González: guitarra eléctrica Hernán Carnero: batería Adrián Manfrín: teclados
Diario La Opinión - Domingo 3 de octubre de 2010 Suplemento Rastros - Usos del Arte y las Ideas - Año III - Nº 134 - Página 4 La banda santafesina “La Clave” sopló aires orientales de murga y candombe en su presentación en el Teatro Lasserre, dentro del Ciclo de Música Popular organizado por la Asociación Cultural Otras Voces con el aporte de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura. Desde que un pequeño grupo de españoles pasó por el Uruguay con un espectáculo de zarzuela, se juntara para cantar en las calles y “pasar la manga” allá por 1909, el rodeo de la murga como género transitó un prolífico camino, sobre todo en tierras artiguistas, aunque floreció también en Brasil y Argentina. Apenas la compañía abandonó Uruguay para continuar con su gira apareció la complexión histriónica y mordaz que sería el sello inexcusable de esta manifestación musical y que tuvo un comienzo improvisado: un grupo de uruguayos se reunió y armó otra compañía, “La Gaditana que se va”, parodiando a la recién desaparecida agrupación española. Antes de este mojón un tanto caprichoso ya existían las “mascaradas” que en la época del carnaval animaban al pueblo regado en las calles, pero puede señalarse este acontecimiento como el nacimiento oficial de la murga. Y como sucedió con gran parte de la música que recaló en el Río de La Plata, un pequeño mar vehemente y preguntón, esta incipiente expresión fusionó con otros ritmos auténticos que estaban establecidos desde mucho tiempo antes. El folclore afro-uruguayo, por ejemplo, con el candombe como bandera le aportó picardía musical y un timbre bajo y nebuloso que enriqueció sus columnas. Pero ávido de nuevos flujos y complexiones adoptó algunos personajes típicos del carnaval veneciano y de la Comedia del Arte: es frecuente escuchar enmarañados en sus versos al nostálgico Pierrot, a su eterna amada, Colombina, y al Rey Momo, entre otros. La sociedad criolla, dada a las costumbres sociales y amante de las tertulias, tizne latino en la sangre, le aportó el color grupal. De manera que lo que al principio fue un cuarteto o un quinteto, con el tiempo se convirtió en un grupo de 12 a 20 cantores que concibió el único género polifónico de la música tradicional de esas tierras. El grupo santafesino “La Clave” inició su repertorio con una clarinada, saludo o presentación que muy cerca estuvo, si se nos permite la licencia novelesca, de aquella que los de “La Gaditana que se va” brindaron en su primera manifestación: un tinte festivo y precipitado de coplas que fueron inundando la sala del Lasserre, rebotando las palabras contra las paredes, a manera de primer golpe sonoro que invitó sin mediación alguna al contoneo y al movimiento rítmico de los espectadores. Un quinteto desfachatado de voces que irrumpieron con estampa de fanfarria enhebrando luego de la clarinada, temas propios, de Eduardo “Pitufo” Lombardo y el “Negro” Rubén Rada, incluido el consagrado “Candombe para Gardel”. Dueños de una simpatía y de una apertura poco frecuente, los intérpretes arribaron al tema “Los que esperan...” que le da título a su primer trabajo discográfico. La participación de Hugo Fattoruso en acordeón, de “Pitufo” Lombardo y Alejandro Balbis en voces, otorgan a este disco una trascendencia muy especial. Habla, además, de la calidad que esta agrupación relativamente joven (se formó a fines del 2004) ofrece con su propuesta compendiada de candombe, murga, milonga, rock y ritmos afros. Un grupo con estilo definido, puesto que la coherencia musical y discursiva nunca se vio afectada por el cambio de género, operación que resulta más difícil de lograr que lo que se piensa comúnmente. No podía estar ausente el prócer de la música uruguaya, Jaime Roos, así que se despacharon con una excelente versión de “Los futuros murguistas”: “Iluminando el pasado,/ desafiando al futuro,/ denunciando el presente/ con un simple ritual,/ los futuros murguistas/ van a ver cada noche/ a la murga ensayando/ el futuro carnaval...” Y como corolario de la presencia del gran músico uruguayo interpretaron “Querido Jaime”, una canción en ritmo de candombe y milonga cuya letra rememorando un aliento epistolar, declara sentires y pareceres del pueblo que, retratados por Roos, parecen cobrar una presencia apabullante es esta época. Y es que uno de los pilares de la murga ha sido, desde sus comienzos , la denuncia social, el comentario político, la feroz y cómica crítica hacia la clase y el poder dominante. La letra de la murga cargó (en períodos de oscuro dominio) y carga con el sentir del pueblo, con su sabiduría ingenuamente certera, con sus temores más frecuentes al mismo tiempo que manifiesta sus más grandes alegrías y esperanzas (resuena todavía la letra de Jaime Roos: “De dónde vienen,/ de dónde salen/ los herederos/ de la tradición?/ Escuchen otra voz,/ ¿de quién será?/ La murga vive,/ nadie le enseña en ningún lugar,/ Los botijas se la saben/ y después quieren cantar...”. La cita precisa estuvo a cargo de algunos integrantes del grupo que, en interludios de exposición oral, manifesrtaron su beneplácito por la inminente validación del decreto que reinstaurartá los feriados del carnaval en la República Argentina luego de que fueran excluidos por el gobierno de facto que asumió el poder en 1976. La nostalgia tuvo su desfile cuando los integrantes de mayor edad recordaban aquellos carnavales que fueron tan estimados por el pueblo argentino antes de la dictadura y que plasmaron en un tema titulado, justamente, “Nostalgias del carnaval”. Otro momento de genuino espíritu murguero fue la interpretación de un tema propio del grupo titulado “Tocan”, inspirado en las batucadas que en los orígenes del estío comienzan a escucharse en los barrios periféricos de las ciudades del interior, ensayando los ritmos y las coreografías exhibidas luego en los desfiles y que sirvió como plataforma para la exposición personal de la situación que viven los grupos más carenciados, quiene depositan en la música todos sus anhelos y sus desengaños. Hubo tiempo para el lucimiento instrumental en un interludio que animó a los solistas a improvisar y a demostrar sus cualidades técnicas. Y ya hacia el final, la “retirada”, que despertó fervor en el público presente, escaso, pero no por eso menos apasionado o entusiasta. Los aplausos efusivos colmaron todas las butacas que esa noche de sábado se tambaleó un poco por los ecos de ancestrales comparsas y recordaron que la alegría del pueblo no se puede callar. Mientras la gente se retiraba de la sala aún resonaba la letra viva del gran Jaime: “Hay tradiciones/ que están más muertas/ que un faraón./ Quien baila el pericón/ Quien pide que le den/ la comunión./ Hay otras vivas en las esquinas de la ciudad:/ los botijas las aprenden/ aunque los quieran parar...” Por Jonatán Santillán. Especial para La Opinión. |