| Nuevo disco de Power Trío |
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Página 12 - viernes 5 de marzo - Sección Cultura & Espectáculo “EL TRÍO ES UN FORMATO CASI MÁGICO”
Por Cristian Vitale “Hubo piel al instante.” Christian Judurcha es, de los tres, el que menos habla. Pero la economía de palabras no excluye la posibilidad de explicar, por su parte, el todo que implica el trío: él, baterista libre del jazz, más dos pesos pesado de la música argentina, Lito Epumer y Machi Rufino. Piel al instante, en efecto, y un disco debut de reciente cocción (Power Trío) que emerge como una de las recetas más saludables del año que despierta. “La definición de power-trío es genérica... Quiere decir trío sin teclado: guitarra, bajo y batería. Incluso se puede usar una guitarra acústica. Pero trío es por formato, no por adjetivo de potencia”, desentraña una y otra vez Machi, amo y señor del bajo. Primera aclaración, entonces: quien espere un power a la Experiencie o –correlato criollo– Divididos, estará paladeando lo improbable. “Si bien hay potencia en nuestra música y en vivo solemos hacer ‘Vida de Topos’, de Divididos, lo nuestro se dispara hacia otro lugar”, sigue Epumer, guitarrista y heredero del bravo cacique sureño. Esa direccionalidad estética, ajena al concepto más popularizado de power trío, se funde en nueve temas, en su mayoría instrumentales, en los que Epumer-Machi-Judurcha (así se llama la banda) dilucidan un sonido lindero al jazz, pero con las posibilidades de roce con otras vertientes que el género permite. “Cabezota”, “Judo”, “Papaya”, “Silvia`s Blues”: todas composiciones de Epumer, anudadas por un sonido conceptual pero variado, en el que su guitarra y la batería de Judurcha juegan a la libertad sostenidos por el muro rítmico, imperturbable, del ex Pappo’s Blues e Invisible. “El tipo es un ancla, una pared que no movés con nada”, sintetiza, otra vez, Judurcha. –¿Por qué decidieron llamar al grupo por sus apellidos? Machi Ruffino: –Por una razón práctica: es más fácil, en el caso de músicos con una trayectoria de años, que la gente sepa quiénes somos a que relacione el nombre de una banda con quienes la integran. Es un trámite que lleva tiempo y nosotros somos chicos grandes ya (risas). No podemos tomarnos cinco años para que la gente relacione un nombre con nosotros. –¿Hay mucha cocina, mucho ensayo en el trío, o todo lo contrario? M. R.: –Ensayar mucho los temas es contraproducente... Incluso, el hecho de no tocarlos seguido aporta una frescura que se evidencia en el momento de hacerlos. Existe la creencia de que la repetición tiende a la perfección, pero en este tipo de música, donde hay mucha improvisación, eso no cierra. Nadie toca lo mismo todo el tiempo. –Es general que entre los músicos “libres” se ensalce el formato trío. ¿Cuál es la razón? M. R.: –He tocado más en trío que en cualquier otra formación durante toda mi vida, pero es algo casual. Se dio, ¿no? Con Starc y Amaya; con Pappo’s Blues, con Baby López Furst, con Invisible e incluso con Tantor, que era un trío con dos tecladistas invitados. En verdad, el formato me gusta por algo que excede lo musical. La convivencia humana en las bandas es crucial y el trío es como un triángulo donde cada ángulo es esencial. Es un formato casi mágico, más allá de las limitaciones que existen desde lo sonoro. –Para el rock argentino, ¿hubo un antes y un después del recital de Spinetta y las Bandas Eternas? L. E.: –No puedo ser objetivo, para nada. Adoro a Luis y ese día lo vi tan feliz, que fue muy fuerte. Me halagó el lugar que me dio. ¿Qué más pedir? Fui partícipe de una pequeña parte de su historia y que me haya regalado ese lugar fue como cerrar el círculo. Lloramos todos. Ese recital marcó un hito y todos los que estuvimos le estábamos rindiendo pleitesía al padre, al mejor. –¿Fue muy moño volver a sacar “Jugo de lúcuma” o “La conciencia que regula al mundo”, después de tantos años? M. R.: –Hubo que sacarlos, hubo que tomarse el laburo. No fue tan sencillo como para decir “Sí, ‘Jugo de lúcuma’, cómo no”. Lo que dije fue: “¿Esto tocábamos hace 33 años? ¡Dios mío!”. |




Los tres músicos, que tocaron en algún momento de sus vidas junto a Spinetta, sintieron que había “piel” desde el primer ensayo que hicieron. Más allá del nombre del disco, la música que generan está más cerca del jazz que del rock.