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Historia 2008

Domingo 24 de agosto - Teatro Lasserre

Formación:
Mariana Baraj: Voz y Percusión
Quique Ferrari: Bajo y coros
Juan Pablo Chapital: Guitarras y Coro

Clínica:
Mariana Baraj: Taller de Canto y Percusión

Comentarios en torno al evento
Diario Castellanos – Lunes 25 de agosto - Cultura y Sociedad

LOS CAMINOS DEL FOLKLORE PLURAL

Por Francisco Marzioni
La solista deslumbró con su brillante técnica percutiva y una enérgica voz, tocando un folklore que rompe sus propios límites. La pluralidad es el sello de un repertorio donde interpreta a autores tan disímiles como Gustavo Santaolalla, Violeta Parra y hasta el uruguayo Eduardo Mateo.
El folklore es un género que desde su misma concepción contiene un abanico de diferentes músicas. Y esto parece haber sido comprendido a la perfección por Mariana Baraj, una talentosa cantante y percusionista que ayer realizó su show en el Teatro Laserre, desplegando un cancionero transgenérico basado en recopilaciones propias y ajenas, interpretados hábilmente con la frescura de un grupo de jazz.
Mariana es hija del reconocido saxofonista Bernardo Baraj, con quien realizó sus primeros pasos en la música. Pero su talento en la percusión y el canto están lejos de ser un don de cuna, pues estudió con los mejores profesores de cada género: para educar su voz eligió a Liliana Vitale, Gabriela Torres, Iris Guiñazú, Nora Faiman y Mirta Braylan, y para la percusión, fue alumna de Pocho Porteño, Horacio López, Andrea Álvarez, Norberto Minichilo, Carlos Rivero y el prestigioso Facundo Guevara.
Recorriendo canciones de sus tres discos (Lumbre, del 2002, Deslumbre, del 2005, y el último, Margarita y Azucena), Baraj comenzó su show en Rafaela con el pie izquierdo: un sorpresivo bajón de presión complicó la actuación de la cantante, que sin embargo rápidamente se sobrepuso y ejecutó una lista de temas donde se incluyeron clásicos como "Los ejes de mi carreta", en una versión arriesgada en la que se lucen los arreglos de percusión, e incluye un homenaje al músico uruguayo Eduardo Mateo, un referente de culto de la música popular rioplatense que desde hace poco tiempo es rescatado por numerosos músicos argentinos. Otros temas de sus discos anteriores, como "Yo soy como el tigre viejo" y "Ya viene la triste noche", fueron algunos de los momentos más intensos del espectáculo.
Es que Baraj mantiene un pulso calmo en sus interpretaciones que subyuga al público, que aplaudió respetuosamente cada nueva canción. Así, realiza numerosas versiones de recopilaciones de Leda Valladares, una verdadera referente del género a la que pertenece el tema "Margarita y Azucena", que da nombre a su último disco y también fue interpretada por Baraj en Rafaela.
Su estilo vocal está muy emparentado con las formas propias del folklore que interpreta, un género que de la mano de nombres como Liliana Herrero, Leda Valladares y Cuchi Leguizamón –para mencionar unos pocos- se fue transformando en una especie de World Music, una sinfonía plural que combina diferentes estilos y formatos de otras músicas y las fusiona, llevando al folklore a trascenderse a sí mismo.
Un nutrido set de percusión, en el que se incluyen instrumentos de todas las regiones del país y que son utilizados con gran habilidad por Baraj, acompañan a una voz que transmite la enormidad de los espacios en los que se inspiran las canciones. Las geografías del remoto norte y sur del país se imprimen en el sonido, transitando los caminos de un folklore pluralista que se nutre tanto de la tradición como de la novedad.
Los músicos que la acompañan también dejan su impronta en el show que pasó por más de una hora. El guitarrista Juan Pablo Chapital nutrió de solidez las interpretaciones, y los delicados arreglos dialogaron intensamente con la radiante voz de Baraj. A su vez, el bajista Quique Ferrari desplegó un extenso abanico de sonidos en su bajo de seis cuerdas, interpretando dulces melodías (uno de los momentos más intensos fue, precisamente, una canción que Ferrari tocó y cantó en solitario, utilizando la técnica jazzística del scat) y bases ajustadas que se entrelazaron con las complejas líneas percutivas.
Así, pasó por nuestra ciudad una intérprete que deslumbra con cada delicada versión que realiza, transitando un espacio donde grandes nombres de la música ya abrieron camino, y continuando una tradición de folklore plural cada vez más rica y sorprendente.

Diario La Opinión – Domingo 31 de agosto - Suplemento Rastros-Usos del arte y las ideas

UNA VOZ EN LA ESENCIA

En el Teatro Lasserre, Mariana Baraj presentó su último trabajo “Margarita y Azucena”, una verdadera celebración de los sentidos.
Su voz templada del sol del altiplano desciende del escenario como un silbo suave.  Si por algo se caracteriza Mariana Baraj es por el manejo sutil e intuitivo de los registros y las texturas: su voz puede ser aguardentosa, dulce, chispeante, potente, ligera.  Además une a sus cualidades sonoras una intuición fuera de lo común para entonar cada frase de acuerdo a lo que ella le pida.  Cuando aborda un tema como “Obiero”, del kenyata Ayub Ogada, distinguimos un proceso interpretativo que poco a poco se materializa como resultado del abordaje a través de un modo o un hacer inmediato y directo de esa forma, de esa esencia que el tema implica (si pensamos que el tema procede de una geografía demasiada alejada de la cotidianeidad de la intérprete).
Todo el repertorio está conformado por temas de otros compositores, así que sorprende esa virtud de encontrar la particularidad de cada obra, de saborear el paisaje, el aire y la trama para luego transportarla al escenario de manera genuina, describiendo la naturaleza íntima de cada pieza y desnudando el espacio de la canción que permanece inmutable.  Y es justamente este rasgo el que destaco, porque esta intuición es la que desborda el cuerpo de Baraj y se convierte en creatividad en estado puro.
El repertorio despliega diferentes ritmos y estilos, pero a todos ellos los hermana la copla, el decir popular, la frase tradicional.  Encontramos la música brasilera, el flamenco, el jazz, la música tradicional africana, la de los países balcánicos y por supuesto, la música latinoamericana, con una fuerte presencia de los ritmos norteños (de Jujuy, Bolivia y Perú).
A Baraj le brota el folclore a contrapelo de lo tradicional, recorriendo un sendero diferente pero paralelo.  Nada suena forzado o apremiadamente aggiornado.  Todo lo contrario; escuchándola uno presiente que esta es la raíz natural del folclore, suena a pureza de estilo y presencia legendaria.
Mariana Baraj no estaba sola sobre el escenario, dos maestros la acompañaron, Juan Pablo Chapital, que acunó con docilidad su guitarra, desgranando un toque menudo y vigoroso a la vez para oficiar de compañía ineludible de la voz.  Puntendo las cuerdas con un toque entre violento y cautivo forjó un clima de tensión que la voz hería con precisión inspirada.  Y sumado a esto el experimentado bajo del gran Quique Ferrari.  Su artesanía musical ejecutada en cada pieza fue como el retoque final de un orfebre astuto.  Promediando la función una leve descompensación de Baraj, obra del destino, generó un clima imprevisto que tuvo como capitán al deslumbrante Ferrari: para ocupar el tiempo que demandaba la atención de la cantante, ejecutó una pieza propia de soberbia factura, poblada de recursos que sólo un maestro puede desplegar: multiplicidad de armónicos a velocidad presurosa y canto con la voz sobre la línea melódica marcada con el bajo, por nombrar sólo dos.
Los puntos altos de la actuación fueron “Maldigo del alto cielo” de Violeta Parra, el tradicional boliviano “Tinkuman” interpretados con exhalaciones fonéticas que remitían a la sobrecogedora soledad del altiplano, la potencia sonora de “Agua negra” del armenio Arto Tuncboyaciyan, “Invocación” de Bobby McFerrin arreglada para voz y percusión y con el extravagante agregado de coplas norteñas y “Margarita y Azucena”, una recopilación de Leda Valladares que Baraj interpretó grabando su voz en diferentes pistas y reproduciéndolas luego para cantar sobre ellas.
Otra excelente propuesta musical de la “Asociación Cultural Otras Voces”, quienes prometen trasladar el Litoral a la sala de Bv. Lehmann cuando el domingo 14 de setiembre corran el telón para anunciar al Chango Spasiuk y a Raúl Barboza juntos. ¿Se puede pedir algo más?
Por Jonatan Santillán.