Viernes 17 de Abril – Teatro Lasserre

Formación:
Tatiana Parra: Voz
Conrado Goys: Guitarra y voz
Andrés Beeuwsaert: Piano y voz

Comentarios en torno al evento
Diario La Opinión - Sábado 18 de abril - Sociales

TATIANA PARRA EN RAFAELA
Anoche se presentó la cantante brasilera Tatiana Parra en el Teatro Lasserre ante un buen marco de público, organizado por la Asociación Cultural Otras Voces y el Centro Ciudad de Rafaela en el marco del ciclo de Música Popular 2009. Contó con el apoyo de la Embajada del Brasil en Argentina.
Estuvo acompañada por dos músicos muy reconocidos, el guitarrista brasileño Conrado Goys y el tecladista argentino Andrés Beeuwsaert que es integrante del grupo de Pedro Aznar y del Aca Seca Trío.

Diario La Opinión - Domingo 26 de Abril -Suplemento Rastros, Usos del Arte y las Ideas - AÑO II – Nº 62

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LA FUERZA DE LA SUAVIDAD

En el marco del Ciclo de Música Popular, y como parte de una gira que abarca Argentina y Uruguay, la cantante brasileña Tatiana Parra brindó un recital lleno de talento y calidez

Páginas 2 y 3 del suplemento

UN CAUDAL DE MIEL

El pasado viernes 17 de Abril, la sala Lasserre del Centro Ciudad de Rafaela recibió a una artista formidable, y lamentablemente poco conocida en nuestra ciudad.  Dentro del Ciclo de Música Popular organizado por la Asociación Cultural Otras Voces, y con el auspicio de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura, se realizó el recital de Tatiana Parra, una cantante brasileña con una entonación exquisita.  Fue, al cabo, una de esas noches que no abundan muy seguido por nuestros lugares; y, a pesar de la continua visita  de artistas de las más variadas gamas, esta vez el espectáculo ofrecido tuvo una pureza y calidad únicas.
Tatiana Parra, una joven cantante oriunda de San Pablo, se presentó en el Teatro Lasserre dejando una huella de dulzura inesperada, para la cual muchos de los espectadores que llegaron al lugar no estaban advertidos.  Y es que a pesar de cualquier introducción que pueda hacerse, al final la hora de la verdad es la que marca y moldea.
Acertadamente, Luis Bainotti fue el encargado de abrir la noche en solitario con su guitarra acústica, en donde pudieron apreciarse diversas composiciones de su autoría, entre ellas “Las cuatros estaciones”.  Además el músico local interpretó un par de zambas, no sin antes haber aclarado el sentido etimológico del género, aclarando las diferencias de escritura y pronunciación con el samba brasilero.
Luego, con el escenario completamente dispuesto, los músicos que acompañaron a Parra tomaron el control y comenzaron con lo suyo.  Así, la cantante llegó acompañada por Conrado Goys en guitarra y Andrés Beeuwsaert en piano (Argentino, parte del proyecto “Aca Seca Trío”), dos artistas de una fluidez gigante.  Lo que sería el show en concreto aún resultaba un misterio para quienes desconocían el trabajo de la artista, y finalmente no fue pequeña la sorpresa que se llevaron.  Desde el principio, Tatiana Parra tomó por asalto el escenario moviéndose con sutileza, cariñosamente, y danzando de un modo suave e hipnótico.  Estos movimientos no cesaron ni siquiera cuando se sentó frente al piano en el momento de interpretar sus propias canciones.  Aunque se pudo percibir desde el primer instante la comodidad que daba vueltas en el teatro, la sensación final cuando volvieron a encenderse las luces fue la de haber disfrutado de un alto nivel de intimidad explicable mas allá del tamaño de la sala, ya que Parra logró un contacto muy especial con el público, con quién compartió un diálogo constante, bromeando en portuñol, y agradeciendo ante cada aplauso recibido.  Si se tiene en cuenta que a todo esto se le sumó una casi imperceptible interferencia de una radio en el equipo de sonido, entonces se puede advertir que el show tuvo varios detalles simpáticos.
El recital, a pesar de no haber resultado demasiado extenso, fue altamente efectivo, ya que estuvo cargado de vaivenes progresivos dentro de las propias canciones.  En su mayoría, este aporte salió de las manos de Andrés Beeuwsaert, que no solo ejecutó con justeza, precisión y respeto cada tema, sino que también se tomó el atrevimiento de dar una impronta personal, íntima, a las canciones del vecino país, otorgando así otros colores y sensaciones a la música.  Del otro lado, Conrado Goys también aportó lo suyo, demostrando (al igual que el pianista) que no sólo es un interesante guitarrista sino también un magnífico compositor.  Cerrando el triángulo, Tatiana Parra desde su cúspide se erigió en el centro de atracción.  Vale mencionar que su historia se encontró con la música desde muy pequeña, cuando cantaba en jingles televisivos, y fue ascendiendo hasta hacerse un nombre reconocido en Brasil, donde participó en diferentes proyectos junto a nada más ni nada menos que Toquinho y Rita Lee, entre otros grandes creadores.  Y en el recital, Parra hizo gala de una combinación perfecta, porque tuvo en su poder la representación de las voces femeninas cariocas en su punto casi más elevado, esa dulzura y transparencia que originan una sonrisa constante a pesar que muchas de las canciones interpretadas tuvieran un aire melancólico.  Todo pareciera indicar que, si canta Tatiana Parra, siempre habrá belleza por más que el motivo de la canción sea triste.  Por otro lado, los susurros percusivos con los que acompañó cada tema, siempre sonriendo, condimentaron perfectamente los climas de cada canción.  A todo esto, por si fuera poco, hay que agregar que la cantante destiló candidez y dulzura por todos los centímetros de las tablas.  De ese modo se percibió la fuerza de una simpatía que eliminó las distancias físicas entre el escenario y las butacas.  En su caudalosa voz y su peinado de Cleopatra, en su caminar entre los pasillos, se puede resumir el logro de la perfecta intimidad final alcanzada por la genial cantora.
En cuanto al repertorio presentado, tuvo la cualidad de ser abarcativo en lo que se refiere a cuestiones de autores, incluso también en los idiomas.  Sonaron en el show composiciones que van desde Gilberto Gil hasta autores que no poseen un reconocimiento  tan masivo en nuestro país, como por ejemplo André Mehmari y Mario Laginha.  Durante el musical recorrido fueron alternándose tales temas, hasta que promediando el show esa faceta de canciones ajenas se detuvo para dar lugar a la interpretación de composiciones propias de cada uno de los músicos que integraba el trío.  Primero fue el turno de Beeuwsaert, donde sonaron dos canciones que formarán parte de futuros discos a editar este año, uno del pianista y otro de Parra.  Lo mismo sucedió con el acompañamiento de Conrado Goys, y luego todos juntos, a modo de cierre de ese concepto, interpretaron tres canciones de Tatiana Parra con ella misma al piano.  Hubo de todo, una balada en inglés, bossa, sambas de las más dulces a la más frenética; destacándose dos momentos en especial auge: “Sabia”, una genialidad de la dupla Tom Jobim / Chico Buarque, y “Monte Maíz”, del uruguayo Hugo Fattoruso, que llevó el aire de una balada hasta alturas increíbles, demostrando la energía interpretativa en carne viva.
Fue sorpresivo que al encenderse las luces, no haya habido un pedido de bises por parte del público; todo lo contrario, pues muchos espectadores ni siquiera soportaron un minuto sentados ante el pedido (silencioso o no) de algo más.  Algunos aplaudieron parados; otros, levantándose apresuradamente para irse como si se quemara el teatro, no se sintieron tocados por el show, y algunos miraron s los costados, como queriendo aunque sea un bis que no iba a poder darse.  En efecto, la naturaleza de los recitales suelen ser insondable, oscura, ambigua.  En este caso lo extraño de la situación radicó en que, momentos antes, ese mismo público había aplaudido efusivamente diversos segmentos del recital.
Mas allá de ánimos particulares, lo que debe realzarse es que gracias a una gestión más que acertada y a una elección óptima, el público local tuvo la posibilidad de acceder a un show considerado de calidad internacional al acercarlo hasta la ciudad.  Y hay una importancia fundamental en que una ciudad como Rafaela considere interesante y necesaria la llegada de artistas que no poseen pasividad y que pertenecen a ámbitos y géneros musicales de lo más diversos, porque allí radica un ejercicio profundo de la cultura que permite dotarla de la mayor cantidad de texturas posibles.
Cabe señalar además la inclusión de interesantes obras del pintor rafaelino Lisandro Aimino en el afiche de promoción, y su respectiva visión dada por el propio artista, como parte del volante informativo del espectáculo.  Queda claro entonces, que un evento artístico puede hacerse desde muchos espacios que se complementan con el espectáculo principal.
Así con sólo una hora y media de show, Tatiana Parra supo como endulzar al público y hacerlo pasar por sonidos que no se escuchan muy seguido por estos lados.  Y nada mejor que una de sus representantes más jóvenes y talentosas para hacerlo, secundada por dos músicos que plasmaron en carne viva aquello de que sobre el escenario no importa el número, sino el corazón.
Por Luis Meinberg