Viernes 11 de septiembre - Teatro Laserre

Formación:
Yusa: Bajo, guitarra y voz
Facundo Guevara: Percusión y coros
Mariel Barreña: Teclados y coros

Comentarios en torno al evento:
Diario La Opinión - Domingo 20 de Setiembre - Suplemento Rastros, Usos del Arte y las Ideas - AÑO II - Nº 82

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EL RITMO NACIÓ EN CUBA

Invitada por la Asociación Cultural Otras Voces, la reconocida cantante y guitarrista cubana Yusa brindó un magnífico recital en el Teatro Lasserre. En diálogo con Rastros, habló sobre las influencias musicales que se condensan en Haiku, su último disco.

Páginas 2 y 3 del suplemento
EL COLOR DE LOS SONIDOS CUBANOS

Con la organización de la Asociación Cultural Otras Voces y el Centro Ciudad de Rafaela, en el marco del Ciclo de Música Popular, la talentosa cantante y multiinstrumentista cubana Yusa presentó, en el Teatro Lasserre, su último c.d. Haiku. En un recital efectuado gracias al aporte de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura, la artista derrochó todo su virtuosismo entregando una muestra magistral sobre los actuales derroteros de la nueva música cubana. Acompañada por dos músicos excepcionales, Facundo Guevara en percusión y Mariel Barreña en teclados, Yusa desplegó, durante casi dos horas, un repertorio inagotable de ritmos en el que fusionó sus influencias provenientes de los más diversos géneros musicales. Así, Yusa demostró por qué ha sido ponderada por críticos y músicos de diversas nacionalidades como una de las jóvenes artistas que mejor han sabido mixturar las raíces de la música cubana con influencias del jazz, el rock e incluso la música clásica.
En diálogo con Rastros, la creadora (que actualmente se encuentra en gira por Argentina y Brasil) señaló que el disco se llama Haiku ya que a nivel conceptual toma varios elementos de esa breve forma poética, una de las más extendidas de la poesía tradicional japonesa. “Hay cosas de la cultura oriental que me resultan interesantes, y traté de volcarlas al disco. Cuando empecé a componerlo, me di cuenta que el primer tema tenía una estructura musical muy larga y no sabía si debía llevar mucho o poco texto. Necesitaba allí una forma poética adecuada para acompañar esa estructura extensa, y finalmente la encontré en el Haiku”, relató la artista. Y añadió que “por otro lado, al momento de componer las canciones de este disco, yo estaba experimentando una especie de retroceso, ya que me había vuelto a seducir ese estado del músico que aparece cuando se encuentra solo con su instrumento. Es decir, un estado cercano al despojamiento, a la pureza, a la falta de artificio. Yo venía de muchos años en los que estuve trabajando con varios músicos, utilizando una gran cantidad de instrumentos, y entonces quería regresar a esa situación del trovador que está solamente acompañado por su voz y su guitarra. En ese momento estaba leyendo a Yukio Mishima y a Yasunari Kawabata, lo cual seguramente no debe haber sido para nada casual, y en esos autores japoneses encontré muchas ideas que fueron disparadas en cuanto a la armonía, la forma y también el contenido, porque todo el tiempo están remitiéndose, de manera minimalista, a la naturaleza, a la esencia del origen del ser humano. Eso tenía que ver con lo que yo necesitaba como música y como creadora en ese momento. Y como a mí me cuesta mucho nombrar las cosas al momento de escribir la letra de una canción, y trato de no ser pretenciosa en ese aspecto, decidí tomar el concepto del haiku para nombrar el disco y también como una orientación a la hora de crear las letras. No es que las letras del disco sean haikus, porque no respetan su forma ni su métrica, pero sí tienen una reminiscencia en cuanto a la sencillez y la brevedad de su forma. Así que el concepto de haiku está, en general, en el clima del disco.

-¿Es posible establecer el origen de los estímulos que han suscitado las canciones del disco?

-Realmente no puedo saber de donde vienen las canciones, de donde nacen, hay muchos estímulos que desatan o disparan una canción y luego el significado de esa pequeña obra empieza a revelarse a medida que la voy cantando en vivo. De hecho, una canción es simplemente el resultado de un proceso que empieza en algún lugar un poco misterioso, y que termina en el cuerpo del músico, en sus brazos, en su voz. Para mí, el momento de la creatividad funciona de ese modo. Creo que casi todas mis canciones se han ido renovando con el correr del tiempo, sus significados han ido variando a medida que las he interpretado en diferentes momentos, en diferentes lugares y para públicos diversos. Las canciones evolucionan a medida que yo también crezco como artista y como persona. Hay algunas a las que hoy mismo las veo casi desde afuera, como si hubieran sido compuestas por otros músicos. Y eso también me resulta saludable porque debo cantarlas muchas veces, como sucede en las giras, y es una buena manera de renovarlas y de no aburrirme. De lo contrario, estaría cayendo en la repetición de una misma fórmula todos los días, y eso es algo que no me gustaría para nada. Incluso casi nunca trabajo con los mismos músicos y tampoco me interesa instalarme en un mismo formato, sino que trato de cambiar, no por el cambio por sí mismo, sino porque cada momento o etapa artística necesita y pide un estado distinto, una forma diferente. Ahora, por ejemplo estoy trabajando en trío junto a Facundo Guevara y Mariel Barreña, y eso se debe a mi necesidad de ir hacia esa desnudez de la música, utilizando pocos elementos.

-Se nota un trabajo muy interesante en cuanto al uso de la palabra como un instrumento adicional, en el que prima una conexión desde lo sonoro: casi una concepción onomatopéyica del lenguaje. ¿Eso está trabajado de manera consciente?

-No, pero tiene que ver que soy muy permeable a los idiomas, me gusta aprender diversas lenguas. Para mí, las palabras también son instrumentos musicales y me dan una nueva dimensión sonora al momento de ser usadas. Me encanta leer y me gusta indagar en las posibilidades que otorgan las palabras, lo que ellas pueden provocar. No soy escritora, pero admiro el trabajo que hacen los poetas con la palabra. Creo que eso también está conectado con una época en la que trabajé intensamente haciendo música para teatro, y en donde aprendí a darles esa dualidad a las palabras y a los sonidos. Una dualidad que tiene que ver con lo que se ve en escena y lo que no se ve, la verdad y la mentira. Diría que no es algo premeditado, pero si que es necesario.

-Y en cuanto al eclecticismo musical que se ve en el show, ¿responde a una búsqueda personal?

-Sí, es que tengo muchas influencias. Estudié música clásica desde los 8 años. Además, vengo de un país que está repleto de sonidos, en el que hay mucha música de diversos géneros sonando alrededor de las personas desde el momento en que nacen. Eso me ha dado muchas herramientas a la hora de crear, porque todo el tiempo se están cruzando en mí los ritmos y géneros populares con la forma clásica, académica. No me resisto a trabajar con instrumentos diversos, de todas clases, porque el cruce de influencias es algo que me constituye y me siento identificada con eso. Además, eso me da la libertad de poder reconocer muchas reglas, que surgen desde los distintos géneros, por lo tanto, después tengo la suerte de poder crearme yo misma las formas de romper esas reglas.

-¿Cómo es el panorama del arte y la cultura en Cuba, en cuanto a las posibilidades de difusión y circulación de los artistas?

-Creo que es como en todas partes. Cuba no es ni un ejemplo ni un paraíso, ni un infierno, ni tampoco una excepción. En todos los países que he visitado me he encontrado con gente que se dedica a la música como si fuera una carrera de velocidad, y también con artistas que encaran su trabajo como si fuera una carrera de fondo. Es decir, en todas partes hay artistas que van a perdurar y que quizás no tienen la difusión que se merecen, y otros que sí la tienen porque trabajan para las grandes empresas y se dedican a hacer dinero. Por supuesto que es difícil para un artista serio encontrar sus canales de expresión, sus espacios, su público, pero en Cuba es igual de problemático que en toda Latinoamérica, y me atrevería a decir que en todo el mundo. De todos modos, ahora en mi país se están abriendo más espacios para los músicos, y eso permite que haya artistas de diversos géneros conviviendo en espacios diferentes: hay sitio para el rap, para la salsa, para la fusión, y también para la música que yo hago. Solamente espero poder ser parte de los cambios. Incluso esta misma gira ha sido realizada desde un mínimo de recursos, no es que estamos contratados por un empresario millonario. Como en todas las épocas, el artista que realmente desee hacer su arte y tenga, aunque sea, acceso a un mínimo de recursos, en Cuba puede hacerlo.
Por Santiago Alassia

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