Viernes 13 y  Sábado 14 de noviembre - Centro Cultural Municipal

Formación:
Alberto Suárez: guitarra y voz

Músicos invitados:
Rubén Carlini: guitarra
Victoria Birchner: voz

Clínica:
Alberto Suárez: Curso sobre Creación de Canciones.

Revista Digital La Púa

LETRA Y MÚSICA

Durante el viernes 13 y sábado 14 de noviembre en la Sociedad Italiana se desarrolló un Curso sobre Creación de Canciones, dictado por el músico Alberto Suárez. Esta instancia contó con reconocimiento ministerial y se entregaron certificaciones oficiales.
Orientado a músicos, docentes y público interesado en la materia poética, la Asociación Cultural Otras Voces, el Ciclo de Música Popular y la CTA Castellanos, organizaron esta instancia en donde se compartieron experiencias, música y aquello que siempre acompaña al folclore y convoca también a músicos de otros estilos: una buena zapada y vino de por medio.

El curso arrancó formalmente a las 19.30 del viernes, con una presentación del músico invitado que a continuación explicó el desarrollo del curso y cuáles eran las expectativas.
Algunos de los contenidos que fueron desarrollándose durante la tarde estuvieron directamente relacionados con la letra: “Diferencia entre poesía y letra”, “La forma”, “Estructura literaria” y finalmente “Abordaje en letra”.
En esta instancia del curso, se realizaron ejercicios orales y escritos. El día terminó cerca de las 22.30 con una peculiar instancia de informalidad en donde comiendo y haciendo circular el vino, se improvisó una zapada en la sede de CTA en calle Tucumán.
En el segundo día, el curso comenzó a las 14:00 repasándose contenidos del día anterior para luego abocarse directamente al segundo de los componentes dentro de la composición musical: “La forma” y “La estrofa”.
En esta instancia se realizaron más ejercicios que en el día anterior, pero al mismo tiempo hubo más participación de la asistencia, que también creció en número respecto al día anterior.
Para finalizar los ejercicios, en esta instancia del curso, se armaron 6 grupos. Cada uno compuso una zamba, que a la hora de las presentaciones tocó y cantó para el resto.
El broche a esta jornada de formación, fue un recital que ofreció Alberto Suárez alrededor de las 21.30 en la Sala de la Sociedad Italiana. Esta vez no fue sólo para los asistentes al curso sino también al público en general, y estuvo acompañado por los músicos locales Victoria Birchner y Rubén Carlini quienes interpretaron canciones del cancionero popular argentino y latinoamericano.

CURSO DE CREACIÓN DE CANCIONES, GESTACION DE NUEVOS SUEÑOS.

Durante los pasados viernes 13 y sábado 14 de noviembre se llevó a cabo el Curso de Creación de Canciones dictado por el músico Alberto Suárez.
El objetivo de dicho encuentro consistió en dar a conocer aquellos recursos que, bien utilizados, son necesarios para lograr que una pieza final musical tenga el sentido que nosotros buscábamos que tuviera. Teniendo en cuenta que la música es arte, y el verdadero arte se haya en no contar lo que se busca decir, estos recursos resultan elementos básicos en la composición.
Más de veinte personas participaron del curso. Se forjó un lugar de encuentro de artistas que tienen muchas ganas de expresarse mediante la música y la poesía. Un espacio que los unía en su pasión por la música.
En el campo de lo popular, es aún más importante el manejo de dichos recursos que hacen a la buena interpretación de la pieza. “Lo popular tiene que ver con lo comunicativo” nos decía Alberto Suárez.
Durante la primera jornada Suárez hizo especial hincapié en los recursos relacionados con la música. Se abordaron tópicos como la forma y sus tipos, la estrofa, rima, métrica, estructuras musicales, entre otros.
Al finalizar este primer encuentro, sus organizadores – Ciclo de Música Popular, Asociación Otras Voces, CTA-, junto a Alberto Suárez, y los concurrentes al taller, se dirigieron hacia la Casa de la CTA, en donde compartieron un lindo banquete que fue coronado con una guitarreada acompañada por el sonido de la lluvia.
Durante la segunda jornada, se trataron los recursos que serían aplicados en la letra de la canción. Fueron explicados los diferentes abordajes que es posible que tenga la letra. También se hizo especial hincapié en la distinción entre poesía y letra.
Una buena canción no se esconde tras un gran discurso, ni tampoco un gran discurso determina que sea o no un buen tema. Poesía no es sinónimo de letra. En cada palabra y expresión utilizada se pone en juego el ser humano mismo. Se plasman en cada tema los conflictos de los hombres. No conflicto en un sentido problemático, sino en un sentido amplio, que abarca el conjunto de los laberintos del hombre. “El buen escritor debe armarse su propio listado de conflictos, los cuales serán considerados antes de escribir la primer palabra” expresaba Suárez.
El verdadero desafío del compositor es captar la atención del espectador. La dispersión del oyente aumentara en la medida que él sepa como hacer para transmitir el mensaje que realmente busca transmitir. Teniendo en cuenta que la definición final del sentido la realiza el oyente, es importante conocer estas herramientas y poder manejarlas. Justamente por el verdadero arte no nombra, conocer los mecanismos y herramientas posibilitan al compositor plantear el conflicto de la mejor manera. Se trata de elegir palabras, expresiones y formas de escritura que despierten en el oyente sensaciones, y tengan un real sentido
El mito de la inspiración, “La canción sale, y así queda”, no es más que un gran error que afecta directamente la manera en que el mensaje es percibido e interpretado. En la primera instancia de composición, el compositor se lanza a escribir. Se anima. Es importante que lo escriba todo. Lo que necesita decir y lo que no. Pero necesariamente luego de esa etapa, debe continuarle otra en la que las palabras desordenadas y carentes de un verdadero sentido sean organizadas.
Es importante destacar que no solo no esta mal corregir esa primera producción neta, que por otro lado no es mas que un borrador, sino que en la mayoría de los casos resulta necesario. Pero para poder hacerlo correctamente es ineludible saber qué es lo que queremos hacer, y hacia que dirección vamos. Hacia que dirección apunta nuestro tema, y qué es lo que tenemos para decir. El compositor debe saber de antemano quién es el que habla, dónde esta ubicado, por qué habla, en qué contexto lo hace y fundamentalmente qué dice. Es en ese momento donde comienzan a ponerse en juego los instrumentos aprendidos para hacer de nuestra canción un mensaje con verdadero sentido.
Finalmente se realizo una última actividad de modo grupal. La dinámica consistió en la creación de una zamba, utilizando los recursos aprendidos durante los dos encuentros. Con dicha exposición quedo coronado el Taller, pero se inauguró un nuevo camino, un sueño, y un nuevo motivo de encuentro.
En muchos casos la sorpresa fue poder descubrir recursos que ya antes eran utilizados sin ser conciente realmente de ello, y aprender a aplicarlos de manera efectiva para que la canción pueda contener y transmitir el mensaje que realmente el artista desea transmitir.
En verdad el espacio sirvió no solo para aprender las tácticas de producción de canciones, sino que consistió fundamentalmente en un espacio de encuentro, donde diferentes personas pudieron compartir sus historias, sus conocimientos, sus emociones e ilusiones.

Fuente: CTA Castellanos (juventudctacastellanos.blog spot.com)

Diario La Opinión - Domingo 22 de Noviembre -Suplemento Rastros, Usos del Arte y las Ideas - AÑO II – Nº 90

Tapa
CANTAHUMOR

Con la presencia del cantante y compositor catamarqueño Alberto Suárez finalizó la edición 2009 del Ciclo de Música Popular.  En diálogo con Rastros, el músico repasó el lugar que ocupa el humor en su obra y habló sobre el presente y el futuro de la canción popular en nuestro país.-

Páginas 2 y 3 del suplemento
LA CANCIÓN, ESE ACTO REFLEJO

Luego de un año con una programación variada y de alta calidad, que incluyó recitales de artistas y grupos provenientes de distintos géneros y latitudes, el Ciclo de Música Popular organizado por la Asociación Cultural Otras Voces culminó su edición 2009 con la presentación del guitarrista catamarqueño Alberto Suárez.
Intactas en el recuerdo quedarán algunas de las noches memorables que ofreció el Ciclo: los silencios hondos y precisos de Juan Falú, la frescura del torbellino murguero de Alejandro Del Prado, el carisma escénico de Rubén Goldín, la energía de la cantante cubana Yusa, el virtuosismo de Luis Salinas. Así, el evento (realizado con el aporte de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura) contó con un cierre que tuvo celebración por partida doble, ya que, además del recital, Suárez brindó un taller de creación de canciones que fue aprovechado por algunos músicos locales para profundizar sus técnicas compositivas.

SEAMOS REALISTAS: RIÁMONOS
Hábil en el manejo de la temperatura del público, Alberto Suárez subió al escenario cargando un arsenal de recursos típicos de la canción popular y de diversa eficacia.  El latigazo aforístico, la mirada auscultando las miserias sociales desde un perfil contiguo a la denuncia, la sabiduría refranera y un humor ácido en algunos pasajes, fueron condimentos sobresalientes de su perfomance.  Antes María Victoria Birchner en voz y Rubén Carlini en guitarra habían endulzado a los espectadores con un breve pero exquisito repertorio en el que interpretaron obras de Joan Manuel Serrat y Jorge Fandermole, entre otros.  Pero volviendo al desempeño de Suarez, muchas cosas se pueden decir sobre el compositor, intérprete y docente prácticamente desconocido para el público rafaelino.  En primer lugar, que hay algo en sus letras y en su fraseo, aspectos en gran medida tamizados por el humor, que lo acercan tibiamente a la marca inconfundible de Leo Maslíah.  En este punto se puede mencionar, acaso como síntesis de tan caprichoso parentesco, la formidable aceleración de la voz puesta en marcha cuando echa a rodar los párrafos kilométricos de sus canciones, los que, dichos desde una notoria parquedad gestual, refuerzan esa sensación de cercanía artística.  Sin embargo, la poética de Suárez poco tiene que ver con el universo del uruguayo, pues no se nutre del gran río fértil de lo absurdo sino que se planta en un registro decididamente realista: aquí es donde el parentesco se debilita.  De cualquier modo, Suárez posee un sello potente, asentado en la mueca irónica y levemente dolorosa del cantor que denuncia y al mismo tiempo se ríe de lo que ve: es decir, la realidad, esa materia bien concreta con la que arma sus temas.

VISCERALIDAD SOCIAL
En diálogo con Rastros, Alberto Suárez habla de la visceralidad con la que encara el trabajo a la hora de componer una canción de protesta o denuncia social.  “Tengo varios temas que giran alrededor de esa forma.  No me siento convencido de llamarla canción de protesta.  Particularmente, prefiero decir que son canciones de reflejo, porque se construyen a partir de la intención de reflejar lo que sucede en la sociedad: las miserias políticas, los problemas sociales.  No considero positivo que un artista evada la realidad, y en mi caso el humor refuerza esa actitud de resistencia artística.  Me interesa usar el humor para reforzar lo sensible, lo inteligente”.  En este punto, el guitarrista catamarqueño expresa que en el recital ha omitido un tema que, desde esta mirada compuso en torno a la problemática de la soja.  “Soy un  poquito respetuoso y sé que esa temática, en Rafaela, puede herir susceptibilidades.  Pero el momento actual me encuentra componiendo y grabando canciones sobre ese tópico”.  ¿Desde que postura?  Suárez dice “Fundamentalmente, desde el chasco que me han significado los discursos de izquierda que luego terminaron posicionándose de una manera adversa a un concepto de redistribución que, en principio, me pareció positivo”  Y no dice más, seguramente porque cree que no hace falta, que hasta ahí ha dicho suficiente.

PULIR CADA PALABRA
En cada letra de Suárez asoma con claridad la paciencia, ese estado de espera puesto al servicio de la selección de cada palabra de acuerdo a la cadencia, la métrica, la rima.  Sobre las lecturas que, a lo largo de los años, han nutrido su labor al momento de escribir las letras, el músico afirma que “la más significativa es Chico Buarque.  También me siento influenciado por Atahualpa Yupanqui; he leído mucho de Benedetti, he escuchado incansablemente a Serrat.  El trabajo es inevitable para quien se adentra en este destino que es componer canciones.  Yo lo hago porque supongo un espectador al que mínimamente le debo ese respeto, el ofrecimiento de una obra trabajada.  El trabajo artístico puede parecer muy romántico y muy bohemio visto desde afuera, pero desde adentro tiene muchos momentos tediosos, casi rutinarios.  Esa actitud hoy no está muy en boga.  Entonces parto desde esa base, en la cual no debe faltar jamás el esmero por pulir la forma, la letra, la melodía, el contenido de cada canción”.

-¿Cómo ve hoy la canción popular en nuestro país?

-En franco despegue.  Tal vez hoy no se note, pero en poco tiempo puede que sí.  En este sentido, me parece importantísima la nueva ley de medios audiovisuales.  Supongo que va a ser algo muy difícil de establecer, pero si esta medida logra implantarse, van a apareces en todas las provincias expresiones que aún no estamos advirtiendo.  Además, creo que la canción argentina en los últimos quince años ha incorporado la importancia de la formación.  Ya no existe esa anigua dicotomía entre el oído y la partitura, porque afortunadamente los cantautores hemos admitido que ambas cosas son indispensables.  Y esto no significa en absoluto una voluntad de crear desde parámetros comerciales o atendiendo a las modas del mercado, sino que se trata de intentar ofrecer, a nivel estético y a nivel contenido, un producto que esté a la altura de la gran tradición hecha de enormes exponentes que tiene nuestro país en el género de la canción.

-¿Hay algún momento en el que brote la certeza de haber logrado el tema que estaba buscando?

-Sí, cuando se lo muestro a mis tres o cuatro amigos a los que considero poseedores de “la oreja del zonzo”, que es algo que yo mismo también tengo: un sentido especial para escuchar la profundidad de la canción.  Yo soy muy buen público.  Si bien me desempeño como profesor de guitarra, al escuchar a un guitarrista, nunca me voy a fijar en la mano, en la técnica o en la armonía.  Yo escucho como persona, como gente, y me siento conmovido o no.  En el lugar donde vivo tengo allegados y amigos que no son precisamente académicos, pero tienen esa cuestión de no dejarme mentir.  Antes de llegar al público, normalmente mis temas pasan por muchos filtros, y corrijo mucho.  Es algo que lo hago a nivel intuitivo porque esos oyentes privilegiados son muy pocos y no hablan, no me dicen que les parece el tema, sino que yo debo descifrar lo que sienten a partir de sus expresiones, de sus gestos, de las caras que ponen.

-¿Qué se debe transmitir a alguien que se inicia en el arte de componer canciones?

-Al empezar mis talleres siempre digo lo mismo: si esto fuera natación, yo los pondría al costado de la pileta y les pegaría una patadita en el culo...  Mi labor, básicamente consiste en ayudarlos a que pierdan el miedo mientras cuido que no se hundan.  Después, hay que trabajar desde adentro de la canción.  Lo otro es interdisciplinario, porque yo pongo al servicio de la canción muchas cuestiones que tienen que ver con la novela, con el cuento, con el cine, con la plástica, la fotografía, entre otras cosas.  Yo considero que la canción es una pequeñísima e inmensa obra de arte.  El problema es la estrechez temporal: son sólo tres minutos.  Pero hay que entender a la canción como un pequeño lapso de tiempo que debe ser simple y, a la vez, contar de un modo sintético.  Por lo tanto, se ponen en juego cuestiones de otros formatos artísticos: la condensación, la elipsis, el montaje.  Eso es un desafío maravilloso y la idea central de mi taller ronda sobre eso: contagiar a los participantes el ímpetu necesario para asumir el desafío.

Por Santiago Alassia

Fotos: Administrador