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Historia 2009

Viernes 12 de junio - Teatro Lasserre

Formación:
Alejandro Del Prado: Voz y guitarra
Hernán Bruno: Batería
Luciano Pallaro Battagliese: Guitarra y Bajo

Comentarios en torno al evento
Diario La Opinión - Suplemento Rastros. Usos del Arte y las Ideas - Año II – Nº 69

Tapa
EL REGRESO DEL TROVADOR

Invitado por la Asociación Cultural Otras Voces, el guitarrista y compositor Alejandro del Prado brindó un recital en el que presentó “Yo vengo de otro siglo”, el disco que grabó a fines de 2008.  Aquí, un diálogo a fondo con el artista que rompió el silencio discográfico de más de veinte años.

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LA VOZ DE LA MURGA PORTEÑA

En el marco del Ciclo de Música Popular que la Asociación Cultural Otras Voces organiza con el aporte de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura, el pasado viernes 12 de junio en el Teatro Lasserre se presentó el cantante y guitarrista Alejandro Del Prado.  Acompañado por Hernán Bruno en batería y Luciano Pallaro Battagliese en bajo. Del Prado interpretó varias canciones de su último disco “Yo vengo de otro siglo”, grabado a fines del año pasado, además de algunos clásicos suyos de los 80` como Los locos de Buenos Aires y Aquella murguita de Villa Real.
Así, renovando la original e interesantísima mixtura entre murga, tango, rock y folclore con la que supo forjarse un estilo propio, Del Prado presentó en nuestra ciudad su regreso oficial tras veintitrés
años de silencio discográfico.  En efecto, luego de haber integrado el grupo Saloma, Del Prado comenzó su carrera solista y en 1980 grabó su primer disco, que contó con las participaciones de Litto Nebbia y Silvio Rodríguez, y fue editado en 1982.  Su segundo trabajo, Los locos de Buenos Aires fue grabado en 1985 y le otorgó un genuino reconocimiento debido a la calidad compositiva e interpretativa.  Desde ese año y hasta el 2008, Del Prado estuvo ausente de los estudios de grabación, pero mantuvo la intensidad musical tocando en otros países y acompañando a leyenda de la talla de Alfredo Zitarrosa, entre otros.  En un diálogo a fondo con Rastros, el músico analizó el nuevo disco y repasó diversos momentos de su vasta carrera artística.

-¿Cómo nació este nuevo disco?

-En realidad fue prácticamente una iniciativa de Acqua Records.  Me preguntaron si tenía material disponible, y cuando escucharon algunas canciones me propusieron grabar el disco.  Y la verdad es que la gente de Acqua se portó muy bien conmigo, porque en el medio del proceso de grabación sufrí un golpe muy duro a nivel personal, que fue la muerte de mi mujer, y ellos siempre me apoyaron.  Me parece que el disco tiene una fuerza muy especial; la primera vez que lo escuché dije ¿y ahora quién toca esto?, por que lo sentía muy fuerte.  Hoy me siento bien con el disco, estoy contento.  Lo he escuchado mucho y puedo ver todas las fotos de cada momento, puedo percibir el trabajo que hay atrás de cada canción, y todavía me sorprende.  La sorpresa, en el buen sentido, es siempre una buena señal para estas cosas.

-¿Por qué estuviste tantos años sin grabar?

-No sé.  Nunca me pregunté por qué no estaba grabando.  De todos modos, no fue un tiempo perdido porque hice muchas otras cosas.  Estuve varios años en España, también en México, y tuve varias posibilidades de grabar discos que por diferentes razones se fueron frustrando.  Pero entendí que cuando un disco no se da, no hay que buscar tantas vueltas ni explicaciones, eso simplemente significa que no es el momento de grabar.  Y tampoco es que estuve completamente encerrado, solamente no grabé pero en cambio sí estuve tocando.  Además, el tiempo para preparar un disco pasa muy rápido, eso también influyó.  Es como el tiempo de la composición: uno puede estar cuatro o cinco horas tratando de sacar un tema y sólo parece que pasaron quince minutos.  En esos momentos no se tiene una noción real del tiempo.  Y ocurre algo similar con el tiempo que se dedica a organizar un recital, porque la fecha llega enseguida, cuando uno menos la espera.

-¿Cómo trabajás con respecto a la composición de un tema, en cuanto al tratamiento de la letra y la música? 

-Siempre estoy leyendo a diferentes poetas, como Jorge Boccanera, Adrián Desiderato, Raúl Gonzalez Muñón, Vicente Muleiro, Humberto Constantini.  Yo funciono por épocas de inspiración creativa.  Ahora, justamente vengo de un año en el que estuve escribiendo y leyendo muchísimo.  Claro que de todo lo que uno exprime de sí mismo hay un porcentaje muy elevado que se debe desechar.  Yo tengo pilas de hojas que están por ahí arrumbadas o que han ido a parar directamente a la basura.  Lo que vine escribiendo este año no necesariamente fue pensado para llevar música; algunos poemas sólo quedaron en letra.  Y la manera de ensamblar la letra con la música siempre es misteriosa, porque a veces la misma letra puede disparar una melodía concreta, o también ocurre que la música salga primero y pida sus propias palabras.  Lo importante es que un músico sepa cómo entrenarse con la palabra, para poder llenar sólo los espacios que la música necesita llenar con palabras.  O sea, creo que no es bueno poner letra donde la música se basta sola.  Con respecto a los temas de Yo vengo de otro siglo, hay algunos que tienen como veinte años; y muchos otros surgieron de haber estado jugando con la guitarra, metiéndome en un ritmo y luego en otro y volviendo al primero.  Es que mi manera de tocar es así, un tanto caótica, pero siempre manteniendo cierto control sobre ese caos.  Lo importante es que todo salga de manera natural, orgánica.  Ahora es más entendible para mí, y creo que también para el público.

-¿Qué te produce escuchar que digan que Alejandro Del Prado es el verdadero precursor de grupos consagrados del rock nacional como Los Piojos o Bersuit Vergarabat?

-Está bien, es verdad… (Risas).  Yo no quiero joder a nadie ni que alguien se sienta mal, pero bueno, creo que por un lado es cierto, ¿qué pasa? ¿Está mal que uno quiera que valoren su trabajo en la justa medida?  Pero no fui yo sólo, hubo muchos otros músicos que también estuvieron conmigo en toda esa movida, como mis compañeros de Saloma.  Mi esposa, por ejemplo, fue la primera mujer que tocó el bombo en una banda, y lo hacía con la fuerza y la desmesura de un hombre.  En realidad fue una época muy linda y lo que hacíamos era hecho con fe, con pasión, por eso creo que es merecido que hoy se reconozcan esas cosas.  No sé si es correcto que lo diga yo, pero lo digo y punto.  Igual muchos chicos de ahora, muchos jóvenes rockeros me ven como una especie de coya “ahí viene el autóctono”.  Los entiendo: ellos se creen más locos… Ser más locos, para mí significa ser más simples.

-¿Qué aprendiste al tocar junto a Zitarrosa?

-Uh… muchísimo.  Cada vez que escucho un tema de Zitarrosa no puedo evitar que los recuerdos vuelvan a inundarme, porque enseguida siento que yo acompañé a esa voz durante años.  Tengo toda su obra en mi cuerpo, en mi cabeza; y puedo decir de memoria cómo compuso o cómo tocaba muchos de sus temas.  Toqué todos los días con él durante dos años seguidos, y eso me dio un entrenamiento bárbaro.  Además era una persona realmente adorable.  Y cada vez que salgo de gira o que tengo que viajar para tocar me acuerdo de él, porque compartí con Zitarrosa precisamente eso, el vagabundeo, la experiencia de ser músicos de la ruta, el viaje.

-¿Cómo te sentís hoy con tu trayectoria?

-Me siento muy bien, aunque ya no tengo ganas de moverme tanto.  Prefiero quedarme en mi lugar.  Ya estuve afuera mucho tiempo y recorrí el país varias veces.  Por eso ahora a veces prefiero rechazar algunas invitaciones para tocar porque quiero estar en mi mesa, en mi silla, con mis cosas, mis discos, mi música, mis libros.  O sea, mi mundo.  Ahora, igualmente, se está empezando a mover el disco así que voy a tener que viajar, pero trataré de ir dosificando ese tema. Yo agradezco poder tocar en distintas ciudades de todo el país, pero no me gusta llevar una vida maratónica.

Fotos: Administrador