Sumergida en la Música PDF Imprimir E-mail
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Revista Ñ - Domingo 3 de enero - Sección Música

Una caja con su discografía desde 1987 hasta 2007, la ubica, por fin, en un lugar central de la música popular argentina. En este diálogo, Liliana Herrera, repasa su trayectoria y valora el legado de Mercedes Sosa, que dejó en ella una legítima representante.

Por Diego Manso

Que nuestra Mercedes se haya muerto mueve, ahora, todas las fichas. Vendrán momentos duros porque ella fue, a su modo generoso, la validación de lo mejor y lo peor de la música argentina de los últimos cincuenta años. ¿Era la misma Mercedes la que grababa a dúo con Nacha Roldán y Raúl Carnota la que luego hacía lo propio con Soledad Pastorutti o Los Nocheros? ¿Era la misma la que, por caso, grababa una zamba de Guastavino y más tarde una canción de Alejandro Lerner? Habrá que sentarse a pensar al respecto.

En serio. Porque Mercedes fue tan central para la música popular de este país que ni el paso de las generaciones podrá resistirse a su imperio. Es cierto, sin embargo, que el consorcio festivalero puede pasar de ella tranquilamente y no hay más que remitirse a ciertos revoleos y a cierta lírica hortera que hoy por hoy llena estadios con la misma facilidad que sale el algodón de azúcar a la entrada del zoo. Conviene, entonces, registrar lo que importa. Por eso aquí está Liliana Herrero, que funciona en este contexto y tal vez –habrá que darle tiempo al tiempo todavía– como la única cantante folclórica prohijada por Mercedes capaz de allanar el camino hacia el futuro. Liliana es una cantante extraordinaria que sigue por el camino que Mercedes trazó, que puede comentarlo y, a la vez, perfilar un sendero propio. Extraña y luminosa operación ésta, que ahora puede entenderse a las claras con la edición de Catálogo (Epsa), una caja que reúne todos los discos de Herrero entre 1987 y 2007 (excepto esas dos placas sobrenaturales que grabó con el guitarrista Juan Falú), más un dvd filmado por el director y sensibilísimo actor Fernando Rubio, que compila Todos estos años de gente, recital con el que Liliana celebró dos décadas de música. Por otro lado, el documental El hilo de una voz, dirigido por Sergio Stagnaro, que opera como complemento al disco Igual a mi corazón, porque revela instancias de su grabación (hasta se ve a Mercedes yendo a cantar la "Zamba del arribeño" de Néstor Soria y Juan Falú), ha sido puesto a la venta también por estos días.

-¿Cuando era nena cantaba?

-Cantaba y tocaba el piano, las dos cosas. A veces he tocado en la iglesia también, en la parroquia de mi pueblo, donde había un órgano de verdad, de esos con tubos. Me acuerdo de haber cantado el "Ave María" en el casamiento de alguna compañera del secundario. Una vez que volví, el órgano ya no funcionaba más y había sido sustituido por un teclado de esos que a veces llevamos a los concierto cuando no hay plata...

-¿Cuando era chica no pensaba en una carrera como cantante?

-Ni de chica ni de grande. Siempre me interesó la música... En realidad, más que interesarme, que supone cierta objetividad, no recuerdo momentos sin la música. Mi vida siempre estuvo sumergida en la música. Mi padre era melómano y tenía una discoteca muy grande, de hecho tengo discos que me traje de mi pueblo cuando él murió... El se enorgullecía mucho de esa discoteca, era famosa en Entre Ríos...

-¿Su papá qué hacía?

-Era bioquímico.

-¿Y su mamá?

-Farmacéutica. Sostenían una tradición universitaria, con el escudo de la Universidad arriba de la chimenea... Mi madre se fue de San Nicolás a Rosario a estudiar porque no quiso hacer el magisterio y no hacer el magisterio, en esos años, significaba que luego ibas a tener que hacer una carrera universitaria: el magisterio te garantizaba un laburo, el bachillerato no. Mi padre terminó el secundario y trabajó muchos años de maestro rural para juntar guita y cuando tuvo suficiente se fue a estudiar a Rosario. Y ahí se conocieron con mi madre.

-¿Qué lugar ocupa entre sus hermanos?

-La del medio. Cuando mis padres se casan se van a vivir a Villaguay. En realidad, mi padre quería volver a Gualeguay, pero ahí ya había otro bioquímico. El necesitaba volver a Entre Ríos, tenía esa entrerraneidad que no sé bien en qué consiste, pero que era muy acendrada en él. Y en Villaguay fue un bioquímico afamado, llegó a presidente de la Asociación Bioquímica Argentina. Era un científico melómano, digamos... En Villaguay nacimos los tres hermanos. Mi hermano mayor fue el primero que se fue a Rosario a estudiar medicina. No se discutía en casa que debíamos ir a la universidad...

-Era un mandato tácito...

-Una ley silenciosa pero muy dictada... Después yo fui a estudiar Filosofía y luego, mi hermano menor, Ingeniería. Vivíamos en distintos lugares, porque las tres facultades estaban en distintos puntos de la ciudad; nos encontrábamos en el comedor universitario...

-¿El folclore siempre fue su música en el momento de cantar?

-En Villaguay teníamos orquesta, cantábamos canciones modernas, como se decía en la época. Boleros y esas cosas... Pero el foclore siempre me interesó. Seguramente porque en casa se escuchaba, pero no sé cómo llegó a mí.

-No fue una decisión, digamos.

-La música nunca fue una decisión en mi vida: estaba allí, nada más. Y yo ahí. No era un además, no puedo pensarme como además de la música. Sin embargo, pareciera que en mi vida, efectivamente, pudiera pensarse como un además. Porque cuando yo voy a Rosario no estudio música, estudio filosofía... En Villaguay estudiaba el piano y seguí estudiando un año más en Paraná... Después en Rosario ya me encontré con los grupos musicales que se generaban en el fragor de la vida universitaria, ligada a la política y a los grandes debates teóricos que se planteaban en esos años, mediados de los sesenta en adelante. Ahí canté con cuanto grupo libertario apareció por mi vida. Con uno, fundamentalmente, que se llamó Canto libre y que llevaba ese nombre por la canción de Viglietti...

-¿Ese es el momento donde aparece Mercedes en su vida?

-Yo la escuchaba desde un poco antes. Recuerdo ese disco que han reeditado ahora, del 62, La voz de la zafra, que era sorprendente. Para mí fue una sorpresa estética poderosa...

-Y eso que ahí cantaba cosas más bien litoraleñas...

-Eso siempre me sorprendió, ¿sabés? Pero, al mismo tiempo, también fue mi camino. Ella cantaba, siendo tucumana, un repertorio mayormente del litoral y ese es un proceso que puedo autoatribuirme. En mis primeros discos, sin bien hay temas del litoral, están fuertemente tamizados por las músicas del Noroeste. Sobre todo las recopilaciones de Leda Valladares, las cosas del Cuchi Leguizamón... Un mundo al que yo no pertenecía. Tal vez sean así los procesos de las personas: un largo camino hasta que encontrás un lugar que siempre poseíste pero del cual no podías hablar. Eso no significa que la elección de un repertorio más cercano a aquello que uno es, no sea más que un balbuceo... Es un balbuceo, un puro balbuceo. De otra forma, existiría esa posibilidad del sí mismo, que es muy remota...

-¿Cómo sería?

-La del conocimiento de sí mismo... El sí mismo como algo que uno puede capturar sin más...

-¿Su primer disco cómo sale?

-Cuando terminé la carrera de Filosofía entro a trabajar como docente, en una especie de experimento escolar muy vanguardista, para una institución fundamental en la vida cultural, educativa y política de Rosario que se llamaba "La Vigil". Era una institución con una estructura económica sostenida por rifas. Se rifaban desde discos hasta departamentos. Hasta tenía centro materno infantil, guardaría para los niños de los trabajadores, mi hija se crió ahí. Un proyecto maravilloso que luego intervino la dictadura y que se disolvió como tal. Fue mi vida durante cuatro años muy fuertes.

-¿Entonces graba por primera bajo ese ala?

-Grabé tres temas en uno de esos discos que se rifaban... Grabé una tonada bien cuyana, "Quien te amaba ya se va", "Zamba del lino", de Oscar Matus y Chacho Manauta. Y grabé "Cautivo del Til Til", típica de la canción de protesta de aquellos años. Vinimos aquí a Buenos Aires a grabarlo, en el estudio que tenía Iván Cosentino.

-¿Y ese disco se sorteó?

-Sí, claro. No se vendió nunca. Se rifó. Había un sistema de venta de rifas en todo el país.

-¿Nunca lo quiso reeditar?

-Cuando la Universidad del Litoral edita El tiempo quizás..., yo elegí un registro de esa grabación, que fue "La zamba del lino".

-Después viene la dictadura y durante ese ínterin no pasa nada con su carrera como cantante...

-Es que nunca fue una carrera. Yo nunca pensé en cantar en un sentido profesional y menos en esos años.

-¿Por qué cree que no se le ocurría cantar profesionalmente?

-¿Sabés que no lo recuerdo? Arriesgaría una idea, porque el pasado es algo que no capturamos de ningún modo en forma transparente y uno está condenado a realizar interpretaciones. Arriesgaría una teoría: pertenezco a una generación que no pensaba en términos profesionales, pensábamos en hacer un aporte musical a "la gran marcha de la historia". Esa era la idea que nos movía y que nos estimulaba para seguir. Aunque, de hecho, había una gran profesionalidad. Ensayábamos mucho.

-Bueno, de ahí salió una cantera de músicos impresionante. Profesionales eran.

-Cantábamos casi todos los fines de semana. Teníamos un gran rigurosidad en los ensayos. Me acuerdo de haber cantado con Vinicius, Toquinho y María Creuza.

-¿Allá en Rosario?

-Era un café concert similar a "La Fusa", no sé si no se llamaba "La Semifusa"... De telonera, digamos. También estábamos muy ligados a la gente de la danza, a la gente del teatro que venía del living theatre, del Di Tella...

-¿Y después de la dictadura?

-Recién en el 82 u 83 nos encontramos azarosamente un grupo de amigos y empezamos a armar algo. Nos sorprendíamos al encontrarnos, porque nadie había sabido nada del otro por muchos años. Armamos un grupo que se llamaba "Propuesta", que promovía de espectáculos. Me acuerdo que la llevamos a Inda Ledesma con un espectáculo unipersonal fantástico. Lo llevamos a Hermenegildo Sábat e hicimos una exposición... Pero ya eran los finales de la dictadura. Uno dice hoy "finales de la dictadura", pero después nos enteramos que hubo secuestrados en la ESMA hasta el 85.

-Y tampoco se sabía en ese momento que eran los finales de la dictadura.

-Tampoco, aunque algo se respiraba.

-Mercedes había vuelto en el febrero del 82 y eso había sido una señal...

-Esos conciertos de Mercedes fueron como una especie de anticipo de la esperanza. En Rosario se estaba cocinando un movimiento que me hacía pensar que venía un recambio, no sólo cultural y político, sino musical. Ahí reaparece Fandermole, aparecen Juan Baglietto, Lalo de los Santos, Adrián Abonizio, Rubén Goldín. Y Fito...

-¿Ahí él la convence para grabar?

-Eso es posterior. Porque en el 84, con la normalización democrática de la Universidad, a mí me convocan, rindo un concurso y trabajo en una cátedra. Después fui directora de la carrera de Filosofía entre el 90 y el 95. Antes de eso, por el 84 u 85, Fito me propone hacer un demo, salir de la cocina, como decía él. Me vine para Buenos Aires, donde él tenía una sala de ensayo en la cortada La Mar. Ahí grabamos y Fito me dijo: "volvete a Rosario, armá una y con esto vamos a quitarle el sueño a más de uno"... Y yo creo que le quitamos el sueño a más de uno, pero no a los que suponíamos, que eran los dueños de las discográficas.

-¿Y a quién le quitaban el sueño entonces?

-Hicimos un pequeño movimiento cultural en el seno del folclore. Fuimos una sorpresa.

-Y a las discográficas no les interesó...

-¡Pero para nada! Ni el primero ni el segundo disco, que fueron absolutamente bancados por Fito, económica y artísticamente.

-Después hacen "Isla del tesoro"....

-Entre el segundo disco, del 89, e Isla del tesoro (1994) pasó mucho tiempo y sentí que no íbamos a seguir grabando. Ahí pensé que era una pena, porque la música ya estaba encaminada hacia un lugar diferente al que había estado antes en mi vida. Fito es el que habla con Pelo Aprile de Polygram y firmamos un contrato... Cualquier cosa firmamos, no estábamos en condiciones de elegir ni de pelear nada. Lo único que queríamos era grabar. Y es ahí, en Isla del Tesoro, cuando yo entro en un estudio de grabación de verdad, que era ION, con Osvel Costa y el Portugués Da Silva. Después la discográfica no hizo nada con ese disco, una fiesta careta en Las Cañitas, un video donde gastaron mucha plata...

-¿Un video clip?

-Una especie de clip, de "Tristeza", de Pepe Núñez. Que está mal la melodía por otra parte, después Juan Falú me la pasó bien... Cada vez que salía un disco nuevo mío, lo ponían en bateas, pero ni yo lo tenía...

-Fíjese lo que hacen con la discografía de Mercedes, gran parte de sus discos, los de los 60 y 70, ¿dónde están?

-Qué bárbaro, ¿no? Yo creo que fue la mujer que mejor eligió el repertorio en la Argentina.

-¿Usted cómo lo elige?

-Muchas elecciones las hice a través de ella y tratando de imprimirles otro carácter o de intervenir de otro modo. Imitarla a Mercedes es imposible. Por otro lado, es muy difícil encontrar un repertorio que Mercedes no haya grabado. Es muy difícil repensar ese repertorio, pero ese desafío siempre me interesó, siempre me metí en camisa de once varas. Por ejemplo, antes de grabar "Volver a los 17", la escuchaba para sacar la letra, después no la escuchaba más y empezaba a ver qué es lo que iba a hacer yo con eso... Ella la escuchó esa versión, en El Ateneo, me acuerdo. Fue muy impresionante esa noche. Tuvo gestos muy enormes conmigo.

-¿Por qué no están en la caja los discos que hizo con Juan Falú?

-Es que sólo están los que hice solista... Aunque es un poco falso decir esto de solista. Porque, la verdad, que en los tres primeros discos la intervención de Fito es muy fuerte, al mismo tiempo que la banda de Rosario. En El diablo me anda buscando, la presencia de Nora Sarmoria y Facundo Guevara es decisiva y en los otros las de Diego Rolón, Luis Volcoff, Facundo Guevara o Mariano Cantero. Es una manera de decir esto de solista, que no me convence demasiado... Yo amo los discos que hice con Juan, creo que son absolutamente eternos y fundamentales. Yo aprendí mucho haciendo esos discos con él. Somos de la misma generación, tuvimos las mismas experiencias... Eso puede indicar cosas como no pero, en nuestro caso, estableció una hermandad altísima.

-¿Este año va a grabar?

-No lo sé, creo que sí. Siempre estoy conversando con los géneros, con personas, con músicos que se inscriben en distintas tradiciones...

-Y tiene una idea conceptual como la de "Litoral" para el próximo disco?

-Tengo una idea, pero no sé si decirla porque es tan desdibujada... Tenía ganas de hacer un disco sobre el fuego porque pensé que había hecho discos sobre el aire, sobre el agua, la tierra... Pero me encuentro con el escollo tremendo de que ese cuarto elemento es mi apellido, de algún modo. Es el hierro, que es moldeado por el fuego. Ahí es muy difícil, porque volvemos al tema de la imposibilidad del sí mismo. Que, por otro lado, es muy atractiva...

-¿Escucha sus propios discos?

-A veces, a veces... tengo que estar con un ánimo especial.

-¿Le gustan en general?

-Hay cosas que me gustan, que digo "¡puta, está bueno esto!". Y hay otras cosas que me parecen espantosas.

-¿En serio? ¿De los primeros o de todos?

-De todos. Hay cosas que las volvería a grabar.

-Ese también sería una muy buena idea de disco...

-Es una posibilidad: hacer un corte horizontal y decir "todo esto no me gusta" y volverlo a grabar... El problema es menos el tema y más qué se hace con el tema...

 

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