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Viernes 8 de abril - Teatro Lasserre Formación: Gladston Galliza: voz y guitarra Carlos Aguirre: piano, acordeón y flauta Fernando Silva: bajo Gonzalo Díaz: batería
Artista Invitado: Diego Massimini: guitarra y voz
Diario La Opinión - Suplemento Rastros, Usos del arte y las Ideas - Año IV - Nº 160 - Domingo 17 de julio de 2011 Tapa La Música en la Piel De gira por nuestro país, el cantautor brasileño Gladston Galliza pasó por Rafaela presentando su última producción discográfica, “Intimo”, en el marco del Ciclo de Música Popular que organiza la Asociación Cultural “Otras Voces”. Diálogo con un músico excepcional.
Páginas 2 y 3 La Lírica es Brasileña Una leyenda A mediados del año 2005, comenzó a circular por Rafaela un breve material discográfico que manifestaba la actividad de un músico tan formidable como desconocido, un “tapado”, como se gusta decir en la jerga futbolera. El disco venía precedido por muchas recomendaciones y por una leyenda particular. Años antes, habían circulado por aquí unos cassettes que viajaron de Madrid a Rosario y de Rosario a Rafaela. Carlos Aguirre, el genial músico entrerriano que junto con el bajista Fernando Silva y el percusionista Gonzalo Díaz acompañó a Galliza en esta oportunidad, también tenía el mismo material y se encargó de difundirlo casi en clandestinidad. Ya para 2005, este talentoso músico pudo presentarse en nuestra ciudad, gestando un concierto inolvidable que dio muestras de su capacidad. El evento, como sucede siempre que existe la posibilidad de traer material de calidad y gestionarlo para nosotros, hambrientos y voraces espectadores, estuvo organizado por la Asociación Cultural Otras Voces y se concretó dentro de su ya legendario “Ciclo de Música Popular”, que se realiza con el aporte de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura. No hay que dejar de mencionar que en aquella breve visita a Argentina, Galliza tocó solamente en Buenos Aires, Paraná y Rafaela. Recién este año el público de ciudades más importantes, como Santa fe o Rosario, tuvieron el placer de escuchar en vivo a este exponente cardinal de la música brasilera contemporánea.
Hacia adentro Parece que Gladston Galliza, con su formidable curiosidad a cuestas y su notable talento, absorbió con frugalidad aquella frase mítica que lanzó Joao Gilberto cuando se refería a la actitud que debe seguir el músico para cantar bossa nova “Las palabras deben ser pronunciadas de la manera más natural posible”. No es otro el criterio que encierra este precioso disco “Íntimo”, que presentó, junto a otros clásicos de su producción, la noche del viernes 8 de abril en el teatro Lasserre. Canciones que se van desglosando naturalmente, casi al mismo ritmo particular de cada oyente. El mismo Galliza confirma este espíritu introspectivo cuando cuenta como nació “Íntimo”: “Cada canción mía tiene su propia historia. A veces estando en la calle me surge una idea o una conversación o un periódico que lees o simplemente alguna reflexión propia, de un momento fugaz. El caso de este trabajo que estoy presentando fue a partir de una idea que ya tenía hace tiempo, logar algo más despojado, más minimalista. Mis discos anteriores tienen mucho soporte instrumental, mucha carga sonora y arreglos profusos. Así que este impulso introspectivo vino decantado, como una idea de utilizar pocos elementos sonoros, enfocada en la canción como tal, en la letra, la poesía. Para que el oyente tenga bien en claro qué dice la canción y aparezca como un producto del momento, casi cruda”. Tal para cual Los buenos momentos, es bien sabido, se construye de a dos. Así que la compañía de Carlos Aguirre resultó el complemento perfecto para la gestación de una noche inolvidable. La música del entrerriano tuvo siempre una cercanía espiritual y aún formal con la bossa nova, estilo que aparece en las raíces mismas de Galliza. El lirismo descomunal, la respiración siempre potencial, en espera, la relajación del discurso, el tono evocativo, melancólico, la apertura para dialogar con otros estilos, con otras formas musicales, son un sello en la obra de Aguirre. Pero también funcionan como características de la bossa nova. De manera que el hermanamiento Aguirre-Galliza es un fruto maduro y natural, cuyo florecimiento tenía que darse sí o sí. No cabían muchas posibilidades. Precisamente Gladston nos habló de su relación con la música Argentina y con la de Carlos Aguirre en particular: “Con la música argentina tuve contacto a partir de mi viaje a España. Ahí conocí a músicos argentinos que vivían en Madrid y que me introdujeron a su música, porque cuando vivía en Brasil conocía muy poco de la música de ustedes. Es un gran defecto que tenemos en nuestro país: a Brasil no llega la música de los vecinos como Argentina o Uruguay. A raíz de mis amigos argentinos fue entonces que comencé a escucharlos. Más precisamente a Carlos Aguirre. Conocí su música en el 2003 a través de Fattoruso. Y en el 2005 cuando vine por primera vez a Argentina tuve la suerte de compartir escenario con él en Paraná y luego hemos coincidido varias veces por ahí, incluso cuando él anduvo por Madrid en el 2007 y el año pasado también, cuando nos encontramos en Japón. Cosa muy curiosa”. Made in Japón La relación entre Gladston y el público nipón tiene un tinte similar al que se produjo cuando el tango se exportó a Oriente. La avidez y la fruición con el que fue recibido, le imprimieron un impulso trascendental para su difusión. Así es que, luego de un recibimiento insospechado, Galliza decide realizar una extensa gira por Japón entre 2008 y 2009, acompañado por el uruguayo Hugo Fattoruso y el percusionista local Tomohiro Yahiro. Durante ese peregrinar fue forjando el disco que presentó aquí en Rafaela, y que grabó también en Japón durante el 2010. “Mi relación con Japón es muy curiosa. Es un país al que voy bastante a menudo porque mi música ha tenido una recepción muy favorable allí. Tal es así que estoy tratando de consolidar una pequeña carrera ahí. Los japonese son muy ávidos de todo tipo de música, sobre todo la que está anclada en raíces profundas. Eso es lo que más les interesa, lo que puede llegar a ser más étnico y auténtico”. Peregrinación Desde su Ouro Preto natal, en el estado de Minas Geraes, se traslada a Belo Horizonte, donde comienza a tocar la guitarra. El siguiente paso fue su establecimiento en Río de Janeiro, donde profundizó su relación con las raíces más legendarias de la música brasileña, de manera que se nutrió de la obra de Jobim, Milton Nascimento y Toninho Horta, entre otros. Su labor recrudece y adquiere un cierto renombre a poco de haber llegado. Esto le permite grabar su primer disco, allá por 1994 junto al compositor César Nascimento. Para 1998 sus inquietudes no se habían completado, así decide emigrar: “Mi partida de la capital brasileña hacia España tuvo un poco de todo; motivos profesionales, sobre todo por que mi carrera en Río de Janeiro estaba estancada y decidí realizar un sueño antiguo que era viajar un poco, salir de Brasil y conocer otras culturas. Y así fue que llegué a Madrid y me adapté bastante bien. Es una ciudad que tiene una movida cultural más que interesante, hay mucha gente de otras partes del mundo viviendo ahí y nos llevamos muy bien entre todos. Hay mucha camaradería, muchas ganas de compartir, así que me quedé ahí.” Nomadismo Si hay un gesto que resalta en la obra de Galliza es su capacidad de proyección espacial. Es muy evidente el interés que manifiesta por otras culturas, por la hibridación, por la conjunción. Su propia concepción de la música lo predispone al cambio, a la transmigración, al movimiento incesante. Lo deja como al pasar cuando con el grabador en off comenta: La música llega antes que el músico, siempre va primero. Y en eso reside su grandeza. El artista puede tardar tres o cuatro años en llegar, o incluso nunca puede aparecer, pero la música ya está. Es como la luz y el sonido. Y esto la confirma como la herramienta de comunicación más poderosa entre los pueblos de la tierra. La música no tiene frontera, no tiene idioma. En Japón, por ejemplo, no entienden una palabra de lo que estoy diciendo, les da igual que les cante en español portugués o inglés, y sin embargo les llega y se crea una conexión única. Me he sentado a tocar con un músico coreano, y mi música no parece tener nada que ver con la suya, pero al momento de concretar algo, la música fluye. Hay cierta química, cierto vínculo que aparece en esos momentos de supuesta diferencia, una especie de afinidad musical primero y personal después. En su esencia misma está la ignorancia de las fronteras, el desconocimiento de los límites y las cartografías. Su apertura a la música de otros países, sus continuos viajes (no es un detalle menor que el músico es ciego de nacimiento), sus colaboraciones continuas con otros músicos, lo convierten en un músico nómade por excelencia, capaz de adaptarse a cualquier género, a cualquier lenguaje musical. La materialización de esta idea tuvo su cumplimiento cuando el propio Galliza interpretó y cantó temas del “Negro” Aguirre, con una sutiliza y una aproximación al estilo del entrerriano realmente antológica. Esa noche de viernes fue una verdadera noche “on the road”. Viaje al Litoral con Aguirre, agua y barrilete, viaje hacia adentro con Galliza, tiempo y recuerdo; viaje hacia lo imaginario, estrella fugaz y zambitas, pura realidad filosófica de aquel que concibe el mundo a partir del sonido y la letra por ausencia extrema de la visión. Miradas al río y la arboleda, avistaje de los estados del alma y la emoción. Pulcra letra Y justamente en la coyuntura poética y metafísica de la obra de Gladston reside la letra. Sus temas son exquisitas piezas literarias que reciben un arrullo musical como soporte. Tampoco nos engañemos, no se quiere decir que su música no es otra cosa que acompañamiento, nada está más lejos de la verdad. Pero cuando suenan sus temas, se escucha antes que nada un quehacer poético potente, a la manera de un acto poético o intervención literaria: Yo no me considero un poeta. Y es bien claro que la mayoría de mis canciones tienen letras de otros autores. Pero sí tengo una obsesión por cuidar bien la parte poética de los textos y para eso cuento con la ayuda de mis amigos que, a mi manera de ver escriben bien. Y bueno, pues nos juntamos y vemos qué pasa, como va naciendo la canción. Por ejemplo en este disco tengo una estrecha colaboración de una poeta brasileña muy destacada en la actualidad, Dulce Quintal. Ella es muy reconocida en Brasil y ha trabajado con gente de las más diferentes vertientes, con músicos del pop, el rock, de la bossa nova”. La trama poética del brasileño desglosó una noche de sabor imperecedero que vino a remover el ámbito musical rafaelino y a dar nuevos aires a este ciclo en su versión 2011, que comenzó con una presentación antológica. El público agradecido… Por Jonatan Santillán Pinchá aquí para ver las imágenes del recital. |
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