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Historia 2008

Sábado 2 de agosto - Teatro Lasserre

Formación:
Willy Gónzalez: Bajo, aerófonos y voz
Pepe Luna: Guitarra
Hernán Crespo: Acordeón
Mario Gusso: Percusión
Pedro Cruz: Cantante invitado

Reportaje - Entrevista con Willy Gónzalez
Por Matías Beltramino para Asociación Cultural Otras Voces

El Willy González Cuarteto se presentó el sábado 2 de agosto, en el Teatro Lasserre de la ciudad de Rafaela. En dicha oportunidad este cuarteto integrado por Willy González en bajo, Pepe Luna en guitarra, Hernán Crespo en acordeón y Mario Gusso en acordeón, presentó su último disco titulado “Agua”. Esto fue lo que González nos contó al finalizar su espectáculo.

-¿A que edad te iniciaste en la música y de que manera?

-Fue bastante particular eso. Recuerdo que veníamos de Misiones, de un viaje con mis viejos. Habíamos ido un mes de viaje por Misiones, Corrientes, Entre Ríos. Recuerdo que me baje del Torino de mi viejo y estaba el atorrante de mi hermano con sus amigos del barrio, que eran tres o cuatro y me dice “ che Willyto estamos armando una banda, no queres tocar el bajo?”. Yo no sabía ni lo que era un bajo, y le digo “bueno, dale…dale”. Y bueno, ahí arrancamos. Sin instrumento, con una guitarra española. Le sacaba las dos cuerdas agudas, tocaba las graves. Y me pasaban alguna basecita, ni siquiera tocábamos temas de algún tipo. Sino que zapabamos, era un juego.
Y después empezamos a estudiar. Y cada vez empecé a sentir más conexión con eso. De hecho, muchos de esos muchachos que estaban en ese grupo no siguieron siendo músicos y yo si. Fue bastante particular la forma de empezar a tocar.

-¿Cuándo comenzaste a estudiar tu instrumento lo hiciste a través del cancionero popular latinoamericano?

-No. También fue bastante particular la forma de empezar a estudiar. Porque, por ejemplo íbamos de un profesor de bajo de barrio y eran malísimas las clases, realmente. Entonces hablamos con otro profesor y empezó a darnos clases tipo de conservatorio. Nos enseñaba armonía, composición de música clásica. Y nosotros escuchábamos mucho rock sinfónico con mi hermano. En realidad el que guiaba todo eso era mi hermano, que es compositor de tango.
Y bueno, yo tenia 12 años y estaba estudiando corales a cuatro voces, contrapunto, cosas que eran bastante poco usuales para un pibe tan chiquito, no? Y para mi fue un poco difícil, porque como que me exigía poder estudiar con mi hermano, a la par de él que tenia 17 años y mas poder de concentración. Entonces con bastante sacrificio aprendí un montón.
Y los sábados eran religiosos los ensayos. Probábamos cosas y escribíamos. Era escribir, probar, y ensayar todo el sábado. Era muy lindo, realmente un lindo recuerdo tengo de eso. No fue la tortura del conservatorio.

-Aparte de tu hermano: ¿hay algún otro músico más dentro de tu familia?

-No. Mis viejos siempre escucharon mucha música. Mi vieja bailaba folklore, mi viejo era tanguero de pura cepa. Pero nunca tocaron ni el timbre, viste?
El asunto es en estos viajes, por ejemplo cuando fuimos a Misiones. Recorrí todo el país en el Torino de mi viejo. Y en el parlante de la luneta trasera sonaban: Hugo Díaz, Piazzolla, la Negra Sosa, Goyeneche, Violeta Parra. O sea, se respiraba la música. Era como parte de nuestro paisaje.
Y fue naturalmente mi hermano el que me fue guiando. Tuve algunas experiencias más, de chiquito tome algunas clases de piano con Susana Walsh, que es la hermana de María Elena Walsh, pero no fue de ahí que me enganche. Eso fue cuando tenía 6 años.
Cuando armamos el grupo fue como que no paramos más. De esa tarde que mi hermano me dijo “¿che queres tocar el bajo?”, hasta el día de hoy no pare.
Qué loco nunca había pensado en eso, nunca paré. ¡Treinta años! Tengo que hacer un festejo, habrá que comprar una damajuana de vino….(risas)

-¿Y cómo es que te involucras con la música latinoamericana? ¿A través de la tradición familiar?

-Absolutamente. Mi abuelo era de campo. Yupanqui nació en el campo de enfrente al de mi abuelo, para que tengas una idea del contexto en el que yo por ahí pasaba los veranos y demás. Y bueno, ahí el folklore era parte del paisaje. Y viajar tanto y conocer muchos músicos. Todo lo que sea afroperuano y boliviano lo aprendí viajando y tocando con músicos de allá.
También tengo una experiencia muy extensa tocando jazz y fusión. Tuve una banda que se llamó Monos con Navaja, con Jorge Araujo que fue baterista de Divididos y el Pollo Raffo. Tengo una gran experiencia dentro del jazz y de la música de fusión, pero llegó un momento que quería volver al paisaje de pibe, viste? Y volver a escuchar por ejemplo el chamamé. Yo no me olvido más, por ejemplo, ese viaje que fuimos al litoral. Escuchar los acordeones, las guitarras. Pasamos una navidad en Goya, me acuerdo que había una fiesta popular. Eso no te lo borras más de la cabeza.
Entonces, yo soy un tipo de Buenos Aires pero siento el folklore. Lo siento porque me parece que cuenta un poco la historia de nuestros abuelos, de nosotros mismos. Y tiene un lenguaje particular.
Yo cuando tocaba jazz y fusión sentía como que la voz era prestada, que lo que tocaba era prestado. Incluso hoy lo escucho y medio que no me gusta escucharlo mucho. Siempre los músicos es como que se inclinan más por ese lado, porque creen que la música grosa viene de Estados Unidos o de Europa. Pero yo, realmente, ya no siento que sea así. Ya no tengo ganas de tocar esa música.
Volviendo a lo de la música afroperuana, yo aprendí mucho de Rodolfo Sánchez que es un percusionista que toco muchos años con Raúl Carnota. Y él me enseño que la música afroperuana esta muy vinculada a la música argentina. Lo que es la zamacueca, da origen a la cueca y a la zamba; el zapateado, tiene mucha relación con nuestro malambo. Y eso tiene toda una raíz africana. Y nuestro país, como muchos otros de Latinoamérica, niega la influencia africana en su cultura. La niega. Así como niega la influencia de los pueblos originarios, como pueden ser los Quichuas, Aymaras, Wichis, los Tobas.
Por ahí, es más evidente la influencia nativa de América, porque ya tiene su lugar de origen acá. En cambio, la influencia africana es como que se ve desdibujada porque se mezcla, es parte de la cultura criolla. Pero, por ejemplo, el bombo legüero no es argentino. El bombo legüero es de Angola. Y por otro lado, Adolfo Ábalos contaba que en Santiago del Estero hubo un censo en 1850 donde había saltado que el 80 % de Salavina era negra. Y ahí en Salavina es donde nace la chacarera. Ahí es donde nacen las danzas del criollo, burlando al señor de la ciudad. La chacarera después se hizo coreográfica, pero nace como una burla a los bailes de salón: al minué y a todas las cosas que bailaban en Buenos Aires. Y eso para mi tiene una fuerza enorme. Es la fuerza del tipo que se rebela. Del tipo que no acepta lo establecido. El criollo, el gaucho, es un tipo rebelde y perseguido. Un tipo que tenia que escapar del indio y del español, del hombre de la ciudad. Y eso es parte de nuestra historia.

-¿Cómo fue volver al campo de tu abuelo?

-Fui al partido de Peña, a presentar el disco que dedique a la memoria de mi abuelo (Pergamino) y me llevaron al lugar ese que yo lo tenia olvidado, porque la casa estaba abandonada. Una tapera que tenia ya veinte años de abandonada. Y lo que sentí ese día no me lo olvido más. Me llevaron unos amigos ahí y me dejaron solo porque era muy fuerte…, disculpa pero tengo que hacer una pausa porque me quiebro…
De pendejo iba ahí al campo y después no lo ví más a mi abuelo. Mi abuela se murió cuando yo tenía 15 años y mi abuelo cuando yo tenía 20 años. Y no me acordaba donde estaba el campo porque tenia 5 o 6 años cuando iba.
Y mira lo que paso: voy a hacer una nota a la radio, ahí en Pergamino y entonces hablo de mis abuelos, de mi abuela que era maestra rural. A la noche, en el concierto se me aparece una viejita que había sido alumna de mi abuela, que se acordaba donde era el campo, y me dio el mapita para ir a la casa de mis abuelos.
Entonces me llevo un veterinario amigo, que desde ahí lo bautice como mi hermano. Cuando encontré el campo, y se me vinieron todos los recuerdos fue tremendo, tremendo…y ahí tuve la certeza de que ésta es mi música. Esta bueno poder vivir eso, y darse cuenta.
Yupanqui definió lo que era un patriota como aquel que, teniendo conciencia de lo que eran sus abuelos, proyectaba hacia sus hijos y hacia sus nietos. Continuar una cosa. No somos más que continuar una cosa que ya existe. No quiere decir que no tengas la libertad de hacerlo diferente, a tu forma. Pero si tener en cuenta de dónde venís y hacia dónde vas.
Yo sentía la necesidad de dejar algo. Tocar igual que (Jaco) Pastorius no me servia de nada. Y hoy siento que no toco nada parecido a Pastorius, nada. A Jaco lo vi en vivo y me pareció un músico tan grosso como los que nombré hasta ahora. Me pareció tremendo, como Piazzolla. Pero nació en Massachussets…¿qué tiene que ver con Pergamino, con el barrio donde yo jugaba a la pelota? Yo tengo que contar esa historia. Joe Zawinul, que era músico de Weather Report, decía que “el músico de Latinoamérica tiene que contar la historia de Latinoamérica”.

-Antes nombrabas a Hugo Díaz, a la Negra Sosa: ¿qué otros referentes musicales tenés a nivel latinoamericano?

-Y…el Zambo Cavero, por ejemplo, que es un cantante peruano. Yupanqui, Juan Falú, Raúl Carnota, Rodolfo Sánchez, Eduardo Spinassi, Violeta Parra. Por ahí la Violeta Parra tiene más que ver con el texto. En la forma por ahí el Polaco Goyeneche, Troilo. Aunque no directamente en mi musica pero si con la identidad.

-Tuviste la oportunidad de tocar con algunos de ellos, como es el caso de Raúl Carnota, Juan Falú: ¿qué sensación te queda después de compartir esos momentos con alguien a quien consideras un referente?

-Y…es como que empecé a aprender las cosas del folklore con los mejores. Fijate que yo dejo el grupo Monos con Navaja, grabo mi primer disco de folklore y me llama Rodolfo Sánchez para tocar con (Raúl) Carnota. Y es el día de hoy que no me termino de dar cuenta la suerte que tuve de poder compartir con esos tipos. Aún hoy nos juntamos en un lugar, por ahí sale y tocamos un rato. Y siempre te sorprende. Esos tipos siempre te sorprenden.
Lo mismo con (Juan) Falú, fue una experiencia que salió como muy espontánea y terminó siendo un disco.
No se, realmente siento que tuve una gran suerte. Porque a mi me pasaba de pibe que yo quería tocar, pero no tenia con quien. No había músicos de folklore en mi barrio. Todos tocaban rock, alguno tocaba jazz. Y eso tiene que ver con la invasión cultural. Porque yo cuando era pibe me acuerdo que todo el mundo tocaba la viola y alguno sabía tocar una zamba, una chacarera. Ahora, los pibes de 20 años no saben tocar música argentina. Ni saben que existe muchas veces. En Buenos Aires, muchos pibes no saben que existe. Y eso me parece un problema grave, porque si no sabemos pararnos sobre nuestros propios pies estamos perdidos, no?

-Pasa también por despertar la curiosidad y conocer lo propio…

-Ese es el problema también. Esta todo tan fácil apretando un botoncito, que la curiosidad no se despierta. Todo viene en bandeja, y es una vida bastante de mierda. A mi no me seduce para nada. Por ejemplo, yo soy un tipo que en mi casa no tengo televisión. Y tengo tres hijos, adolescentes y un chiquito. ¿Eso a qué me expone? a decirles: “chicos, léanse un libro”, “vamos a jugar a la pelota”, “armemos un juego”, poner tiempo en compartir con ellos. Y los pibes responden.
Si vos les das play station los haces mierda. No es que este mal, que se los prohíbo. Alguna vez juegan, pero no todos los días. Me parece que no aporta mucho.

-¿Y vos seguís siendo curioso en tu búsqueda musical?

-Absolutamente. Lo que pasa es que la música latinoamericana es tan extensa y tan compleja que llega un momento en que me aboco a eso solamente. El tipo que quiere tocar bien música argentina le tiene que dedicar su vida. O te dedicas al folklore y sus derivados, o te dedicas al tango y sus derivados. Porque es tanto lo que hay para aprender. Encima yo tengo el trabajo de que, en la música latinoamericana, no hay referentes en mi instrumento. Yo tomo como maestros a tipos que no tocan el bajo. A tipos que tocan el acordeón, la guitarra, el piano. Pero no el bajo. Porque es un instrumento que tiene muy pocos años.

-¿Qué papel crees que debería jugar la música o el arte en general en América Latina, teniendo en cuenta el maltrato que los pueblos soportaron y aún hoy soportan?

-Creo que la función del arte debe ser la de ayudar al hombre a darse cuenta de que inevitablemente, inexorablemente, va camino hacia la muerte. Y que en el camino puede encontrar mucha belleza. Eso produce angustia. Eso produce melancolía. Y creo que el arte puede darle belleza a eso, y construir un bello camino en ese recorrido.
También el arte puede enseñar a luchar. El arte puede enseñar a pensar y a pararnos en nuestros propios pies. El arte puede ser una forma de vida y una forma de entrega hacia los demás. Creo que la función del artista es ser sincero y bueno: hablar de los mineros, hablar de la falta de agua, hablar de la sequía, hablar de la gente sin laburo, y hablar del desocupado y del hijo de puta. Hablar de todo eso. Ser sincero, creo que esa es la función del arte.

-¿Crees que se están produciendo cambios en América Latina?

-Creo que la humanidad esta en un punto muy complejo de verdad. Hoy leía en el diario que se calcula que en diez años vamos a tener problemas severos de cambio de clima. Y no nos estamos dando cuenta. Yo me cuestiono hasta la lamparita que prendo en mi casa. Yo me cuido hasta del agua que gasto cuando lavo los platos. Y veo que acá la monada se va a dar una vuelta, quemando combustible, para mirar vidrieras y mostrar su auto y digo: ¿hacia dónde están yendo? Más allá de que es una estupidez, y que no encuentro ningún tipo de atractivo en salir a mostrar un auto, o a mostrarse. Pero encima estas quemando tu aire, el que respiras, para esa boludes. Porque no es que estas laburando y ganandote el pan.
Si yo tengo que ir a un lugar que no es lejos, voy caminando. O sea, no creo que la salida sea ecologista pero tenemos que hacer un cambio de verdad, ya. Y realmente estamos en una problemática tan grosa que el tema de los pueblos por sus identidades pasa a ser secundario, porque estamos en una instancia anterior. Estamos peor que nunca, te diría.
Yo estoy muy preocupado por lo que les dejo a mis hijos: ríos contaminados, aire contaminado, mares que elevan su nivel. Realmente estoy muy preocupado, pero muy preocupado. Y no veo que en el Estado haya algún tipo de preocupación por eso. Ves las inundaciones en Santa Fe, la tala de los montes en Chaco. O ves como reemplazan al monte nativo en Posadas y le ponen pinos porque es negocio, y eso a la tierra la deja completamente estéril. Pero no importa porque eso da plata. Si no revertimos eso…, por ahí es un poco pesimista, pero yo lo veo así.
Estamos como en una instancia más animal. Ojala estuviéramos en la lucha por la independencia de los pueblos latinoamericanos. Fijate el título de mi disco, se llama “Agua”. Busqué ese título como una palabra que dice tanto. Hay una letra de Joan Manuel Serrat, “El Hombre y el Agua”, que es una obra de arte. Creo que esa es la función del arte: señalar con belleza lo que el hombre tiene que ver. Ayudar a ver.

-Ya que mencionas tu último disco, ¿cómo lo describirías?

Dentro del proyecto del grupo es el quinto disco. Es un paso más en un camino que elegí hace muchos años, y creo que es una maduración en el camino con mis compañeros: Pepe Luna, Hernán Crespo y Mario Gusso.
Y “Agua”, además de las cuestiones que antes hablábamos, es como un pequeño recorrido sobre nuestro paisaje y un escalón más en el diálogo de los instrumentos. No hay un protagonista y otros que lo sostienen, sino que los instrumentos dialogan con similar importancia en las distintas situaciones.

-Si tendrías que decir qué fue lo más lindo que te regalo la música, ¿qué cosa elegirías?

-Se me vienen fotos muy grosas. Por ejemplo, una vez era un coro de cinco mil personas cantando una melodía, y yo con mi bajo armonizándolo. Eso lo tengo como un recuerdo muy fuerte.
Otro recuerdo muy fuerte es estar tocando y verlo a Joe Zawinul bailando detrás mío, un tema que yo le estaba dedicando.
No se, tantas cosas…por ejemplo cuando estábamos presentando un disco con (Raúl) Carnota, y la Negra Sosa entró a cantar y se paro el mundo. O la primera vez que nos juntamos a tocar en casa con (Juan) Falú, que fue una comunicación instantánea. O la noche que compartimos con (Scott) Henderson, y estuve tres noches sin dormir de la adrenalina que me había quedado.
No se, la música me ha dado tanto que no te puedo decir una. La noche de hoy, por ejemplo, para mi fue muy emotiva, me sentí muy a gusto de haber venido aquí a Rafaela. Cada concierto es una postal y sería un poco injusto decir “esta es la postal”.